Libros

Las crónicas que no me dejaban contar

Sharing is caring!


TOÑO SÁNCHEZ JR.


Las crónicasque no me dejaban contar

2004

ISBN:  958-33-2413-2

Las crónicas que no me dejaban contar© Antonio Sánchez Jr.ansanjr@latinmail.com

1a. edición: 20018a. reimpresión: Septiembre 2004

Derechos reservados. Queda prohibida toda reproducción por cualquier medio sin previa autorización del autor.

Ilustración carátula:Peña Genes

Impresión:ARFO Editores e Impresores Ltda.Cra. 15 N° 53-86Tel.: 2175794Bogotá, D. C. – Colombiacasaeditorial@etb.net.co

“Mejor es confiar en Diosque confiar en el hombre”.SALMOS 118:8

A mis hijos, a Mery, a Rosiris, a Rosario,a Patricia, a Jairo, a mi padre,a un leal amigo que no respaldaba el libro,pero que tolera mi rebeldía y sí cree en mí,y a los muchos ciudadanos honestos deMontería y de Córdoba.

Agradecimientos

Es una lástima que esta lista de agradecimientos esté llena de personas que prefieren el anonimato, unos porque no están interesados en la publicidad y, otros, para evitar ser objeto de atentados contra su vida. No creo que la intolerancia llegue a tanto.

Primero quiero darle gracias a Dios por permitirme escribir este libro. Quiero agradecerles a todas mis fuentes, porque fueron ellas las que hicieron posible que escribiera con precisión en todos los temas. Por tener la paciencia de repetirme decenas de veces lo mismo para que comprendiera. Por facilitarme contundentes documentos. Por revisar los borradores para evitar posibles errores. Aprovecho para decirles que nunca me sentí molesto porque se encontraran conmigo a escondidas o porque me prohibieran visitarlos o llamarlos a sus puestos de trabajo. Les pido excusas por los malos ratos que les hice pasar cuando tocaba en las puertas de sus casas, ya que temían que alguien me viera entrando a sus residencias y se lo contaran a sus patrones o a sus jefes políticos.

Agradezco a mi familia por la paciencia que me tuvo y por el respaldo, a pesar de no compartir del todo mi estilo de        hacer periodismo. A mis amigos, en especial, Nicolás,  Moisés, Renzo y José Luis, por escucharme todos los fines de semana los avances del libro. A mis amigos anónimos, aquellos que encontraba por la calle y me colocaban su mano sobre mi hombro y me alentaban a seguir haciendo periodismo investigativo.
A Lorenza y a Juan, dos personas a quienes en sólo unos minutos aprendí a apreciar.

A Marta por su colaboración invaluable, además, no conoce la palabra imposible, en lo que se refiere a conseguir información privilegiada.
A mi impresor y su equipo. A Nazira y ‘Still’ por su colaboración.
A un viejo que puso todo su empeño en ilustrarme y enseñarme que el buen periodismo se hace con el corazón y no con el hígado, Toño Sánchez Charry, mi padre.

Quiero dejar claro que cualquier error o imprecisión es de mi responsabilidad.

T. S. Jr.

Introducción

Muchos me sugirieron que titulara este libro como ‘La cueva de Rolando’ y que el fondo fuera el mapa de Córdoba, debido a que en él irían las historias de todos los ‘manejos’; de la pasada administración, departamental y municipal,        –1997/2000–. Pero por respeto a todos los ciudadanos honestos de Córdoba no lo hice. Sé que son más los buenos, que la minoría que busca hundir, aún más, al Departamento en el abismo del subdesarrollo y la pobreza.

Esas historias ya son un pasado triste y lamentable para los monterianos y cordobeses. Que sea la Justicia la que verifique las sindicaciones, que hoy son de conocimiento público.

Por ello cedo esos espacios a historias que han sucedido en Córdoba, como fueron: el asesinato de Amaury García Burgos; la isla que vendió Torralvo; la historia de la violencia en Córdoba, contada por Rodrigo García Caicedo; el laberinto de los licores; y, por último, la historia de tres jóvenes que desaparecieron a un capitán y a su conductor.

Que hay muchas historias sobre los grandes ‘tumbes’ al Departamento, es cierto, pero cómo escribir sobre ellas cuando la misma Justicia declara que no hay méritos. Como me sucedió cuando investigué las irregularidades en el suministro de los talonarios de chance para la Lotería de   Córdoba, cuando fue gerente el pasado alcalde de los monterianos (1997-2000), investigación que me costó el puesto en El Meridiano de Córdoba. Ha sido la primera vez en la historia del periodismo de Córdoba que rectifican una noticia jamás publicada (creo que el primer caso en la Costa Atlántica o en el País le sucedió a Juan Gossaín cuando laboraba en El Heraldo de Barranquilla, pero el asunto fue distinto).

