Opinión

A una entrañable, inolvidable y grandiosa mujer

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Por: Toño Sánchez Jr.


Yo jamás me imaginé cómo iba a cambiar mi vida cuando mi madre decidió, por allá en 1975, pasar su Restaurante ‘Pollo Lindo’ de la Calle 34 con Primera y Segunda, para la Calle 27 con las mismas carreras antes mencionadas. Montería era pequeña, pero ese salto para mí era algo gigantesco y grandioso. Y lo era aún más, porque yo venía del Barrio Sucre.⁣

A los pocos días de llegar a la 27, ya todos éramos amigos de los vecinos del restaurante, entre los que estaban residentes y comerciantes. La verdad es que eran más que vecinos, eran inesperados amigos, personas que te tendían la mano para todo. Era aquella solidaria y amigable Montería… Era otra Montería.⁣

La amistad de mi madre Rosiris con Alicia Escobar Pocaterra, Naty de Salom y Lourdes Pineda, las dos primeras ya fallecidas, pero las tres maravillosas mujeres monterianas -al escribir de Alicia Escobar me retumba en los oídos su alegre manera de reírse y hablar- fueron ellas las que llevaron a mi madre a conocer a Doña Juanita Escobar y a Luis Francisco Berrocal.⁣

De allí nació una entrañable amistad que envolvió a todos los miembros de nuestras familias.⁣

Hay amistades que hay que construirlas con el pasar del tiempo, pero hay unas especiales, muy especiales, que nacen al instante de conocerse. Toda esa familia Berrocal Escobar tenía, tuvo y tiene esa magia para ganarse el corazón de todos los que los conocían.⁣

En esa esquina de la Calle 26 con Primera, había tertulia para todas las edades y gustos. Quien no reía allí no reía en ninguna parte. Hasta la alineación del Equipo Tigres de Béisbol salía de esa esquina. A muchos lanzadores los vieron salir de allí por la mañana tempranito antes de ser anunciada la novena que saldría al terreno.⁣

Y allí vivía Isabel Cristina, Isa, una deslumbrante mujer, que embrujaba a propios y extraños con su sola sonrisa, tono de voz y alegría. De su escultural cuerpo ni hablar.⁣

Podríamos decir que era ‘La Joya de la Corona’ de la Avenida Primera y hasta de Montería. Una fiesta sin ella no era fiesta. Un paseo sin ella no era paseo. Un encuentro en la Avenida Primera, frente a su casa, sin ella no era encuentro.⁣

No era cantante ni actriz, pero todos la querían escuchar y todos la querían ver.⁣

Los viernes por la tarde, como pasadas las 5, un combo de pelaos, entre los que estaba, llegábamos en unas bicicletas, que llamaban ‘Monaretas’, y nos hacíamos entre la 27 y 26 con Primera, en lo que es hoy ‘La Ronda del Sinú’.⁣

Llegaban sus amigas y amigos, que luego se cruzaban para la Vieja Avenida Primera. Al pasar por donde estábamos como 7 pelaos, miraba, sonreía y decía: “Hola, muchachos”. Todos quedábamos anestesiados con el saludo. Por lo general siempre iba con un jean blanco.⁣

Isabel Cristina era de una alegría incontenible. Fue excelente lectora y de un exquisito gusto musical. Pero entre la música popular tenía un gusto por la salsa. Un día me dijo que le gustaba mucho ‘El Gran Combo’ de Puerto Rico, fue entonces cuando comencé a saludarla con un estribillo del tema ‘A Goyito Sabater’: “A Goyito Sabater lo tienen en siquiatría, por decirle a una mujer el modo que la quería”. Era suficiente para lograr lo que pretendía: Que se riera. Al terminar de reírse me decía con cariño: “Toñito, tú estás bien loco”.⁣

Entre mi hermana mayor, Patricia, e Isabel Cristina nació una grandiosa amistad que perduró toda la vida.⁣

