Opinión

Del ‘Cocodrilo’ a ‘La Jungla’ (I)

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Nota del Autor:


Hace muchos, muchos años, cuando tuve un Blog en donde escribí esta historia que tiene mucho de realidad, imaginación y ficción. Solo muy pocos la pudieron leer en aquellas épocas. Después ese Blog se cerró y quedaron los archivos, que por esas cosas de la vida se extraviaron. ¡Han reaparecido! Y quiero compartir esta jocosa columna con ustedes, para dejar por un fin de semana todos esos terribles temas de lo que llaman actualidad.


Del ‘Cocodrilo’ a ‘La Jungla’ ( I )


Por Toño Sánchez Jr.


No hay como recordar viejas épocas, que nos obligan a preguntarnos si aquellos tiempos fueron los mejores. Tal vez nuestros viejos digan que así es. Y toda época ha tenido la impronta de un lugar, de un sitio en especial que fue el escenario de esos alegres, jocosos, y por qué no, nostálgicos recuerdos.

Hay un aviso que ha golpeado de manera dolorosa a toda una generación. El anuncio no dice nada del otro mundo, simplemente: “Se vende o se arrienda”. La cuestión es que la tablilla está colgada a la entrada de una vieja construcción, que los veteranos y prestigiosos gozadores de la vida de esta ciudad llamaron, muy acertada y jocosamente: ‘Mi segundo hogar’. Nos referimos a ‘La Jungla’.

Este alegre sitio que trae todo tipo de recuerdos a los que fueron sus asiduos visitantes, fue el lugar de moda por mucho tiempo para la gran mayoría de monterianos, en especial, para los que tenían carro o sus padres se los prestaban.

Fue la guarida predilecta de toda una generación, que quería divertirse como lo habían hecho sus viejos, pero fueron dos épocas muy distintas. Estos últimos tuvieron también su ‘baticueva’, que fue el ‘Cocodrilo’. En sus instalaciones sesionó muchas veces la Junta Directiva del Club Montería los domingos en la tarde, cuando su presidente fue el hombre más alegre que ha tenido Montería en su historia, Don Jerónimo Berrocal Sánchez.

Empecemos entonces por el ‘Cocodrilo’, que estaba en la calle 38, casi llegando a la Circunvalar. Allá llegaban, un domingo cualquiera, los más alegres representantes de la sociedad monteriana, con el único fin de pasar una entusiasta tarde, que empezaba con una botella de Sello Negro y una sesión de verdosos chistes a cargo de Ángel María Parra. Después venía el baile, que lo amenizaba el popular grupo musical de ‘Los Caciques del Sinú’.

Este programa dominical era tan público que las esposas ya sabían en donde estaban sus maridos esas tardes. Por lo que no era extraño que cuando sucedía algún hecho de importancia en alguna de sus casas, la señora dijera: “Búsquenlo en el ‘Cocodrilo’, que allá lo encuentran”.

No se parrandeaba los sábados porque era el día de pago y ajetreo.

Pero una tarde del domingo en el ‘Cocodrilo’ sin la presencia de Jerónimo Berrocal, Ángel María Parra, Lorenzo Hodge, ‘Moncho’ Berrocal, Digno Berrocal, Antonio Kerguelén, Rudecindo Sánchez y Ramón Peña era como un velorio.

El itinerario dominical de este jaranero grupo era más o menos así: A las 8 de la mañana iban a misa, para ponerse al día con el Creador. A las 10 se encontraban en el Club Montería, allí se iban para un quiosco exclusivo para ellos y se ponían a jugar cartas y dominó. No lo hacían por dinero sino para matar el tiempo. Ya por la tarde cuando empezaba a despuntar el ‘sol de los venados’ prendían sus camperos y salían para su otra sede social, el ‘Cocodrilo’. En los fuertes inviernos no faltó el que llegó en tractor.

Ellos sabían que a las 5 de la tarde ya estaban en la puerta ‘El Indio’ Chávez y ‘Pascualito’, con la tiquetera en la mano, porque todo el que bailaba tenía que pagar la pieza con un tiquete. A la orquesta le pagaban de acuerdo a la cantidad de tiquetes que se vendieran; por esta razón los músicos le daban a las mujeres del ‘Cocodrilo’ una comisión para que sacaran a bailar el mayor número de veces a Don Jero. A quien después del primer ‘guacharacazo’ nadie lo sentaba. Aquí funcionó eso que se conoció como ‘El Barato’, pero a esta leonera nadie se atrevía a pedírselo. Eran los consentidos del ‘Cocodrilo’.

