Opinión

Se fue Johnny, pero nos quedó por siempre el Tumbao de Pacheco

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Por: Toño Sánchez Jr.


Ese flautista es candela cuando se monta //

Suena la flauta sabrosa como no hay par //

La gente cuando lo escucha se vuelve loca //

Entonces hasta el que no sabe quiere bailar //

Saltan las notas alegres de su instrumento //

Los corazones siempre palpitan con su cantar //

Los bailadores se agitan en movimiento //

Comienza cuando la flauta empieza a sonar //

Suena la flauta Pacheco pa’ que la gente empiece a bailar //

Suena la flauta Pacheco pa’ que la gente empiece a bailar //

(Que suene la flauta – Pacheco y su Charanga Vol. III).

El mayor aporte a la música Salsa lo hizo ‘El Benefactor’, Rafael Leonidas Trujillo, el cruel e implacable dictador de República Dominicana que estuvo en el poder por casi 31 años en el siglo pasado. Este ritmo musical al parecer está en deuda con aquel sátrapa.

Porque resulta que a mediados de aquel siglo en mención, existía una afamada orquesta en Santiago de los Caballeros, provincia al norte de Santo Domingo, que mandaba la parada y su sonido le encantaba al dictador. Razón por la cual los invitó a uno de sus tantos bailes y le propuso al director, Rafael Azarías Pacheco, que le cambiara de nombre, por otro que él sugería. Eso en el fondo era una orden. Y nadie le podía llevar la contraria.

Rafael Azarías se negó, con lo cual puso en riesgo su vida y la del resto de músicos de la orquesta. Su desafiante negativa lo llevó a salir del país con su familia, entre los que se encontraba un joven de 11 años que lo acompañaba a todos sus ensayos y retretas. Era quien le cargaba el clarinete y le ayudaba a pasar las hojas de la partitura.

La ciudad que escogió para donde irse fue Nueva York, y a un condado en especial, donde se estaba gestando toda una revolución musical, que tiempo después la formatearían en un solo nombre, que ha traído toda una serie de debates: ‘Salsa’.

Este joven, que a los siete años recibió una armónica de regalo por parte de su padre, y que con ella inició su vida musical, se convertiría años después en el ‘Zorro de Plata’ de la Salsa y en su acérrimo impulsor. Nos referimos al Maestro Johnny Pacheco, quien se fue con su flauta para otro lado por siempre el pasado 15 de febrero de 2021.

Jamás se podrá hablar de Salsa sin mencionar a Johnny Pacheco y su aporte.

Desde muy joven en Nueva York bebió del manantial de talento que emanaba ‘Machito’, Tito Puente, Tito Rodríguez, Xavier Cougat y Dámaso Pérez Prado, entre otros.

Se inició como músico profesional por allá en 1957. A los 18 años entró por primera vez al salón de baile por excelencia de Nueva York, ‘El Palladium’. Allí vio disfrutar de la música latina a Marlon Brando y al mujeriego Porfirio Rubirosa. En ese lugar se tropezó con otros músicos con los que terminaría tocando. Como con Damirón, con quien hizo el éxito ‘Anabacoa’. Luego se juntó con Charlie Palmieri y todo iba bien; sin embargo terminaron separándose, porque cada uno tenía su manera de escuchar y componer.

En 1960 ya tenía su propio grupo: ‘Pacheco y su Charanga’. Con este se aventuró a ir a África y allá fueron la sensación. Siete veces más regresaría a ese continente al cual siempre se refirió con respeto, aprecio, gratitud y admiración.

Pero el formato de la Charanga se estaba desgastando y Pacheco tuvo la visión de percibirlo a tiempo. Además, que un detalle lo llevó a cambiar de formato. Se acabaron los violinistas. Todos los que venían de Cuba querían tocar música clásica. Por lo que Pacheco pasa de la Charanga al Tumbao, era 1964.

Pacheco en su niñez escuchó mucho a la Aragón de Cuba y a la Sonora Matancera. Y quería algo como esta última, ya que para él la Aragón era muy melódica y no quería tener los ritmos detrás de los metales, por lo que decidió poner la percusión por delante de los metales. Y como quería parecerse a la Sonora agregó el bongó y el tres. Allí nació Pacheco y su Tumbao por siempre. Porque así él se haya ido a la tumba su tumbao no.

Su primer trabajo fue ‘Cañonazo’. Y aquí venía algo con lo que se bautizaría el sello de la Salsa por excelencia. Ya pacheco estaba con el deseo de montar un impronta musical para competirle a ‘Alegre’ y ‘Tico Record’. Y un numerito de Rey Bolaños titulado ‘Fanía Fuché’ le dio el nombre para lo que sería el sello icónico de la Salsa: Fania. Pacheco mismo ha reconocido que nunca supo cuando Fanía pasó a ser Fania.

