Opinión

Hace 20 años, el 23 de julio de 2001, se firmó lo que se conoció como ‘El Pacto de Ralito’.

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Como un aporte, para no olvidar ese hecho. Presento aquí lo que escribí sobre esa famoso reunión en dónde estuve en mí condición de Periodista.

La reunión del 23 de julio de 2001

Cada quien tiene su verdad, pero descontextualizada, en lo único que hay concordancia es en que la reunión sí se dio. De todas maneras, en este país siempre han existido tres tipos de verdades: la procesal, la verdadera y dicen que la  periodística.


Por Toño Sánchez Jr.


Yo estuve allí, en Santafe de Ralito, de aquel 23 de julio de 2001. Sea esta una ocasión para volver a escribir. Siempre he creído que es mejor escribir que hablar. Sin tratar de ‘chiviarme’, ya que estoy trabajando sobre una historia de las autodefensas en la que ya me encuentro en la reportería final, porque se tiene que hablar primero con los verdaderos protagonistas, me quiero referir a lo que aconteció en aquella reunión.

Muchos colombianos ven esta reunión fuera de su contexto y de la realidad histórica que en Córdoba se vivía en aquella época.

No sólo los cordobeses sino la gran mayoría de los colombianos tenían para aquel entonces la percepción de que el presidente Andrés Pastrana estaba entregándoles el país a las Farc. Esto hizo que se viera en las autodefensas un ‘legítimo’ adversario para evitar tal desastre. Muchos comandantes de las Fuerzas Militares aseguraban, en privado, que estaba prohibido ‘arrancarle’ a las Farc. Por ello no es de extrañar que mucha información de inteligencia militar o de la armada fuera a parar a manos de comandantes paramilitares. Que la usaban para operar militarmente, algunas veces con los excesos conocidos por los colombianos. (Y ver las ironías de la vida, con Pastrana fue que se inició la reingeniería del Ejército Nacional: El Plan Colombia).

Paralela a esta situación la corrupción campeaba en todo el territorio nacional, en Córdoba ni hablar. Parecía que para el Gobierno Nacional era más importante el proceso de paz con la guerrilla que gobernar y controlar los desmanes de funcionarios públicos.

Aunque parezca increíble para 1998 algunos comandantes de las autodefensas presentían que el crecimiento acelerado de la organización les iba a traer problemas, por lo que buscaron acercamientos de paz para desmontar esta organización por medio de un diálogo de paz. Es cuando se da el Acuerdo del Nudo de Paramillo.

Acuerdo al que el país le dio poca importancia, porque desde Bogotá, dirigentes gremiales, poderosos empresarios, políticos y directores de medios de comunicación (empleados de esos poderosos empresarios) se encargaron de menospreciar.

Cuando el Acuerdo del Paramillo fue despreciado por el país, los comandantes de las autodefensas que lo apoyaron e impulsaron pasaron a ser objeto de burlas del ala militar de su organización que no respaldaba tal iniciativa. Perdieron. Y les hicieron cumplir un aforismo que dice que cuando la minoría pierde se suma a la mayoría.

Es cuando Carlos Castaño, quien para aquel entonces no estaba de acuerdo con tal iniciativa, empezó a vender un discurso que les encantaba, por supuesto que en privado, a decenas de poderosos y de medios de comunicación: “No dejaré la guerra hasta ver muerto o entregado al último guerrillero”.

Esta sentencia fue seguida de feroces acciones que ordenó contra la guerrilla, llámense combatientes, milicianos, estafetas, colaboradores o sospechosos de serlo. No podemos olvidar aquella sentencia que repetía constantemente en sus entrevistas: “O se mueren de civil o se mueren uniformados”.

Para ese entonces y con el ánimo de frenar la corrupción en áreas de influencia paramilitar, se creó por iniciativa de uno de los ideólogos de las autodefensas un frente contra la corrupción, que lo lanzaron con toda pompa en el corregimiento de Villanueva, Córdoba.

La verdad es que en Córdoba y otras regiones del país mucha gente celebró tal acontecimiento. Esta acción originó una respuesta que los líderes ‘paras’ no esperaban, decenas de personas se les ofrecieron para enseñarles Administración Pública, en especial a cómo tomarse el poder regional. Muchos de estos gratuitos maestros eran funcionarios o exfuncionarios públicos o varados que deseaban pescar en las turbulentas aguas que se avecinaban.