Fue Isabel la que le presentó a Patricia a quien sería tiempo después su esposo, Efrén Benedetti. Por lo que fue Isabel Cristina la escogida para ser la madrina de Mario, el único hijo que tuvieron.⁣

Esta familia Berrocal Escobar sabía muy bien que las amistades no eran solo para las buenas. Su grandeza estaba en que su amistad se desbordaba en las dificultades de los demás, en especial de sus más cercanos.⁣

Fue Doña Juanita Escobar, Don Luis Francisco e Isabel Cristina quienes, por ejemplo, ayudaron a salvar el matrimonio de Patricia y Efrén varias veces… como salvaron a muchos otros. Aquellos se desvivían para que los demás fueran felices, ¡qué hermoso ideal de vida!⁣

Yo también pasé por la mesa de la cocina a escuchar los sabios y largos consejos de Doña Juanita cuando mi mamá me mandaba a hablar con ella. Salía uno de allí regañado, pero reconfortado y querido.⁣

Recuerdo que Don Luis Francisco tenía un viejo Jeep Willys de 1954, que solo se atrevían a manejarlo él, un tipo de Buenavista que le decía ‘Pato Salao’ e Isabel Cristina. Le tenían por nombre a la máquina ‘El Violento’. A lo mejor porque era toda una odisea encenderlo y manejarlo.⁣

Ver a Isabel Cristina manejando ‘El Violento’ y esquivando huecos en las calles destapadas y polvorientas de Montería era para asombrarse. Claro que hubo gente que no se le atrevió a montarse al carro cuando ella estaba al frente de la ‘cabrilla’.⁣

En la casa de la 26 con Primera había una mesa de Ping Pong. Y aunque no lo crean Isabel Cristina era buenísima jugando. Retaba a todo mundo a jugar. Pero los mejores match fueron con su hermano Felipe y con un estudiante de la Universidad de Córdoba que era europeo y vivía por la 26 con 1 y 2 en unas residencias universitarias que allí existían.⁣

Llegó a trabajar en la Lotería de Córdoba. El camino de su casa a la 29 con 4ª, donde quedaba su oficina, era todo un acontecimiento. Pero estando allí mostró que era maldadosa. Como que algunos compañeros de trabajo se la tenían montada, por lo que organizó un ágape para todos ellos el día de su cumpleaños. También invitó a unos cuantos amigos a la oficina ese día para celebrar. Llevó dos tortas y dos botellas de vino.⁣

Un día antes le pidió a un amigo unas hierbas maceradas. Mandó hacer dos tortas. Una iba con aquel ingrediente pedido, la otra si él.⁣

Cuentan los amigos que llevó de afuera, que ella les recomendó de cuál torta debían comer. Lo cierto es que como a la media hora de degustada la torta, que de por sí tuvo muchos elogios, una mujer gritaba: “Ay yo siento que tengo un gorila colgado en la espalda”. Otra dijo: Yo tengo es un mico”. Otro decía en voz lenta: “Yo no siento nada… ni las manos ni la cabeza ni los pies”. Cuando empezó todo este número Isabel Cristina, riéndose, comentó: “Creo que es hora de irnos, esta gente ya está borracha”.⁣

Pasaron los años y se casó con Pedro Marchena -gran amigo-, enviudó. Se volvió a dar otra oportunidad, que acabó. Y su magia se fue apagando. Ya eran solo destellos que salían de aquella fascinante mujer.⁣

Inspiraba ternura y deseos de hacer más por ella.⁣

Ese día se parecía más que nunca a Doña Juanita. Al verla, me sorprendí, era como si estuviera al frente de aquella grandiosísima madre y mujer.⁣

Se rio a más no poder de todos los cuentos de la Avenida Primera. Recordó los helados de Saborama y a otra heladería de la 28 con Primera, Yosandy.⁣

Jamás creí, aunque todos los días lo escucho, que la vida es un suspiro. A los 15 segundos de una sonrisa ya una persona no está.⁣