Resulta que para ese entonces yo tenla un programa de entrevistas en un canal regional de televisión, propiedad del mismo periódico. Ese día se emitirían testimonios de personas que aseguraban que el gerente de la Lotería, de ese entonces, habría recibido dineros para su campaña por parte del contratista de los talonarios. Claro está, que iba también la versión del responsable de la Lotería de Córdoba, testimonio que se obtuvo vía telefónica. Cabe aclarar que la información en el periódico había sido prohibida en las horas de la tarde. El director del medio impreso –que también lo era del visual– exigió ver el programa y lo vetó.

Lo más grave fue que esa misma noche reunió a los periodistas de turno y pidió que se hiciera una rectificación. Aquí, el jefe de redacción de ese entonces, Pedro Nel Valencia, expresó las razones periodísticas de por qué no se debía hacer la rectificación, pero sus recomendaciones no se tuvieron en cuenta. Pero un sujeto, que en algunas horas del día se ejercía como supernumerario del periodismo, se ofreció a escribir la rectificación en primera página a tres columnas. A las 5 de la mañana del día siguiente, luego de leer el periódico, redacté mi carta de renuncia.

El diario El Universal publicó toda la información y apartes de los testimonios. El alcalde, por intermedio de un abogado, inició un proceso en mi contra por injuria y calumnia, que le correspondió al Fiscal 24 de Montería. Sólo me hicieron una pregunta. Luego anexé las pruebas testimoniales en un casete. Semanas después me llamó el Fiscal y me dijo que había archivado todo porque yo no cometí ningún delito. Le dije: “entonces todo lo que declaré es verdad; me imagino que ya ofició a la Unidad de Delitos contra la Administración Pública de la Fiscalía”. Se quedó mirándome y se echó a reír. Supe de inmediato que ya no tenía nada que hacer en esa oficina. Corría el mes de febrero de 1999.

Para mediados de junio de 1999 un grupo de agresivos jóvenes empresarios decidieron entrar en el mundo de los medios impresos con una revista llamada ‘Impulso’. Era un ambicioso proyecto que tenía todas las condiciones para mantenerse en el mercado, pero intereses mezquinos y contratos soterrados de algunos de los socios con las administraciones municipales y departamentales, hacían imposible escribir sobre corrupción. Esa palabra, para algunos de los socios, estaba proscrita. Pero a pesar de las prohibiciones se hizo un derecho de petición a la Gobernación de Córdoba y a la Alcaldía de Montería –nos referimos a las administraciones 1997-2000–, ya que eran muchos los correos electrónicos y llamadas de fuentes que nos llegaban y en donde se ofrecían a suministrar información de las increíbles irregularidades que, presuntamente, se estaban presentando en las mencionadas administraciones.

En Córdoba, el derecho de petición ha sido prostituido. Funcionario que se respete exige derecho de petición para contestar cuando se le pregunta por aparentes anomalías, pero cuando la entrevista tiene ribetes de panegírico tal derecho no se necesita. Lo cierto es que exigen el mecanismo de la petición para tener tiempo de averiguar quién es el ‘patrón’ del periodista que está haciendo la solicitud, para que aquél ‘ubique’ al comunicador y le insinúe que sea la ‘justicia’ la que se encargue de todo. Pero cuando se encuentran con el hecho de que el comunicador es o presume de independiente vienen los problemas.

Gobernador y Alcalde se comunicaron con los socios apenas recibieron los derechos de petición. De inmediato empezaron las presiones, tanto de los funcionarios a los empresarios, como de estos últimos al director de la revista y a sus colaboradores. Como director, me mantuve firme y respaldé a mis redactores; manifesté a los socios que la obligación de los funcionarios era contestar, pero que si ellos me daban la orden directa de no publicar, ya eso era otra cosa, pero que los funcionarios tenían que responder.

El Gobernador no contestó, por lo cual decidí escribir para la sexta edición un editorial titulado ‘El pavor al Derecho de Petición’. Aquí fue la de Troya. A los dos días de estar en circulación la revista todos los socios se reunieron en las dependencias de un reconocido repuestero y acordaron despedirme.
Por su parte, Gobernador y Alcalde, decidieron no responder los derechos de petición. Al primero me vi en la obligación de entutelarlo. Lo hice ante el Tribunal Administrativo que consideró que el Gobernador sí había contestado. Hay que resaltar el salvamento de voto del magistrado Pablo García Ávila. El ponente de la tutela fue el honorable magistrado Virgilio Muñoz. La providencia fue impugnada y, en menos de dos meses, el Consejo de Estado se pronunció. Revocó en todos sus apartes el fallo de primera instancia y ordenó a la Gobernación a contestar.

