Opinión

La educación emocional, clave para mejorar nuestras sociedades

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Por: Antonio Sola – Publicado el 6 de oct. De 2021  / Revista Signum 85  


La educación, nuestra llave a un futuro mejor, ese pilar fundamental de nuestras sociedades, ese eje que todo lo abarca y al que, aun siendo conscientes de su importancia, no dedicamos los esfuerzos que merece. Su programación y planificación reside en una mediocre clase política que, en lugar de velar por ella, por nosotros, vela por sus asientos y, por eso, buscan empobrecerla, planteando enfoques erróneos.

Esta premisa, válida para cualquier país del mundo, al menos de los que he tenido oportunidad de conocer, es una de las que trabajamos en el grupo de librepensadores de Líderes del Sentido Común. Y, de aquí, nacen las preguntas que nos hacemos: ¿qué le pasa a la educación? ¿qué nos pasa a nosotros mismos que no hemos podido o no hemos sabido reclamar lo que merecemos para mejorar como individuos y como sociedad?

Partiendo de este escenario deficiente de sobra conocido, desde Líderes del Sentido Común, proponemos un cambio educativo de raíz. Este ha de transitar necesariamente por una vuelta al humanismo. Hemos de poner en valor lo que ha hecho grandes a nuestras sociedades por encima del coeficiente intelectual en el que nos centramos en la actualidad. Y, no, no se trata de despreciar los conocimientos. Sin embargo, somos conscientes de que el camino que llevamos nos guía hacia la creación de sociedades vacías, en las que destacamos por un paupérrimo coeficiente emocional.

Los conocimientos podemos aprenderlos y memorizarlos, pero también podemos encontrarlos cuando nos hagan falta. Sin embargo, lo emocional acompañará a cada individuo durante todos los días de su vida repercutiendo en todo lo que le rodea. ¿Por qué no trabajarlo desde la infancia?

Es fundamental dar herramientas a la persona para que realicen un correcto control de las emociones como el estrés, la decepción, la frustración, la ansiedad, etc., sentimientos que la mayoría experimentaremos en nuestra vida en menor o mayor medida y que afrontar con garantías nos permitirá construir personas y, por ende, sociedades, más fuertes. Eso sin obviar datos como el que hace unos días publicaba el diario El Mundo que se refería a que el suicidio es la primera causa de muerte no natural en España, con 3.671 fallecimientos al año.

Nos enfrentamos a sociedades descompensadas y es necesario restablecer un equilibro razón – corazón. Por ello, tampoco extrañan las conclusiones de un estudio reciente de Cambridge Internacional que señalaba que el 77 % de los profesores españoles quiere mejorar la educación emocional de sus alumnos. En este contexto, inciden en que la pandemia ha puesto de manifiesto las carencias de los jóvenes para gestionar las emociones, lo que se convertía en un gran obstáculo.

Es un dato positivo en el sentido de que existe esa semilla dentro del profesorado, pero, lamentablemente, siento la incertidumbre de si podrá llevarse a cabo, no por falta de actitudes y aptitudes de los docentes, sino por el poco apoyo gubernamental. Y he aquí la gran traba que, en este caso, centramos en la educación, pero que puede extrapolarse a otras áreas. Tenemos gobiernos sordos y ciegos porque no les interesa. No quieren escuchar y legislan, en el mejor de los casos, desde un gran desconocimiento. Siguen inmunizados y enfrascados en sus luchas políticas en las que todo vale y, para ello, no dudan en aplicar el conocido en tiempos de los romanos como “pan y circo”, ese modo lamentable de entender la política en la que se nutre a los ciudadanos de forma simple
para que estén calladitos. ¿Van a conseguirlo?

¿Seguimos conformes con esto? ¿Podemos hacer algo? Yo creo que sí. Podemos unirnos para trabajar todos esos retos que nos preocupan y ocupan. Hoy es la educación, el trabajar por el bienestar emocional. No podemos limitarnos a sobrevivir con las limosnas del siglo XXI. Como sociedad, nos merecemos mejorar y crecer, no estancarnos. Demos un vuelco para que los políticos piensen y actúen por los ciudadanos, y no para ellos mismos generando un grupo de ciudadanos inseguros.

Exijamos lo que nos merecemos porque nadie nos lo va a regalar y tengamos en cuenta aquello que decía el presidente de la Universidad de Harvard, Derek Bok: “si crees que la educación es cara, prueba con la ignorancia”.

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