Opinión

Esto sí que es una tragedia social excluyente y humillante

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Por: Toño Sánchez Jr.


Quería escribir sobre esa ofensiva practica que orquestan desde Bogotá los medios de comunicación de querer ‘canonizar’ (Junto con el Sub-Presidente de turno) a todos los políticos y ministros que fallecen, -por la razón que sea todos nos tenemos que morir-, y casi que exigir el arrodillamiento del resto del país.

Esa es una bofetada a la realidad de Colombia, país que en los últimos 40 años se ha convertido en el más desigual de este hemisferio. En donde la pobreza extrema y falta de educación tienen sumido a millones de ciudadanos a vivir una vida indigna. ¿Y quiénes han sido los responsables de semejante exclusión y desigualdad? Toda esa clase política que ha medrado y ha vivido del Estado.

Cómo van a ‘canonizar’ a exministros de Hacienda, cuando la realidad económica de este país es la pobreza y la entrega de la Hacienda Pública a banqueros y negociantes profesionales de lo público.

Pero una terrible noticia que dio el aspirante a la Rectoría de la Universidad de Córdoba, Jairo Torres Oviedo, me obliga a aplazar aquel tema para cuando se dé otra ‘canonización’.

Para el Período Académico 2021 – 1 se inscribió la CIFRA RÉCORD de ¡¡¡12.821 jóvenes !!!

¡¡¡ Pero solo pueden admitir a 1.500!!!

Los 11.321 que no pudieron ingresar pasaran a engrosar las filas del “Ejército de Reserva para la Guerra”. Así lo describió acertadamente el aspirante Jairo Torres Oviedo en entrevista concedida al programa de opinión ‘Periodismo Actual’ el pasado jueves 28 de enero.

Increíble que una tragedia para 11.321 jóvenes cordobeses, -y también para sus familias-, pase inadvertida y no le importe a ningún estamento de esta sociedad cordobesa y monteriana. Por supuesto, que menos a los políticos.

Son 11.321 ‘carnadas’ para los grupos al margen de la ley que operan impunemente en el departamento. Además de convertirlos en carnazas (“Víctima inocente, que carga sobre sí el riesgo o el daño que incumbe a otro. Servir alguien de carnaza. Echar a alguien de carnaza”) son un valioso incentivo para las llamadas ‘Bacrim’, para desplegar un urgente plan de reclutamiento intensivo.

No es sino pagar a un corrupto funcionario por el listado de esos estudiantes en donde aparezcan todos sus datos personales para salir hacerles ‘una propuesta que no podrán rechazar’ por el fusil que tienen al frente.

Y esto no es descabellado. Hace unos días salió lo que llaman una alerta temprana, en el sentido de que el Sur de Córdoba se había intensificado el reclutamiento de jóvenes por parte de estos grupos criminales.

Pero mientras toda esta desgracia pasa para estos 11.321 muchachos, un ‘combo’ trata de tomarse a ‘sangre y fuego’ (lenguaje figurado) a la Universidad de Córdoba, para volverla a convertir en lo fue por muchos años: un nido fétido de la politiquería cordobesa.

Reitero, es increíble el silencio de la gente buena del departamento ante esta situación de estos jóvenes que no tienen otra opción de vida que la de entrar a la Universidad de Córdoba. ¿Dónde está la equidad social? ¿Dónde está la justicia social? Pero resulta que cuando se usan esos dos términos los de una orilla sectaria salen a catalogar de comunistas a quienes lo hacen.

Se hace urgente construir un ‘Gran Diálogo Departamental’, lo llamaría así, por el futuro de la Universidad de Córdoba, en donde se trate de manera urgente y prioritaria aumentar los cupos de ingreso, calidad y regionalización de la misma.

¿Es mucho pedir?

De pronto sí es mucho pedir a la clase politiquera de Córdoba. Para ellos lo que no se transforme en votos, puestos, contratos y parte del presupuesto no es ‘rentable’ ni necesario.

Pero es que existe otra sociedad, que la llaman civil, que puede entrar a terciar y buscar una solución.

Que no vaya a ser un muchacho de estos, de los 11.321, quien te secuestre o asesine dentro de unos años. Películas y series en Netflix sobran sobre casos similares, para no hablar de libros de crónicas. A veces la vida da unos trágicos giros.

Creo que ha llegado el momento de poner a hablar a la Universidad de Córdoba con la sociedad.

Me gustó algo que dijo el aspirante Jairo Torres Oviedo: “La sociedad tiene diferentes formas de lenguaje”. Y puso como ejemplo esa manera de hablar la sociedad con respecto a esos muchachos que no pudieron entrar a la universidad.

De verdad que la vida nos habla de tantas maneras, pero la arrogancia, soberbia y avaricia no permiten escucharla.

Cómo vamos a construir una Córdoba incluyente y menos desigual si permitimos que 11.321 jóvenes queden en una zona peligrosa de este silencioso conflicto que se vive en este departamento.

Uso eufemísticamente la palabra ‘silencioso’, porque en toda Córdoba se sabe qué pasa. Lo que pasa es que desde una casa en Bogotá que llaman ‘de Nariño’ exigen que no se hable de este tema, “porque le hace daño al Gobierno”.

Entonces los de acá escogen el silencio cómplice y no la solidaridad y responsabilidad política y social ante lo que está pasando.

Y lo hacen por unas migajas que le tiran de la ‘casa’ en mención. Y esa gente, por ese desperdicio que les arrojan traicionan hasta a Dios.

Jairo Torres Oviedo clamó por un ‘Pacto Social’ y dijo una dura realidad: “Aquí se han hecho pactos delictivos y criminales, por qué no se hace uno social”.

Que no se le vaya a olvidar esta cifra: 11.321.

Será el número de la infamia y de la nueva “tragedia social” de Córdoba. Ya ni joven bachiller se puede ser en este departamento, porque para ellos no hay futuro.

No vayan ahora a condenar a los que abogamos por estos 11.321 jóvenes cordobeses.

Destaco que la Alcaldía de Montería con el respaldo de la ESAP proyecten construir la Universidad del Sur, que podría atender buena parte de esos chicos que por año aspiran a un cupo en la pública de Córdoba, pero no hay cama pa’ tanta gente.

La solución está en la regionalización de la Universidad de Córdoba, pero no lo hagan como en Sahagún donde la construcción de la sede, en manos de la Gobernación, tiene años en ejecución y no han podido terminar, ni dotarla. Aquí se necesita la verdadera política de servicio, no la politiquería que persigue el poder para enriquecerse, arrodillar al pobre y extender la tragedia social que viven miles de familias que buscan espacio para que sus hijos estudien y no sean presa fácil de la delincuencia.

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