Yo entiendo que el magistrado Muñoz no fue diligente en la tutela porque es imposible estudiar una tutela de esa naturaleza en tan poco tiempo, ya que el honorable juriscon¬sulto todos los días, entre las 9:30 y 10:00 de la mañana y entre las 3:30 y las 4:00 de la tarde, llega al negocio de Pedro Ghisays Chadid, controvertido negociante y máximo accionista del chance Apuestas de Córdoba, a apostar fuertes sumas de dinero en el juego de los naipes.

Por otra parte, el Alcalde manifestó que no contestaba el derecho de petición porque debía “certificarle que era director de un medio de comunicación”, así rezaba en el oficio No. 001 del 2 de enero de 2000. Una carta de mi parte, mediante la cual le solicitaba todo el soporte jurídico en donde se exija que se necesita ser director de medios para que se responda un derecho de petición, lo convenció de cambiar su actitud y responder en su totalidad. Y que quede claro: esto es Montería y no Macondo.

Tal vez por lo anterior los lectores no van a encontrar esas historias en las páginas de este libro. Pero no se preocupen: aún en Córdoba todo está por escribir. Y a todos los que han celebrado mis derrotas periodísticas les informo que si me voy a seguir yendo de las redacciones por escribir periodismo investigativo, ¡Bienvenidos los despidos!

“Cóbrale diez mil pesos”

Yazmín se acercó a la secretaria y le comunicó que había hablado por teléfono con el doctor Amaury García Burgos, que venía de Cereté, que no era una consulta sino que iba a pedirle que le autorizara unos exámenes. Merlys le dijo que, por favor, esperara su turno.

La nueva paciente iba acompañada por un sujeto de piel trigueña, mediana estatura, delgado, que lucía un pequeño bigote y varias cadenas de oro en el cuello. Vestía de bermuda y camiseta tipo esqueleto. Yazmín lo llamaba ‘Pichirilo’. Éste, mientras estuvo en el consultorio, no dejó de mirar hacia la puerta del consultorio donde atendía el médico… su futuro ‘cliente’.

Minutos después pasó Yazmín al gabinete del doctor García Burgos. Para ella, fue una cita normal. El médico le pidió que subiera a la camilla; luego la palpó para comprobar que el bebé estuviera en posición correcta; ella le preguntó que si el peso era normal y él contestó que aparentemente, porque su báscula estaba en mal estado. Ella le comentó que tenía los pies hinchados y el especialista le recomendó que los mantuviera levantados. La paciente demoró en consulta alrededor de 20 minutos.

Nunca se sabrá por qué, pero el doctor Amaury García Burgos salió y, disimuladamente, le dijo a su secretaria que le cobrara diez mil pesos a la mujer. Merlys no salía de su asombro, ya que él nunca cobraba, pero esta particular actitud de su jefe fue lo que hizo que en su mente quedaran grabados muchos detalles que serían determinantes días después.

Lo que no pudo observar Merlys fue el ansia con que el avieso ‘Pichirilo’ miraba al médico, mientras se metía la mano al bolsillo y tiraba sobre el escritorio dos billetes de cinco mil pesos. Luego dieron media vuelta y salieron del consultorio; el objetivo había sido plenamente reconocido.

A mitad de la cuadra se reunieron con el resto de los sicarios que esperaban en una cafetería cercana.

El ex congresista siguió atendiendo a otras personas. Algunas fueron a su oficina como seguidoras de sus ideas, otras para consulta médica; al terminar, salió y le pidió a su secretaria que le entregara los documentos que debía llevar a Cerromatoso al día siguiente.

Cuando se disponía a partir para su casa, Merlys le entregó los diez mil pesos.

 Él le dijo: “Dios te lo pague”.

–“A la señora; a mí, no”, respondió, entre risas, la asistente.
Estas son las ironías de la vida. Amaury García Burgos se echó al bolsillo una parte del dinero que le pagaron a los sicarios para asesinarlo.
Sonrió y salió. Fue la última vez que su secretaria lo vio con vida.

“Le hicimos el paseo a un señor”

A las 5:45 de la tarde del 4 de marzo de 1993, ocho disparos –hechos en un bello paraje en donde para esa época del año el día se resiste a caer–, acabaron con la vida de dos personas y marcaron con sangre el fin que tendrían todos aquellos ciudadanos de bien que se atrevieran a buscar la verdad.

Desde ese día, sobre el departamento de Córdoba, se tendió un manto de sombra que aún hoy parece estar oscureciendo el entendimiento, el corazón y el alma de todos sus habitantes.