Para esto se unió a un abogado judío llamado Jerry Masucci. Con él se conoció en un hotel a donde estaba tocando. Masucci había ido creyendo que quien tocaba era la Aragón. Y ohh sorpresa, era Pacheco. Quedó fascinado con el sonido y allí nació esta mortal alianza salsera.

Comienza a buscar músicos para grabar y en un viejo automóvil salía a vender los acetatos y a promocionarlos en las emisoras de moda.

Ya en 1968 en el Red Garden dan un concierto, pero es en 1972 donde todo cambiaría y ni ellos se lo imaginaron.

León Gast decide documentar, con el permiso de los dueños del sello Fania, un concierto en la Discoteca Cheetah de Manhattan. De allí nace Our Latin Thing (Nuestra Cosa Latina). Nada volvió a ser igual para este ritmo musical.

Por eso Pacheco en cada entrevista decía: “Nunca pensé que iba a llegar tan lejos”. Y agregaba: “Uno nunca sabe hasta donde va a llegar”.

Y llegó bien lejos como músico, productor, director, compositor y amigo.

Tocó con todo mundo. Pero siempre soñó, y hasta se lo pidió a Dios, tocar con Celia Cruz. Y siempre expresó gratitud por haber tenido ese placer. Y le compuso a Celia un sentido numerito llamado ‘La Dicha Mía’, tema que Celia siempre interpretó a cuanta tarima se subiera.

Lo primero que yo hago al despertar //

Es dar gracias a Dios todos los días //

Rezarle a todos los santos y agradecerles la dicha mía //

La verdad es que he sido muy dichosa //

La suerte mía no se puede comparar //

Imagínense empecé con la Sonora //

En toda Cuba la más popular //

(Coros) Y con la Sonora me di a conocer…

Yo salí de Cuba rumbo a Nueva York en busca de otro ambiente //

Y al llegar tuve la dicha de grabar con Tito Puente //

(Coros) Y con Tito Puente me fue muy bien…

… Esto no se queda así lo bueno viene mi hermano //

Después conocí a Johnny Pacheco ese gran dominicano //

Y con Pacheco me fue mejor //

La verdad es que con Pacheco causamos gran sensación //

(…)

Y no fue mentira, la unión de Pacheco y Celia fue determinante en ese momento de la Salsa.

La Salsa estaba en todos lados y se escuchaba en Nueva York, en el Caribe y en el mundo entero.

Ya esto no era exclusivo de un grupo de músicos del Bronx. Esta descomunal producción de Salsa iba camino a ser patrimonio de toda una generación.

Pacheco fue uno de los tantos artífices de toda esta revolución musical. Y muchos de sus composiciones pasaron a ser de obligatoria escucha. Uno de ellos fue un numerito que grabó y que llevó en un promo a una emisora de Nueva York, en donde un amigo de él tenía un programa de salsa. Era un viernes por la noche. Le pidió que lo pusiera esa noche. Así fue. Al día siguiente, como a las 10 de la mañana comenzaron los escuchas del programa a llamar a la emisora a quejarse que el tema promocionado la noche anterior no estaba en las tiendas de discos. Llamaron a Pacheco y este tuvo que ponerse ese fin de semana a producir un 45 RPM para que estuviera listo para la semana siguiente. Ese numerito fue: ‘Acuyuyé’.

Otro éxito, de tantos, fue el que le compuso a Héctor Lavoe: ‘El Rey de la Puntualidad’.

Y con esta anécdota de cómo conoció a Héctor Lavoe termino.

Estaban tocando en un sitio ese fin de semana y todos los días cuando llegaba Pacheco y su orquesta, un joven de gafas y desgarbado se le acercaba y le pedía que lo dejara cantar. El cantante de Pacheco en ese momento era nada más y nada menos que su compadre, Pete ‘El Conde’ Rodríguez. Pero una noche no había llegado aún ‘El Conde’ y Pacheco accede a que ese joven cante una canción y le dice: “Cántame ‘La Mujer del Peso’”. Y desde ese momento ya ustedes conocen que pasó con quien sería después Héctor Lavoe.

Nosotros somos buenos compañeros

Con mucho gusto les vamo’ a presentar

A un cantante que lo hemos coronado

Como el rey de la puntualidad

A un cantante que lo hemos coronado

Como el rey de la puntualidad

Ya nos dieron la señal

Que el hombre por fin llegó

Ya nos dieron la señal

Que el hombre por fin llegó

Ahora queda con ustedes

El cantante de los cantantes

Con ustedes, Héctor Lavoe

(…).

Johnny Pacheco siempre dijo que para esto de la Salsa se necesitaba un 50 por ciento de talento y un 50 por ciento de suerte y todo parece que este dominicano tuvo un mil por ciento de las dos cosas.

Se fue Pacheco… triste partida… pero nos quedó intacto su Tumbao por siempre.

*** Esta historia se construyó con entrevistas de Pacheco dadas a diferentes medios de comunicación para prensa, televisión y radio.

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