Opinión

Cuando la sangre se convierte en mercancía politiquera

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Por: Toño Sánchez Jr


El asesinato de dos jóvenes en Tibú hace unos días dejó en claro que los candidatos a la presidencia de Colombia son unos carroñeros despreciables. Convirtieron este execrable crimen en mercancía politiquera. Estamos ante la banalidad del crimen para recordar a Hannah Arendt cuando nos ilustró sobre la banalidad del mal.

Yo quiero pedirle públicamente al Coce del ELN, a las disidencias de las Farc y a ‘Ottoniel’ que por 8 meses no hagan ninguna acción criminal. Sigan en su ilegalidad, pero no hagan nada criminal, todo con el fin de que los aspirantes a la Presidencia de la República de Colombia se den a la tarea de hacer propuestas serias y responsables de los verdaderos problemas que tiene este país: Desigualdad, pobreza extrema e indignante, desempleo, mala educación, violencia, narcotráfico, corrupción, desesperanza y olvido.

Cómo es posible que aquí se haya banalizado todo, hasta la violencia.

Es increíble ver a unos candidatos peleándose por quien ‘debía’ haber asesinado a esos dos jóvenes en Tibú. Ni siquiera salieron a condenar el vil crimen, sino que era más importante si los asesinos eran de izquierda o de derecha. O de que si aquí existe una tácita pena de muerte.

Hace unas semanas en Córdoba asesinaron a unos miembros de la Fuerza Pública y nadie dijo nada. Pasó lo de siempre, el tal consejo de seguridad y el anuncio de una intimidante operación militar que a final de cuenta no le mete miedo a nadie.

Ningún aspirante a la presidencia de Colombia se pronunció al respecto, todo esto para que se den cuenta los cordobeses que este Departamento no le importa a esa gente, pero los votos sí. Ya los verán dentro de unas semanas paseándose por acá en compañía de indolentes congresistas de Córdoba.

La violencia en Colombia no le importa a nadie, menos a este presidente que se ha empeñado en demostrar que es un inepto profesional.

Arriba ya mencionamos algunos de los problemas de Colombia, qué candidato ha planteado algo sobre esos temas, que son determinantes para afrontar nuestro futuro.

Aquí lo que hay son unos vendedores de odio, resentimiento y venganza, por un lado; y por el otro, unos aspirantes que no saben qué es Colombia, qué pasa en Colombia y ni saben dónde queda Tierralta ni Timbiquí, por solo mencionar estos dos.

Son unos ignorantes bien preparados en las mejores universidades, que los poderosos de Bogotá escogen para que aspiren, porque estos lo que quieren es proteger son sus inversiones con el Estado y mantener el ‘statu quo’.

También hay quienes quieren la presidencia para defender de un posible ‘canazo’ a su jefe político. Y no faltan los resentidos disfrazados de progresistas que quieren llegar a la Casa de Nariño para terminar de incendiar este país y oficializar todas las formas de lucha y de marchas.

Lo más terrible que estamos viviendo es que después de haber elegido a Iván Duque (Los que votaron por él), cualquiera puede ser presidente de Colombia.

¡Cualquiera!

Es una vergüenza que nuestros campesinos colombianos sigan arrodillados ante el grupo al margen de la ley de turno que los intimida, con la anuencia de un Estado abandonador que ha dado ‘franquicias’ para delinquir en Colombia. Y también con el silencio cómplice de todos los candidatos a la presidencia.

Porque no me cabe duda de que en este país hay una tácita tolerancia con la violencia, en el sentido de tolerarla en ciertas zonas del territorio nacional, en beneficio de que no toquen otras zonas del país donde están las inversiones de los poderosos.

Este es un Estado bien demócrata, pero para delinquir.

Aquí cada quien tiene su ‘zona de seguridad’, o como dicen los gringos, su ‘Green Zone’.

Duele que no haya verdaderos discursos políticos que ayuden a construir Nación, esperanza, reconciliación, paz. Pareciera que estuviéramos siendo empujados por oscuras fuerzas a que haya un enfrentamiento social en donde el resultado fuera la destrucción total del otro.

Yo pensaba que lo peor que tenía Colombia eran los uniformados ilegales, diga lo que diga el brazalete que usen, pero hoy estoy convencido que los más perversos son los que están uniformados de civil, zurdos o derechos, que azuzan para que este país se destruya más y aparecer ellos como mesías… pero mesías de la muerte.

Qué desesperanza ver que un país que dio grandes oradores en política hoy tenga a verdaderos vendedores de odio, resentimiento, venganza y humo.

Y lo que es más terrible, que hayan convertido en mercancía politiquera la sangre derramada por seres humanos.

Con todos estos aspirantes, hasta ahora, que entre el diablo y escoja.

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