No se puede pasar por alto que muchos de estos nuevos asesores no lo hacían con el ánimo altruista de acabar con la corrupción sino para que los dejaran seguir con las irregularidades que venían cometiendo. Luego estos funcionarios públicos se hacían ver por el pueblo en compañía de conocidos ‘jefes urbanos’ de los paramilitares, con el fin de amedrentar a los ciudadanos que se atrevieran a cuestionarlos. Aunque parezca una aberración decirlo ahora muchos funcionarios públicos le enseñaron a los ‘paras’ a ser corruptos.

En fin, era una romería de ‘asesores’ que iban a donde los jefes ‘paras’ a insinuarles que quitaran a fulanito de tal puesto y nombraran a zutano, todo esto iba acompañado del comercial: “Él si te va a cumplir”.

De un momento a otro algunos comandantes de autodefensa, muchas veces sin buscarlo o pedirlo, se sintieron que eran los máximos gobernantes, en toda la extensión de la palabra. Se dedicaron a afianzar ese poder político en cada región para competir con los políticos tradicionales.

Para nadie es un secreto que el que no quería ‘subir’ lo ‘subían’. Se hizo para entonces famosa una terrible frase de un comandante paramilitar de tercera línea, que gritaba a todos los que subían: “El que no afine lo tiramos al piso”. Después de semejante sentencia era normal que muchos de los presentes prestaran el baño.

En el fondo tal vez no había tal intención en ese momento, pero todos los asistentes sabían donde estaban los que desobedecían.

No todos los frentes de las autodefensas actuaron de la misma manera, muchos no necesitaron de la intimidación para hacer ir a los funcionarios públicos o políticos a las reuniones que convocaron.

Lo cierto es que de un momento a otro en las autodefensas se llegó a la convicción de que si un gobernante, sea del partido que fuere, los quería tomar en serio para una negociación debían tener respaldo político.

Es aquí cuando empiezan a buscarlo de todas las maneras posibles, entonces viene una de las más terribles equivocaciones de algunos comandantes. Consistió en delegar el control y responsabilidad de ciertas regiones en subalternos netamente militares que todo lo solucionaban con el fusil o con la agresión. Mientras los jefes buscaban politizar ante el país a las autodefensas sus mandos medios abusaban de los municipios.

Este desenfreno llevó a que muchas personas empezaran a ver las acciones de las autodefensas como peores a las de la guerrilla. Los líderes de la organización por medio de sus páginas web vieron como de un momento a otro crecieron las quejas por los abusos que cometían sus hombres en distintas zonas del país. Es así, como cada bloque decidió asesorarse en el manejo político; muchos comandantes decidieron ponerse a estudiar y a buscar asesoría política con profesores especializados en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales.

Todos los tutores, que eran colombianos y extranjeros, terminaban con una máxima: “Mientras no se politicen jamás los llamaran a un proceso de paz”. Luego agregaban: “Deben dejar las masacres”.

Es en este momento que varios comandantes de las Autodefensas Unidas de Colombia, AUC, aceleran la politización de sus bloques. Ya para esta época, julio de 2001, es cuando se da la reunión de Santafe de Ralito.

No se puede olvidar que para esta época las autodefensas estaban más federalizadas, cada comandante era más autónomo en su bloque. Se comenzó con un mando colegiado, pero a final de cuentas era Carlos Castaño quien terminaba mandando, hasta que perdió el poder. Pero este tema hace parte de otro largo capítulo.

***

Vamos a circunscribirnos a Córdoba. Para esa época todos los funcionarios públicos de elección popular (Gobernadores, diputados, alcaldes y concejales) llevaban seis meses y 23 días de mandato.

Contra ellos existía un ojo avizor que no era el de la Fiscalía, Procuraduría y Contraloría sino el de las autodefensas. Casi, por no decir toda la ciudadanía, estaba de acuerdo con esta situación, que era capitalizada por los enemigos políticos de cada quien en la ciudad.

Mientras las autodefensas buscaban, a criterio de ellos, administraciones transparentes por medio de la vigilancia y control, esta presión era utilizada por los enemigos políticos del presionado para acabarlo políticamente y hasta moralmente.

Es aquí que cabe mencionar que los comandantes de autodefensas empezaron a dejarse embelesar de un ‘comité de aplausos’ y de ‘lisonjería’ que sólo buscaba su propio beneficio a costa de los políticos tradicionales que nunca los tenían en cuenta. Aquí se abre un gran interrogante: ¿Cuántas personas fueron agredidas por culpa de otras, dizque de ‘bien’, que iban a donde los comandantes paramilitares a intrigar contra indefensos ciudadanos?

