Opinión

Por esa Institución y sus Miembros solo siento Respeto, Admiración y Gratitud

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Por: Toño Sánchez Jr.


Independiente de los uniformados que hayan traicionado el honor y hayan utilizado el uniforme para delinquir, que son la excepción, por la Policía Nacional de Colombia y por sus integrantes, desde agentes rasos hasta suboficiales y oficiales, solo siento Respeto, Admiración y Gratitud. Y pongo la primera letra en mayúsculas.

Hoy le han caído en gavilla a esta Institución por las actuaciones de muchos de sus agentes para controlar a los vándalos y pichones de la destrucción. Si bien es cierto que ha habido uso excesivo de la fuerza, esa no es razón alguna para que hoy esta entidad sea desacreditada de tal manera por las fuerzas oscuras que están detrás de estas manifestaciones. Al punto de pedir que le quiten todo tipo de atribución para controlar y mantener el orden público.

Este es un país que ha retorcido la palabra libertad, protesta, manifestación, paro. Para ellos esto es sinónimo de ausencia total del Estado en donde tienen todo el derecho de acabar con el comercio y la libre circulación de los demás ciudadanos. Creen tener licencia de bloquear las vías de suministros para todo el país. Y claman para que ninguna autoridad se atreva a atravesársele, porque de ser así estarían ante una flagrante violación de las libertades y derechos civiles consagrados en la Constitución.

Queda demostrado que de nuestra Constitución solo les interesa los derechos que les regala, pero desprecian los deberes y obligaciones que como ciudadanos tienen que respetar y cumplir.

No hay duda de que el Estado colombiano, representado en todos esos gobiernos conservadores, liberales, y demás denominaciones que se han puesto, son los VERDADEROS responsables de tanta pobreza, exclusión y miseria en Colombia; más no la Institución de la Policía Nacional y sus Agentes.

Estos hacen parte de la Fuerza Pública que tienen un mandato constitucional que cumplir y respetar. ¡Ah! Que cuando los violan tienen que responder, ¡claro que sí! Que no los condenen y se amparen en la impunidad, esos es otra cosa. Entonces estamos ante el verdadero problema de Colombia, que es la inoperancia y corrupción del Poder Judicial.

Pero venir hoy a maniatar a la Policía y a satanizarla porque unos agentes se salieron de la legalidad y abusaron de la autoridad que les confirió la Constitución, eso ya es propio de los anarquistas. Acabar con todo tipo de autoridad.

Ahora le sacan a relucir a la Policía todas las ‘ovejas negras’ que han tenido.

Ante esto yo creo que la sociedad colombiana tiene más aberrantes ovejas negras y blancas entre su seno, que la Policía Nacional. Porque si de esto se trata, de buscar quien tiene más malos, para eso que entre el diablo y escoja.

No. Aquí la situación es que a las autoridades (Y a todas las personas) se les debe respeto. Quién ha dicho que mi constitucional derecho a la protesta me da patente para maltratar y prender con fuego a un Policía. Lo mismo al contrario hay que decir. La Constitución no le da licencia a un uniformado para dispararle balas de verdad a los ciudadanos.

En Colombia ¡hoy en día! libertad es ‘hijueputear’, pegarle y escupir a un Policía. Destruir un almacén de cadena o no, porque es de los ricos. Tomarse y vandalizar un barrio, porque allí vive la oligarquía. ¡Qué tal!

La izquierda ha venido desde hace muchos años maniatando a las autoridades uniformadas de Colombia, con la anuencia cómplice de gobiernos y congresistas, porque estos saben que se han robado al país y por eso pasan de agache.

Hoy, con tantas decisiones en contra del actuar de la Policía lo más probable es que los Policías salgan a patrullar solamente en calzoncillos y sin bolillo.

Ya hay voces, desde esas huestes oscuras que manejan estas manifestaciones, comparando a la Policía Nacional con lo que se ha conocido como ‘Guardia Nacional’, y eso sí que es una infamia. Esas ‘figuras’ sí que son propias de dictaduras de izquierda… y también de derecha, pero por muy resquebrajada que esté nuestra Democracia, no estamos ante ninguno de esos dos regímenes. Con excepción de la violencia política de mitad del Siglo XX, en donde fueron los liberales y conservadores quienes obligaron a la Policía a meterse en ese enfrentamiento, la Policía ha dado muestras de una civilidad impresionante.

