Opinión

Del ‘Cocodrilo’ a ‘La Jungla’ ( II )

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NOTA DEL AUTOR:


Esta es la segunda parte de esta historia llena de imaginación, ficción y realidad, rescatada de aquel Blogspot que tuve cuando muchas puertas se me cerraron. ¡Disfrútenla! No la personalicen. La vida también son bellos y jocosos recuerdos. Gracias por leerla.


Del ‘Cocodrilo’ a ‘La Jungla’ ( II )


Por Toño Sánchez Jr.


Por demora en la entrega del texto final fue imposible la publicación de esta columna el sábado pasado, por ello, excusas a quienes nos leen.

El sitio que despertaba las más retorcidas y lujuriosas emociones en Montería era indudablemente ‘La Jungla’. Toda una generación disfrutó de este lugar ubicado a varios kilómetros de la ciudad, en la vía a Planeta Rica.

Jorge Jayk fue quien montó el negocio, que inicialmente eran dos grandes quioscos a un lado de la carretera. Tiempo después ya vino la construcción que aún se conoce y el encerramiento del lugar. Era, inicialmente, un restaurante y estadero familiar. ‘La Jungla’ eran varios quioscos de diferentes tamaños distribuidos en dos pisos. En el centro había una pista de baile con juego de luces y en la parte de atrás construyeron una especie de zoológico y una gallera. Las riñas de gallo se acabaron porque los ‘clientes’ de los quioscos se quejaron de que esa actividad no los dejaba ‘concentrar’ en sus faenas.

Cuando ‘La Jungla’ inició en firme era para los que tenían vehículo, en esa época no existían los taxis, sino los llamados “carros de plaza”. Que eran unos viejos Jeep Willys que se estacionaban en la calle 31 con Avenida Primera, conducidos por unos choferes más chismosos que el carajo. Pero estos carros salvaron a más de un ‘Junglero’. Porque cuando una mujer iba a buscar y/o sacar de allá al novio o al marido, -y de paso meterle su jalón de pelo a la otra novia o mujer- los meseros y vigilantes, al ver que la dama llegaba en un ‘carro de plaza’, sabían que se aproximaba un escándalo para el ‘desaparecido’. Por ello, con todo decoro y decencia, detenían a la recién llegada y le preguntaban “que hacía sola en ese sitio tan oscuro”. Ella ignoraba el sarcástico comentario y daba el nombre y apellido del posible cliente que estaba buscando. El empleado le pedía que esperara en el carro, mientras él iba “a ver si estaba allí”.

Por supuesto que no estaba. La mujer rogaba que la dejaran pasar, pero no le era permitido. Con el correr del tiempo las mujeres, en uso de la solidaridad femenina, decidieron aplicar otras estrategias de incursión. La más famosa fue la de llegar llorando a buscar al hermano para avisarle que “papá había muerto”. El trabajador se condolía de inmediato, al punto de darle un rápido pésame y dejaba pasar a la señora. A los pocos segundos la apasionante tranquilidad de ‘La Jungla’ era rota en mil pedazos, al igual que botellas, vasos y copas.

Comenzaba una persecución por entre los quioscos que terminaba con la huida del pillado. Estas comunes escenas eran mal recibidas por los otros ‘Jungleros’, porque muchas veces terminaban estos pagando los platos rotos. Ya que la enfurecida mujer, al volársele la presa, se ponía a buscar con quien desquitarse y terminaba gritando: “Ah h… que tú también estas por aquí, se lo voy a decir…”.

Esta situación llevó a los principales clientes, encabezados por Pedro Ghisays, Alonso Patiño, Orlando García, Edalso Díaz, Jaime Bechara y Raymundo Berrocal a exigirle a la administración más severos controles a la entrada del lugar, que garantizaran su seguridad y tranquilidad nocturna.

El dueño de ‘La Jungla’ al ver que el negocio se le estaba “estigmatizando” decidió iniciar una agresiva campaña publicitaria para darle un toque familiar al sitio. Y fue cuando organizó para los fines de semana almuerzos típicos y trajo unos animales y aves exóticas para que los niños se divirtieran. Las mujeres hacían que sus maridos o novios las llevaran a almorzar allá, pero de un momento a otro la acompañante se ponía a mirar para los quioscos y lanzaba el piedrazo: “En cuál quiosco es que te metes con la perra”. Hasta allí llegaba el almuerzo. Con el tiempo se acabó con eso de “familiar”.

Pero lo peor ocurría con los finqueros y ganaderos que tenían tierras para esa región y les tocaba transitar por esa vía en compañía de la señora o de la novia. Cuando iban pasando por el frente del mencionado sitio, el conductor, que iba todo digno, con su vista pegada a la carretera, como si ‘La Jungla’ no existiera, se ‘sorprendía’ cuando la acompañante, luego de mirarlo fijamente, le decía: “Qué… es que no vas a mirar para tu segundo hogar… en donde te metes…”. De regreso era lo mismo: “me imagino que más luego vienes para acá con…”. Era todo un martirio el paso por este paraje. Aún más para los que habían sido ‘cogidos’. Estos últimos hasta pensaron en vender la finca.