Volviendo al tema, hay que recordar que en octubre de 2001 eran las elecciones para Senado y Cámara, período 2002 – 2006. Debate electoral que mostraría cómo iba a ser la contienda presidencial en mayo de 2002. Para las autodefensas era la oportunidad de apropiarse de un espacio, que a criterio de ellos, era su salvación para mostrarse ante el nuevo presidente como un real actor político armado del conflicto colombiano.

Lo cierto es que Carlos Castaño no creía mucho en el proyecto que estaba buscando politizar a las autodefensas, pero no era porque estuviera mal concebido sino porque al final le iba a quitar protagonismo a él. Es aquí donde más dejaba ver sus contradicciones.

Es por esta, y muchas más razones, que varios comandantes afirman que a Carlos Castaño le gustaba aplicar una estrategia que le dio resultado a su primer y único patrón, Pablo Escobar Gaviria, que consistía en mantener a todos divididos para que todo girara en torno a él. Con la ventaja de saber que la última palabra la iba a tener siempre.

De todas maneras, él también estaba a la espera de fortalecerse políticamente para una posible mesa de negociación.

Pero un hecho acontecido el 24 de mayo de 2001 cambiaría el panorama para muchos políticos, en especial para los del grupo Mayorías Liberales.

A las 5 de la mañana de ese día comenzaron varios allanamientos en Montería, entre las residencias que fueron allanadas estuvo la del comandante de las Autodefensas, Salvatore Mancuso. Acción que dejó como resultado un muerto; esta víctima era la encargada de acompañar a los hijos menores del líder paramilitar.

A los pocos días Mancuso señaló como responsable de los allanamientos al senador liberal y jefe del movimiento Mayorías Liberales, Juan Manuel López Cabrales.

Hay testigos de excepción que aseguran que muchas personas ‘de bien’ alentaron en Mancuso tal sospecha.

El comandante se fue para la zona de influencia del también jefe de autodefensa, ‘Jorge 40’. Mientras tanto en Montería todo el mundo sabía que a ‘Juancho’ López lo iban a matar. El senador liberal se encontraba fuera de la ciudad.

A los pocos días, en el parque central de Montería, se llevó a cabo una tibia manifestación en contra de los allanamientos. Mientras el mitin se desarrollaba, en una oficina del edificio Plaza de la Castellana de Montería se realizaba una reunión con carácter humanitario, que buscaba un acercamiento con Mancuso para saber si era cierto el comentario y a la vez para evitar que una acción como esa se diera.

Mancuso dijo que estaba dispuesto a sentarse con el senador en un pueblo del Norte de Santander. La información se la llevaron al tío del congresista, Jesús María López Gómez, en ese momento gobernador de Córdoba. La familia López no aceptó ir y se estableció una reunión para el 23 de julio de 2001, en una finca cercana a Santafe de Ralito llamada la ’06’.

Paralela a esta situación se convocó para el mismo día otra reunión con todos los políticos en donde las autodefensas tenían influencia. Tratar de decir que las autodefensas no tenían un poder intimidador en Córdoba es una mentira igual de grande a todo el territorio nacional.

La casa en donde se realizó la reunión le decían la ‘08’ o ‘La Casa del Diablo’, que estaba rodeada por más de cien paramilitares fuertemente armados.

Los asistentes se acomodaron en unas sillas rimax blancas. Vinieron unas palabras de uno de los comandantes en las que agradecía la presencia. Luego procedió a explicar que el motivo del encuentro era escuchar una charla a cargo de un conferencista argentino, quien a continuación tomó la palabra.

Su charla versó sobre la globalización. Explicó que los conflictos armados como el de Colombia estaban por fuera del contexto mundial. Que se estaba redefiniendo el concepto de soberanía ya que la globalización acabaría con las fronteras y lo que había que manejar era el concepto de corresponsabilidad.

En medio de la conferencia hizo su llegada el comandante Mancuso, al igual que el senador López Cabrales y su tío Jesús María López y el Representante Freddy Sánchez Arteaga, quien también estaba en la mira de las autodefensas por ser el aliado político del senador liberal.