La mayoría de los músicos que integraban el grupo Los Caciques del Sinú, orquesta de planta del ‘Cocodrilo’, fueron los que tiempo después conformaron una de las más grandes agrupaciones musicales de esta región, La Sonora Cordobesa. Músico que quería rebuscarse cogía su bolso y su estuche y se presentaba al ‘Cocodrilo’ a que le dieran cupo.

Entre los músicos estaban ‘El Mono Lara’, los hermanos García, ‘El Indio Chávez, ‘Pascualito’ (era policía y cocinero), Diego Martínez, ‘El Gordo’ Fidel Herrera, ‘Caramelo’ Pacheco, los hermanos Garcés, Abdel Barón, Reynaldo Bello, Juan Hernández, Toño Sánchez González y Eduardo Herazo. Este último no era propiamente de planta, llegaba con los ‘blancos’ y estos lo obligaban a subir a la tarima a interpretar una que otra pieza.

El trago de moda era ‘El Tornillo’, pero este era para los músicos y ‘la perrera’, los patrones tomaban puro Sello Negro, traído directamente desde Puerto Escondido por Marcos Hayck, otro gran miembro de ese alegre grupo de amigos.

A la entrada del ‘Cocodrilo’ había un ´Tumba Cuchara’ que se llamaba ‘Clavo Adentro’, allí se daban cita varios de los hijos de los ‘blancos’ que disfrutaban dentro del ‘Cocodrilo’, a la espera de que los viejos se entonaran. Como a las 9 y 30 de la noche se aparecían en pista de baile y empezaban a ‘cachetearle’ el trago. Al rato los viejos se iban y los recién llegados se apoderaban de mesa, trago y mujeres. Comenzaba la segunda parte de la rumba social.

Pero el alma de todos estos encuentros era Jerónimo Berrocal Sánchez, hombre muy popular en Montería. Era rico, pero sin ínfulas de millonario. Tenía tantos amigos en su círculo social como en el pueblo. Era dueño de varias fincas, pero la más famosa era ‘Granada’, que estaba en la región de Santa Lucía, en Montería.

Todos los años para Navidad daba 4 ó 5 días de toros. Él mismo pagaba la música; y la entrada como el ron eran gratis para el pueblo. Hasta la Emisora Sinú transmitía semejante festividad.

Él, junto con sus hijos, Carlos Jerónimo, ‘Lucho’ y Domingo, organizaban todo. El epicentro de la fiesta corralejera era ‘la mayoría’ de la finca ‘Granada’. A la una de la tarde salían de allí rumbo a la corraleja. En la noche, el fandango no empezaba si don Jero no estaba. Era incansable. Cuando en la madrugada la banda estaba en su apogeo aparecía Don Jero en calzoncillo ‘manga larga’ bailando el porro ‘María Varilla’ detrás de una de las bailarinas barranquilleras, con su tradicional bailao: se agachaba un poco, ponía una mano abierta adelante y la otra en una pierna y comenzaba a moverse. No cambiaba ese paso nunca. A su esposa, Doña Rebeca Lora, le llegaban después todos los reportes, pero ella se reía de las locuras de su marido. Todos sabían que ella le acolitaba esas sinverguenzuras, porque conocía que la magia de ese hombre estaba en la alegría.

Acostumbraba a invitar a amigos que venían en delegaciones desde Cartagena, Corozal, Sincelejo y Bogotá a pasar las festividades. Se dice que dormían por turnos en la finca.

Para el 20 de enero su casa era una romería, para ese entonces se celebraba en esta ciudad las tradicionales fiestas de corraleja en honor del ‘Dulce Nombre de Jesús’. Después se perdió esa tradición y se fue para Sincelejo.

La época más brillante del Club Montería fue cuando él estuvo de presidente. Fue la persona más contenta que haya conocido la sociedad monteriana. Vivía en la calle 28 con 2ª, allí llegaban centenares de personas buscando ayuda. Fue un hombre maravilloso por lo que lo querían entrañablemente y no conoció enemigos. Muy pocos, por no decir nadie, conoció un no de él. Cuando Don Jero murió, dicen que parte de la alegría de Montería también murió.

PARA QUE CONSTE. La próxima semana la lista de los más representativos miembros de la cofradía de La Jungla.

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