Opinión

La ‘MIRADA’ del Delito en Colombia

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Por: Toño Sánchez Jr.


En este país no hay duda de que el bandidaje, la corrupción y el narcotráfico están ideologizados. Cada bando tiene su caterva o legión de bandidos (o presuntos), unos son confesos, algunos operan desde la clandestinidad y un gran combo actúa en la legalidad.

En Colombia está claro que el DELITO es de ‘Interés Nacional’. Ya que goza de un interés ideológico, político, social, cultural y económico.

Aquí hay una tendencia maquiavélica con respecto al DELITO.

Aquí hoy en día es DELITO, no aquel tipo penal que esté estipulado en un Código, sino que de acuerdo a QUIEN lo comete se establece si es delito o no. Más o menos estamos ante una novedosísima teoría ‘Lombrosiana’ del Siglo XXI (Made in Izquierda y Derecha Colombiana). Si el Sujeto Activo es de Derecha tiene una connotación, si es de Izquierda tiene otra connotación. La misma distinción se hace con el Sujeto Pasivo. Y desde cada bando defienden a sus bandidos, sean presuntos, culpables o sospechosos.

Cada uno de estos perversos extremos tiene sus medios de comunicación, ‘bafles’, cajas de resonancia, ‘bodeguitas’, políticos, procuradores, fiscales, contralores, jueces y magistrados.

Y en medio de todos estos derechosos e izquierdosos están más de 40 millones de colombianos, estos sí DE BIEN, sitiados por el odio, resentimiento y deseos de venganza de los frentes autodenominados ‘uribistas’ y ‘petristas’, con sus respectivas facciones.

Y como a aquellos dos no los pueden judicializar, entonces se la enfilan a los más pendejos, al ciudadano de a pie. Y como ese Poder Judicial, que también tiene su mafia –El Cartel Corrupto de la Toga-, se lava las manos con todo aquel personaje de provincia sobre el que tengan alguna sospecha. Allí sí que mandan al carajo la Presunción de Inocencia, Principio de Buena Fe y Debido Proceso, para, dizque, mostrar que la ‘justicia’ sí opera.

Este es el único país en donde te condenan por: “Alguien me dijo que…”. “Debió ser”. “A lo mejor”. “Me parece”. “Se dice”. “Se rumora”. “Lo dijo la emisora tal”. “Salió en el periódico tal”. “Por ser amigo de”. “Por dejarte coger”. “Por sospecha”.

Y todo lo expuesto queda claro con las transcripciones de un tal ‘Ñeque’, ‘Ñuco’ o ‘Ñeñe’ Hernández que habla de financiar y comprar votos para la campaña de Iván Duque.

Aquí, aunque parezca increíble, tengo que decir en favor de este títere presidente, de que habría que probar si él autorizó o sabía. Personalmente no veo a Duque en esto. Yo lo veo quitándole la guacharaca, la guitarra o el micrófono a cuando conjunto vallenato se tropiece con él, pero pidiéndole al ‘Ñeque’ esto, no.

Lo que sí veo aquí es un cambio en las prácticas políticas de Colombia en donde ya sin agüero te reúnes y te abrazas con gente, sobre la cual recaen sospechas de andar en vainas raras. Que esa persona no está judicializada ni condenada, eso puede ser cierto, pero es que la ‘mujer del César no solo tiene que serlo, sino aparentarlo’. Aún más cuando estás aspirando a la Presidencia de la República.

Y en sociedades como la Costeña del Caribe Colombiano, -en especial la de Valledupar-, en donde todo mundo sabe dónde están los cementerios y guacas de los poderosos, además de saber cómo se consiguieron cada peso, la llegada de un candidato presidencial a la casa de una persona, sobre la cual los ciudadanos tienen la sospecha de que es bandido, manda un terrible mensaje.

Un paréntesis. Hoy en día usted va a realizar un negocio con una persona que no conoce, ¿qué hace? Si puede, contrata a una agencia de investigadores. O le paga a un agente de la Dijín o de algún organismo de inteligencia para que le haga una ‘búsqueda selectiva de datos’. O se mete a Google y mete el nombre de la persona. Cierro ese paréntesis.

Entonces cómo es posible que Iván Duque no supiera, hace menos de dos años, de todas las sospechas que recaían sobre el asesinado (¿presunto asesinato o robo?) de Hernández.

¿Será que Iván Duque heredó todas estas ‘oscuras amistades’ de su ‘Patrón’?

Es un interrogante, más no una sindicación.

Miren una cosa, Álvaro Uribe Vélez puede ser una persona escapada de la nalga de Venus, un Ángel de la Guarda, un Santo Patrono, un Santo (pero no de la cuna Santos Castillo o Santos Calderón) pero de que anda enredado o lo han enredado con cuando bandido de todo pelambre de este país, esto no es mentira.

Que todavía no le han demostrado nada, eso es otra cosa. Que es inocente, a lo mejor, no lo sé, yo no soy un oráculo. Pero de que suena por todo, suena.

Lo cierto también es que muchos de sus más cercanos colaboradores o están condenados o están huyendo o están presos o subjudice. (El excomisionado de paz Luis Carlos Restrepo, ‘Uribito’, el exministro Palacio, Yidis Medina, Eleonora Pineda, Miguel Alfonso de la Espriella, Sabas Pretelt y sigue una larga lista).