El conferencista se detuvo un momento, luego dio las razones por las cuales se debía buscar una salida urgente al conflicto armado en Colombia, además de resaltar que las autodefensas debían mostrar hechos de paz para ganar la confianza de los colombianos y del gobierno.

Habló que el parlamento (sic) colombiano era el escenario ideal para buscar una salida negociada al conflicto.

Terminó la disertación el conferencista haciendo un recorrido geopolítico por todos los países en conflicto, explicando como las riquezas quedaban en manos de unos pocos, mientras que la nación explotada se quedaba con la pobreza, las víctimas y los muertos.

Después vino la intervención de otro comandante de autodefensas en donde pidió que hubiese más control sobre la corrupción. Dejó en claro que iban a ser ‘letales’ contra esas prácticas.

Aquí es donde viene una situación que genera una verdad para cada una de las personas que asistió. En mi calidad de periodista trataré de acercarme a esa verdad. Cuando la reunión termina los comandantes paramilitares no tenían claro si se debía o no suscribir el documento. Unos estaban de acuerdo, otros opinaban que si pero sin firmas. La mayoría de las personas se dispersó del lugar. Muchos presentes habían venido desde muy lejos por lo que deseaban irse de inmediato, esto generó una confusión, ya que el documento no estaba listo. Entonces se hizo una lista.

Un comandante se tomó la tarea de señalarle a unos patrulleros las personas que debían firmar. Si eso es voluntario o no se lo dejo a los sicólogos, siquiatras y criminalistas.

Lo cierto es que el senador López Cabrales estaba alejado y recostado a una reja de madera, cuando lo emplazaron para que firmara. Se negó varias veces, pero al final puso su firma.

Saliéndome de la narración quiero precisar que he revisado mis anotaciones de ese día y no puedo asegurar si el documento se leyó o no, porque no lo recuerdo, es por ello que estoy en busca de datos con todas las personas que allí estuvieron para acercarme más a la verdad.

Desde mi óptica de periodista lo que allí vi fue a un grupo de personas, cada una desde su rol, desesperada y temerosa, de lo que estaba pasando; que estaban en busca de una salida digna para sacar a un actor del conflicto colombiano. Pero parece que la lección es que nunca debes hacer cosas buenas que parezcan malas… no sé si funcione a lo contrario.

Me preguntan si por qué no publiqué ese encuentro. Respondo con otra pregunta, ¿Qué es lo único que obliga a un periodista a no publicar la chiva del año, que lo podía convertir en el periodista del año?

De todas maneras, los colombianos necesitamos de una verdad, pero de una verdad reconciliadora y restaurativa. Que de pronto no lleve a víctimas y jefes de autodefensas a abrazarse, pero sí a desmontar el odio y la venganza, para construir una Colombia más esperanzadora y preparada para la verdad de la guerrilla. Aunque creo que un juicio de responsabilidad debe abarcar a los tres famosos poderes de un Estado, incluyendo a los que se hacen llamar el cuarto poder.

La verdad que estamos viendo que es una verdad que se ha vuelto mediática y más de show. Que es utilizada de acuerdo a la conveniencia de cada quien. Si jode a Uribe Vélez es buenísima, si jode a los industriales también, si jode a los gremios ni hablar y si jode a los políticos es un orgasmo nacional. ¿Y quién está ganando con este estilo de verdad?

¿Las familias de las víctimas? ¿Los medios de comunicación? ¿Los colombianos? ¿El Polo Democrático? ¿El Partido Liberal, La ‘U’? ¿Cambio Radical? ¿Los conservadores? Pareciera que nadie, pero creo que los que están ganando es a los que les gusta el caos y la guerra, porque con un país así es más fácil enriquecerse y burlar la justicia.

Hasta ahora no estamos buscando una verdad que busque la reconciliación, el perdón y la reparación. ¡No el olvido! Eso, Jamás.

Mancuso confesó como trescientos crímenes y sólo fue para los medios una cifra, podría uno concluir que ni las familias de las víctimas importan. Entonces, ¿qué importa en este país?

Una última pregunta, que con todo respeto se las hago a los que me honren con leer este largo artículo: Pregúntense esta noche mentalmente: qué hice hoy, qué voy hacer mañana, si Dios me da vida, por la paz y reconciliación de Colombia? (Vale cambiar la palabra Colombia por mi ciudad, mi barrio, mi calle, mi vecino, mi casa y mi familia).

(Este artículo lo escribí hace 13 años). 

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