Cada vez que me pasa algo, no me pregunto ‘por qué’, sino, ‘para qué’. Y la respuesta a esto viene desde hace tres años que me fui para el Valle Sagrado de Cuzco, en busca de una espiritualidad que me elevara a la máxima expresión de la Gratitud, del Amor y del Perdón.⁣

Siguieron decenas de afamados autores, pero leí a más autoras, sobre estos temas que cada vez me sorprendían y emocionaban. No entendía por qué no los había leído desde antes. Mucho después comencé con terapias de Reiki. Pero una sincronicidad de la vida me llevó a descubrir un mágico sitio en Montería: ‘Susurros del Alma’, que dirige Lina Margarita Gómez Hernández. Fue allí donde redescubrí que muchas veces estamos vivos, pero no para nosotros mismos. Y que muchas veces podemos estar muertos desde los 30 años, pero nos entierran a los 80.⁣

Yo creía que amaba más la vida antes de ir a ‘Susurros del Alma’, y no, lo que tenía era solo escarceos de amor para con ella.⁣

Con esto que pasó no me cabe duda de que la lección es amar con todas las fuerzas, con todo el corazón y con toda el alma a la vida. Que un día, y será en un instante, nos vamos a ir, sí, es verdad y es lo más seguro; pero mientras estés consciente de tenerla, ¡ámala! La vida -lo mismo que Dios y el Universo-siempre quiere ser buena contigo, no conoce el mal.⁣

La Vida es puro Amor. Pero nos cuesta tanto estar inmersos siempre en él.⁣

Entonces démonos amor a nosotros mismos, para poderle dar verdadero amor a los demás, es entonces que estaremos descubriendo la verdadera felicidad.⁣

Nos hemos dedicado a juzgar a los demás, pero es porque somos crueles con nosotros mismos. Vemos solo defectos en los otros, pero es porque estamos dentro de nosotros llenos de ellos y solo queremos que se vean los de los demás.⁣

Por eso tratamos de refugiarnos en lo material y en el tener, como para compensar y te acepten. Pero resulta que es el verdadero amor y perdón a uno mismo lo que cura todo y cambia todo en tu vida para bien.⁣
Creo que debemos amarnos a nosotros mismos con pasión y ver siempre lo bueno en los demás. Que puede ser difícil al principio, pero al menos vale la pena intentarlo.⁣

Y jamás olvidar que la vida es solo un suspiro. ¿Qué vas a hacer en tu próxima inhalación de aire? ⁣

A todas sus amigas, que la amaron por siempre, a toda su familia, a Doña Juanita, a Don Luis Francisco a Felipe, allá en Reino de Dios, en aquella otra dimensión celestial, les digo tres cosas: Estaba feliz. No sufrió. Y murió en los brazos de una persona que la quiso toda la vida desde que la conoció, que la admiró, que le dolió su suerte en estos últimos años y que me enseñó que en una simple sonrisa puede estar toda la magia de la vida.⁣

En su funeral, sus grandes amigas colocaron ‘Gracias a la Vida’ de Mercedes Sosa e ‘Isabelle’ de Charles Aznavour. Fue conmovedor.⁣

A toda su familia mis condolencias. Pero a Raymundo un eterno abrazo, te quiero aún más, mi amigo del alma.⁣

Sé que solo algunas personas entenderán lo que voy a escribir.⁣

No sé cómo llamarlo… si fue algo misterioso, o fue una transmutación celestial o cósmica. Pero cuando estaba en mis brazos sentí que un Toño Sánchez Jr. moría también, pero a la vez sentía que estaba como renaciendo o resucitando otro Toño Sánchez Jr. Jamás en mi vida había vivido una sensación como esa o había estado en un trance como ese.⁣

Hasta pronto, Isabel Cristina, porque yo también cualquier día cogeré ese celestial y obligado sendero. Me quedo con tu amistad, alegría, bondad, solidaridad, belleza… y por supuesto, con tu embrujadora sonrisa.⁣

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