Opinión

La VERDAD ¿para qué?

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Por: Toño Sánchez Jr.


“El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca”. Lucas 6:45.

Benito Osorio no dijo ninguna verdad, dijo lo que la JEP quería oír, para satanizar aún más a esta región y perseguir a quienes tiene en la mira.

Para mí lo que hizo Benito fue lanzar un baldado de estiércol sobre Córdoba.

Está sobre diagnosticado y dicho hasta la saciedad por excomandantes de las Autodefensas que ellos sí despojaron y se quedaron con miles de hectáreas de tierras que han sido entregadas para reparación.

También está en Justicia y Paz todo lo que pasó con la Hacienda Tulapa y cómo se quedaron con esas tierras.

Era tan sencillo, llevar esos expedientes a la JEP y llamar a los excomandantes de las AUC para que se ratificaran o aclararan lo dicho en aquellos Tribunales de la Ley 975.

Ahora viene la JEP, en épocas preelectorales, a ventilar una ‘verdad’ que ya fue contada y a mostrarla como la gran revelación.

El sesgo de la JEP es inocultable. ¿Dónde está la verdad de las Farc? ¿Y por qué cuando guerrilleros revelan alguna verdad, la JEP se da a la tarea de ‘darle manejo’ a lo que dicen?

Pero antes de continuar quiero que sepan quién fue Benito Osorio.

En Criminología hay un área de Ciencias del Comportamiento que dirigen profesionales que se dan a la tarea de meterse a la mente de las personas, para saber más de ellas y hasta para establecer si están bien sicológicamente. Si son perturbados o no, o si son mitómanos compulsivos, en fin, para saber de qué trastornos padecen o no.

Benito fue un personaje con unas insaciables ansias de poder que hacía lo que fuera por obtenerlo. Le gustaba entregársele a los poderosos para que lo tuvieran siempre en cuenta.

Vivía una vida ajena, en el sentido de que no era él mismo, sino que cambiaba su personalidad para complacer a los demás y así lo aceptaran en esos círculos de poder, ya fueran políticos, sociales o económicos.

Se ofrecía para todo.

Por eso no es de extrañar que desde el Fondo Ganadero se le entregara a los Castaño Gil a través de Sor Teresa.

Nunca ocultó su obsesión de querer ser Gobernador de Córdoba en propiedad, elegido o nombrado.

Esta misma obsesión lo llevó a la JEP para contarles lo que sea con tal de obtener la libertad.

Y aquí viene la pregunta del título de esta Columna de Opinión ¿la VERDAD para qué?

Siempre he estado convencido de que en este país quieren la verdad para acabar con los adversarios, más no, para construir una nueva Nación, llena de perdón, de compromiso de no repetición y enrumbada por el bello sendero de la reconciliación. (No hay que olvidar la reparación).

Aquí la verdad conviene si me ayuda a acabar con la derecha y a despedazar la institucionalidad. Contrario sensu, a los de la derecha les interesa la verdad si sirve para desacreditar a la izquierda.

Mientras que las verdaderas víctimas del país han escuchado la verdad para saber lo que pasó con sus familiares y poder hacer su duelo.

Tiempo después estas mismas víctimas se han puesto frente a frente con los victimarios en unas memorables sesiones de perdón, que han sido tan conmovedoras que derretirían hasta las personas que se las dan de ser más frías que un tempano de hielo. Allí se ha perdonado lo imperdonable. (Jamás se mostraron a los colombianos, porque se les acababa el ‘material’ que necesitan para sobrevivir, que es el de vender odio).

Esta misma verdad contada para la memoria histórica de Colombia se ha convertido en una perversa arma de guerra política, de descrédito y de persecución.

Sigo convencido de que la verdad, el perdón y la reconciliación son las únicas herramientas para reconstruir a esta Nación.
Hoy la verdad es usada para desquite, para generar odio, rencor, resentimiento y desprecio por el otro. Qué sociedad puede florecer soportada en estos infames pilares.

¿En qué ayudó la verdad a medias que contó Benito Osorio?

En nada.

Con sus ínfulas de oráculo lo que sí hizo fue estigmatizar más a Córdoba y a los cordobeses.

Por qué no contó quién financió al paramilitarismo y a las Autodefensas. Esa sí que hubiese sido una de las más grandes y esperadas verdades de Colombia.

Por qué no contó la verdad del narcotráfico en Córdoba.

Por qué no contó la relación de prestantes antioqueños con el paramilitarismo, porque cuando uno se muestra como el ‘Oráculo de Cereté’, perdón, de Delfos, tiene que contarlo.

No hay nada peor que las verdades a medias, es mil veces preferible mentir.

Desde el interior del país quieren a toda costa que todo lo que tenga que ver con paramilitarismo y autodefensas quede aguantado en Córdoba. Para que los verdaderos creadores y financiadores sigan gozando de impunidad y de la riqueza obtenida al amparo de ese terrible fenómeno de violencia.

Se necesita ser un mitómano profesional para asegurarle a la JEP que él nunca quiso ser Gobernador y que Álvaro Uribe Vélez lo nombró sin consultarlo.

Cuando fue él mismo quien pidió a personas cercanas a Uribe en Montería que lo recomendaran.

Al punto que Álvaro Uribe le dijo que debía lograr el respaldo de los congresistas.

El 31 de diciembre, antes de ser nombrado, Uribe llamó a Zulema Jattin, congresista en ese entonces, para pedirle que respaldara a Benito Osorio. Esta recomendó no nombrarlo por sus vínculos con el paramilitarismo.

Uribe se hizo el sordo e insistió que lo respaldara y que lo recibiera.
A los 15 minutos se presentó Benito Osorio a la casa de Jattin en Coveñas. Al parecer Osorio estaba en una esquina esperando que le confirmaran que podía ir.

Por otra parte, no me cabe duda de que Benito protegió a algunas personas en la JEP.

Para terminar, recuerdo a Benito Osorio por dos cosas. Una, cuando lo conocí por primera vez. Estaba yo entrevistando a Carlos Castaño para mi primer libro cuando se presentó sin anuncio alguno a la finca ‘Jaragüay’, mejor conocida como ‘La Siete’. Llegó a indisponer a un Mayor de la Brigada XI con Castaño. Al irse, Castaño dijo: “Vienen a indisponer a los oficiales de los que se sirven a diario, desleales”.

La segunda, cuando me llamó de la cárcel de Corozal un sábado en la mañana con el argumento de que uno de los Nule me quería dar una entrevista. Pero algo que me pidió hizo que sonaran varias campanadas en mi cabeza. Que necesitaba el número de la placa del carro en el que iba a ir. Para esos días, yo venía escribiendo en contra de Jesús Henao Sarmiento, implicado en el asesinato de Jairo Zapa.

Benito y Henao eran ‘llaves’ en esa cárcel. No me cabe duda de que me quería poner allá para que Henao hiciera lo que tenía que hacer.

Soy un convencido de que necesitamos saber la verdad, pero no ideologizarla ni ensuciarla de odio, desquite, venganza y resentimiento.

La verdad, si, pero para restaurar esta Nación.

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