Opinión

‘HERMANOS DE SANGRE’

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Por: Toño Sánchez Jr.


Fueron 12 largos años para terminar este proyecto que se llevó mucho de mi vida, pero hoy puedo decir con el corazón lleno de Gratitud: ¡Lo hice! Y Gracias a la Vida, al Universo, a Dios. ¡Gracias!

Fueron más de 11 años buscando a la principal fuente, al combatiente que apretó el gatillo en la cabeza de Carlos Castaño Gil aquella tarde del 16 de abril de 2004 en un paraje de Guadual llamado ‘Rancho al Hombro’.

Manuel Salvador Ospina Cifuentes, conocido con el temido alias de ‘Móvil 5’, fue esa esquiva fuente que me puso a buscarlo durante todo ese tiempo.

Cada vez que fracasaba en un intento por encontrarlo me decía que no lo volvería a buscar, pero al pasar de las semanas regresaba en su búsqueda con más intensidad y pasión.

Pude encontrarlo de la manera que nunca imaginé y cuando ya había dado todo por perdido. Aunque ustedes no lo crean lo hice a través del excongresista Bernardo Elías Vidal, a quien desde aquí le expreso mi agradecimiento y Gratitud por semejante favor. Este libro no existiría si no me hubiese sentado con Manuel Salvador Ospina Cifuentes. En la presentación que hice del libro está contado al detalle cómo fue todo esto.

Este libro demoró también por la inicial advertencia que se me hizo días después del asesinato del comandante de las Autodefensas, de no escribir nada que tuviera que ver con su muerte.

Pero esto no impidió que hiciera reportería sobre lo acontecido, ya que sabía que algún día podría escribirlo.

El 20 de julio de 1999 conocí a Carlos Castaño para una entrevista que conseguí para El Meridiano de Córdoba, no cobré un peso por esa entrevista, el logro periodístico fue suficiente pago para mí.

A las 3 de la madrugada de ese día me recogió ‘Montador’, caía un descomunal aguacero que parecía que el cielo se venía pa’ el suelo. Fueron casi seis horas de viaje. Más arriba de San José de Mulatos me esperaba Carlos Castaño con Freddy rendón Herrera, conocido como ‘El Alemán’.

Luego del saludo me dijo con su ronca voz que él tenía las preguntas que todos los medios extranjeros y nacionales le hacían y que allí debían estar las preguntas que le iba a hacer.

Yo me quedé mirándolo y le dije: “Comandante, con todo respeto, yo traje mis preguntas, si quiere, después de hacer las mías, me dice de cuál de las que allí tiene quiere que le haga”.

Ya sobre la gran mesa en donde estábamos yo tenía mis libretas amarillas, lapiceros, grabadora y cámara fotográfica.

Castaño, con gesto de fastidio, recoge sus papeles donde estaban sus preguntas y dice con molestia: “Entonces con usted es con quien me va a ir peor”.

Yo no respondí absolutamente nada.

Luego dijo como con menosprecio: “Bueno, pregunte lo que quiera”.

Y allí comenzó una de las mejores entrevistas que me haya conseguido como periodista.

No se me olvida, la última pregunta fue sobre Hugo Chávez.

Terminé y vinieron unas fotos. En ese entonces Castaño no dejaba fotografiar su cara.

Nos tomamos la respectiva foto para ilustrar la entrevista en el periódico y allí salió él, ‘El Alemán’ y yo.

Luego vino una sesión de fotos con las tropas.

Aquí pasó algo que me hizo ganar el respeto del comandante de las Autodefensas.

Hubo un momento en que había que tomar una foto a las tropas, pero Carlos Castaño aparecía en la lente de la cámara, yo acerqué el foco y tenía en mis manos la cara más buscada de Colombia y la foto más apetecida. Mi dedo índice derecho tembló sobre el obturador. Me pregunte, la tomo o no.

Bajé la cámara y le dije: “Comandante, se puede quitar, que sale nítida su cara en la foto”.

Me miró y comentó: “Le agradezco su honestidad, muchas gracias, señor periodista”. A los minutos nos despedimos.

A los 15 días comenzó a invitarme a almorzar para hablar de la situación del país y allí comenzó una relación que fue más allá de lo que se denomina fuente – periodista.

Que si esto fue bueno o malo no soy el indicado para juzgar esto, pero me gustaría debatirlo en una Academia de Periodismo y con verdaderos Periodistas.

Comencé a llevar una especie de bitácora de todo lo que veía y oía, no sabía por qué lo hacía y a nadie se lo dije nunca.

Este libro es producto de todos esos apuntes, vivencias e investigaciones que hice.

Este libro no busca mostrar buenos ni malos, solo contar una parte de la historia terrible de este país desde la provincia.

Para que esta historia nos avergüence, para que jamás se vuelva a repetir,  para que este Estado jamás nos vuelva a abandonar y nos vuelva a dejar en manos de los grupos al margen de la ley y del narcotráfico.

Yo no tengo la verdad revelada, ni pretendo tenerla, pero no voy a permitir que desde el interior de este país nos impongan una ‘verdad’ acomodada.

Cualquier error en este libro es mío y de nadie más, menos de mi Editora Pilar Bolívar y de la Editorial Intermedio Editores.

Mi Gratitud por siempre para con esta Casa Editorial que creyó en mí.

Este libro ya no está en mis manos sino en la de ustedes.

Gracias por leerlo.

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