Y Uribe Vélez, el ‘Gran Monje’ de la secta, tiene una perversa costumbre. Cuando ve que fuertes olas pueden azotarlo aplica la letal estrategia de ‘tírenselo a los lobos’. En la época de los Zares de Rusia. Los carruajes, con sus pasajeros y jinetes,  iban por esas inmensas montañas en medio de la nieve, cuando una jauría de lobos se le prendía detrás al carruaje. Entonces los pasajeros cogían al más pendejo y se lo tiraban a los lobos para que lo despedazaran y aprovechar ellos para huir de la jauría.

Hoy a quien le tiraron a esa jauría fue a una pobre mujer de Valledupar, que su único pecado es la de querer ser como la ‘Cacica’ Consuelo Araujo, una gran anfitriona de todos los cachacos en Valledupar.

Yo quiero recordarle a quienes leen esta columna, que el principio del fin de Pablo Emilio Escobar Gaviria, narcotraficante jefe del Cartel de Medellín, fue cuando empezó a vender a sus amigos y a asesinar a sus socios.

Hoy le tocó a esa señora vallenata, mañana puedes ser tú.

Y como era de esperarse, los zurdos, los del ‘pueblo unido jamás será vencido’, como tienen también en sus huestes su jauría de bandidos, salieron a inflar todo y a deslegitimar a un presidente, que no se le ha demostrado financiación ilegal y compra de votos. Todo con el fin de que este país se vuelva ingobernable, y mostrase ellos, como los ‘salvadores’ de la Nación. Quieren ganarse en el caos, donde son expertos, lo que no se ganaron en las urnas.

Para llegar al poder con sus ‘prohombres’ a gobernar. Con los jefes del cartel del narcotráfico en Colombia, como lo fueron las Farc… o lo son todavía en cabeza con sus disidencias.

En el juicio al ‘Chapo’ Guzmán, uno de los jefes del Cartel de Sinaloa, quedó demostrado que ellos le compraban la coca a las Farc. (Leer en los libros de J.J. Esquivel y Anabel Hernández – Grijalbo).

¿O es mentira que las grabaciones de Santrich no las desestimaron los izquierdosos de Colombia? Que esto era una infame persecución de la burguesía.

O quién discute el carácter narco de las Farc y sus jefes.

O quién discute el carácter en el negocio de la marihuana del M-19.

O es mentira que el máximo jefe del M-19, Jaime Bateman Cayón, murió en una avioneta con un reconocido marimbero, de esa época, de la Costa Caribe de apellido Escobar Bravo. Y que se vino un lío por 15 millones de dólares en Panamá.

Este es el problema de un país que ha politizado e ideologizado todo: Pensamiento, Justicia, Política, Cultura, Género y Economía.

Entonces, la barrera del delito desapareció para ellos y entre ellos. Por lo que el ciudadano de a pie se está corriendo a uno de los dos bandos para empezar a gozar de esa enriquecedora impunidad.

Y como tenemos un Poder Judicial corrupto en sus altas cortes (Cartel de la Toga) que han visto esta situación como milagrosa para poder pasar ellos de agache ante sus actos de corrupción, no hay nada que hacer. Este es el problema de no tener moral, que no tienen cara para enfrentar esta selectiva criminalidad, por lo que la ‘justicia’ mira para otro lado.

Lo reitero, el problema de este país es Álvaro Uribe Vélez, Gustavo Petro y la Justicia Selectiva que nos mandamos. Y hoy cada uno con agresivos seguidores. Y la gente buena de Colombia en la mitad o en estampida para uno de los dos extremos, porque quedarse en el centro se está volviendo como peligroso.

No quiero terminar sin referirme a esa tendencia provincial de algunos pueblos de la Costa Caribe a la exageración para demostrar que son importantes. Como me lo dijo de manera folclórica Raymundo Berrocal Escobar: “Esta es la tendencia de la habladuría de copa y especialmente la de los vallenatos”.

No es sino escuchar esos vallenatos en donde mandan saludes: “Al más grande abogado de Colombia…”. “Al médico… el más prestante del mundo”. “A … el hombre más rico de Urumita, al que le llueve el billete”. “A mi amigo… a quien no hay mujer que se le resista, no joda”.

Otros ciudadanos iban más allá: “Yo soy amigo de ‘Jorge 40’, él no toma una decisión sin consultármela, tú sabey…”. “El ‘Mono’ Mancuso solo me copia a mí”.

¿Y qué ha traído esto? De todo.

En fin, cuando en el mundo entero la verdad hace libres a las sociedades, en Colombia solo sirve para perversos intereses que llenan más de odio a los colombianos.

– La verdad ¿para qué?
– ¿Cuál verdad?
– ¿La de quién?

¿Llegamos a la guerra de las verdades ideológicas? Estas son más peligrosas que una dictadura, zurda, diestra o ambidextra.

Y Ernesto Samper Pizano, el presidente de Colombia de los 6 millones de dólares del Cartel de Cali, como Johnny Walker… siempre tan campante.

Para Que Conste! El Coronavirus nos tiene que hacer conscientes de que somos MORTALES. Y de que solo dependiendo del otro lo podemos contener y derrotar.

Para Que Conste! Con todo respeto recomiendo el libro ‘La batalla por la paz’ de Juan Manuel Santos. Creo que para poder opinar o criticar hay que leer a quien voy a cuestionar. El libro está lleno de revelaciones que vale la pena conocer. Y los ‘tocados’ en ese libro, nada que responden.

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