Los ‘Jungleros’ por excelencia tenían escriturado ciertos Quioscos, el 17 era la ‘Joya de la Corona’, ubicado en una posición estratégica del segundo piso. Muchos desde este Quiosco hicieron parecer a Batman un simple saltarín, cuando les tocó lanzarse del segundo piso al primero para huir del ‘Bloque de Búsqueda Femenino’.

Toda esta persecución llevó a unos ‘Jungleros’ a contratar un detective para saber cómo era que sus mujeres siempre sabían que estaban en ‘La Jungla’. Muchos años después se supo que varios ‘afectados’ pusieron el billete. Todo con el fin de descubrir cómo era que las mujeres sabían que ellos estaban allá. Resulta que el ‘Sam Spade’ contratado hizo un descubrimiento trascendental. Revelo que todas las mujeres del peaje estaban en una ‘nómina paralela’, pagada por muchas mujeres de Montería.

Estas últimas se turnaban todas las tardes para ir a buscar lo que se conoció como “el reporte del peaje”. Hay que recordar que el peaje antes estaba ubicado en el Kilómetro 12. Raymundo Berrocal, bajo juramento, ante unos amigos que estaban devastados por el descubrimiento, dijo que una empleada del peaje, que en realidad era una de sus tantas novias, le había confirmado que ellas tenían más de 20 fotos de maridos ‘Jungleros’. Que las ‘afectadas’ habían entregado, para que las informantes no se equivocaran al momento de la identificación. Delicado

La situación estuvo a punto de llegar hasta el Ministerio de Obras Públicas que era la entidad que antes manejaba los peajes. El delicadísimo tema se discutió una tarde con Libardo López Gómez (R.I.P.), quien hacía furtivas incursiones a ‘La Jungla’. ‘El Pucho’ Berrocal, otro agresivo ‘Junglero’, llegó a afirmar que este punto también se conversó una vez con Miguel Escobar Méndez, quien fue llevado allá por unos amigos políticos.

Pero gracias a la Divina Providencia el asunto no pasó a mayores. Todo se solucionó haciéndole una contra oferta a las del peaje, quienes terminaron ganado por lado y lado. En términos de contraespionaje se volvieron agentes dobles o, como dicen hoy, fueron ‘torcidas’.

Pero pasemos a temas más espeluznantes. Raymundo Berrocal fue el cliente más expulsado de ‘La Jungla’ por “prácticas malsanas” que iban en contra de las buenas costumbres del negocio. Y, decían ‘Los Jungleros’, que se necesitaba estar muy “desesperado”, para que a una persona la echaran de allá. Los meseros, cuando veían llegar al temible Ray, decían entre ellos: “Pilas, que ahí llegó ese pervertido”. Otros ‘jungleros’ que tuvieron ‘matrícula condicional’ fueron, entre otros, Mauricio Barguil, Abdel Jalilie Vélez, José Luis Garcés, Edgardo Espitia y un combo de cereteanos encabezados por ‘Joché’ García, José Elías y Julio Manzur, a quienes ya ‘Pachín’, el del ‘Satélite’, había sancionado o echado.

A Abdel Jalilie Vélez lo expulsaron de ‘La Jungla’ un jueves y un viernes seguido. Y se presentó el sábado de nuevo, cuando el mesero lo identificó, le dijo: “No seas tan descarado, tú estás sancionado hasta nueva orden, estás peor que Berrocal”.

Había un cliente que llegaba, pedía una botella, y antes de que el mesero se fuera le decía, mientras sacaba una pistola y la ponía en la mesa: “vamos a ver si vas a regresar por acá”. El tipo se desaparecía en el acto.

Por su parte, Edgardo Espitia comandaba una poderosa tropilla integrada por Julio González Urbina, Darío Sierra, Jorge Doria y Rafel Díaz. Allí Edgardo se echó varias peleas, sus amigos dicen que todas las ganó, pero el público que las vio está dividido.

La fiebre por ‘La Jungla’ llegó al punto que desde el martes ya estaba todo reservado para un viernes y sábado. La oscuridad de ‘La Jungla’ no tenía comparación, el trago había que servirlo por el sonido del chorro. Lo más común era que cuando alguien iba al baño, hombre o mujer, de regreso se perdía y se metía en otro quiosco. Ya se pueden imaginar la sorpresa y el grito.

En fin, fueron otros tiempos de sana diversión y alegría que hicieron parte de una generación y que hoy son divertidos recuerdos que nos ayudan a realizar el mejor ejercicio de la vida: reír.

Para que conste. Próximamente vamos por los del combo de ‘El Palmar’, ‘Quo Vadis’, ‘La Cueva del León’ y ‘Bonanza’. ansanjr@hotmail.com

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