Cosa distinta si se puede decir del extinto DAS. Esa sí que fue una siniestra y terrorífica ‘policía secreta’ al servicio de presidentes, políticos, narcos, bandidos de todo pelambre y demás ‘clientes’.

Tampoco hay que negar que la Policía Nacional ha pasado por momentos terribles de corrupción y de credibilidad. No hay discusión que fue penetrada por el narcotráfico. Como tampoco hay duda que fueron los honestos Policías que allí quedaron los que enfrentaron al narcotráfico y las demás formas de delincuencia que azotan a este país.

Recordemos hace muchísimos años qué era la Policía. Una agencia burocrática más de los políticos. No se necesitaba ni ser bachiller para ingresar. Había un lapidario dicho: “No hay trabajo, métete a Policía”. Solo se necesitaba la llamada de un congresista al Comando de la Policía, o de un papelito, con el nombre del recomendado para que entrara. Entonces, qué profesionalismo le íbamos a exigir a estos uniformados. Los sacaban a las calles en serie, sin una rigurosa formación humanista, profesional y ética. Ni los enseñaron a resistirse a un soborno. (Ni hablar de los ‘ciudadanos de bien’ que los obligaban casi que acceder al soborno).

En las sumas y restas de esta Institución yo me quedo con sus grandes acciones en contra de todo tipo de delincuentes.

Me quedo con esos honestos y valientes Policías, muchos de ellos dieron su vida en operaciones encubiertas para desmantelar carteles del narcotráfico y del crimen organizado. Me quedo con todos eso Policías que a diario y bien de madrugada se ponen honrosamente su uniforme y salen a cumplir su deber amparados en el respeto por la Constitución y la Ley.

Me quedo con todos esos grandiosos Policías, muchos de ellos reciben medallas y felicitaciones de otros gobiernos, por su labor de investigación y golpes contra el crimen, que han hecho merecedora a la Policía Nacional de Colombia de ser considerada por sus pares como una de las mejores del mundo.

Hoy se nos olvida la alta cuota de muertos que puso esta entidad para perseguir y abatir al narcotraficante Pablo Emilio Escobar Gaviria, mientras César Gaviria Trujillo, el presidente de turno, se le arrodillaba, con el Estado entero y su ‘kínder’, al narco.

Se nos olvida cuántos agentes de inteligencia de la Policía han sido asesinados porque fiscales y jueces no se atrevieron a judicializar criminales que capturaba la Policía. Luego estos bandidos, a lo mejor con el soplo de fiscales o jueces u otro operador judicial, asesinaban, uno a uno, a los responsables de la investigación.

Ese es nuestro país. Solo nos quedamos con lo malo o desacierto de los demás, pero nos olvidamos de que esas instituciones están manejadas por humanos, así como las sociedades civiles, que están integradas por humanos… y no hay nada más perverso que algunos seres humanos. Y ya por eso no podemos decir que toda la humanidad es mala y perversa.

Y termino diciendo que no me une nada con la Policía, es más, tomo distancia prudencial de ellos, no por nada malo, solo que es mejor evitar. Reconozco que solo he tenido un gran amigo Policía, el General retirado y ya fallecido Hugo Martínez Poveda, Comandante del Bloque de Búsqueda que abatió al narcoterrorista Pablo Escobar. En uno de mis libros le hice un sentido homenaje y reconocimiento a este gran oficial de la Policía, y para mí, héroe de este país. Tuve el placer de que asistiera en 2003 al lanzamiento de mi libro en Montería. No le salía a nadie fuera de Bogotá. Fue un gran honor ese gesto de venir, que llevo en lo profundo de mi corazón. Y en vida siempre le expresé mi admiración y Gratitud.

De resto, no sobra decir que esa Policía es una familia muy grande y delicada, que es mejor respetarla e irse con cuidado con ellos y denunciar ante las autoridades competentes cualquier abuso.

Termino con una recomendación que el exfiscal General de la Nación, Alfonso Gómez Méndez, le hizo a una cliente cuando fue su apoderado: “Vea hija, yo he aprendido a no meterme con nadie cuya profesión u oficio empiece con la letra P: Peluquero, Portero, Profesor (Menos si es afiliado a Fecode), Psiquiatra, Periodista, Puta y Policía”.

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