El 9 de mayo de 1973, en el cerro ‘El Venado’, serranía de Tolobá, entre los corregimientos de San Francisco del Rayo y El Palmar, en el municipio de Montelíbano, fue asesinado el aguerrido dirigente liberal, Germán Gómez Peláez, fundador del movimiento político ‘La Piragua’, a manos del grupo guerrillero EPL, crimen que estremeció a la sociedad cordobesa. Veintiún años después volvieron la tristeza y el dolor a los cordobeses.

El 4 de marzo de 1993 fueron ultimados, de cuatro disparos en la cabeza, el dirigente conservador y ex gobernador de Córdoba, Amaury García Burgos, a sus 66 años de edad, y su conductor, Arcesio Manuel Rodríguez Lambertine, de 28 años. A diferencia del primer magnicidio que fue perpetrado por la subversión, el segundo lo ejecutaron sicarios que llegaron desde Medellín con el fin de silenciar y ‘sacar del zapato la piedra’ en que se había convertido el ex senador García Burgos para muchos que ven en la política y en los contratos la manera fácil de enriquecerse.

El ex ministro de Salud, Amaury García Burgos había decidido entrar al laberinto insondable de los licores, la política y las regalías; también empezó a indagar acerca de un oscuro desvío de dineros para una empresa de seguridad en el Alto San Jorge. Pero nunca pudo encontrar la salida… ni la verdad. 

***

Amaury García Burgos nació en la ciudad algodonera de Córdoba, Cereté; allí hizo sus estudios primarios, pero, al igual que muchos cordobeses, se fue a estudiar el bachillerato en el colegio más prestigioso de Cartagena: La Esperanza. Después de culminar la secundaria, se trasladó a Medellín a seguir la carrera de medicina. En 1953 se especializó en Gineco-obstetricia en el Memorial Hospital Garfield, en Washington, Estados Unidos. El postgrado lo realizó junto a uno de sus grandes amigos y colega, el ex gobernador de Córdoba, José María Cabrales Espinosa.

A su regreso a Colombia, se instaló en Cereté y meses después contrajo matrimonio con Susana Burgos Pareja. Para muchos fue allí donde nació, a la vida política, Amaury García Burgos. Susana era hija de Remberto Burgos Puche, aguerrido jefe del partido conservador en Córdoba y artífice de la creación del Departamento. Su madre era una señora de Cartagena muy apreciada en la sociedad cereteana: Edelmira Pareja Pizarro.

Para finales de la década del 40, Remberto Burgos Puche se desempeñaba como senador por el Gran Bolívar y fue el gestor de la Ley 9 de 1951, que entró en vigencia un año después, por medio de la cual se creó el Departamento de Córdoba. Para ese entonces era Presidente de la República (e) Roberto Urdaneta Arbeláez.

Bajo la protección de Burgos Puche, su suegro, Amaury García ocupó una curul en el Congreso de la República; fue dos veces gobernador de Córdoba y embajador en Suiza.

Su arribo al Congreso se debió a una de esas sorpresas que nos da la vida. Su cuñado y primo, Remberto Burgos Pareja, fue Representante a la Cámara en el período 1968-1970; para esa época los representantes ejercían el cargo solo por dos años. Para la legislación de 1970-1974, Burgos Pareja aspiró al Senado pero, antes de finalizar el cuarto año, sufrió un lamentable accidente en su residencia que lo imposibilitó para seguir en sus funciones de congresista, por lo cual tuvo que remplazarlo Amaury García Burgos.

En 1974 García Burgos se lanzó al Senado y fue derrotado, pero su compañero de fórmula, Arturo Vega Sánchez, salió elegido a la Cámara de Representantes. Meses después –Vega– se ‘voltió’ para el movimiento del senador conservador Miguel Escobar Méndez. Con esta derrota arranca, en firme, la vida política de Amaury García Burgos, carrera que lo llevó a Senador de la República y más     adelante ministro de Salud en el gobierno de Belisario Betancur. 

Pero desde años atrás, nacieron en la familia diferencias políticas que aún persisten. Unos se hacen llamar los de la “casa Burgos” y otros los de la “casa García Burgos”, división que ha debilitado cada vez más al Partido Conservador en Córdoba.

El Departamento no escapó a los enfrentamientos en la época de la violencia partidista (tomando como fecha de referencia el 9 de abril de 1948 con el asesinato del líder liberal Jorge Eliécer Gaitán). Muchos afirman que para esos tiempos fueron numerosas las trifulcas entre conservadores y liberales. Pero que no llegaron a situaciones que lamentar, como sí sucedió años atrás.

En Córdoba los enfrentamientos políticos se iniciaron para mediados de los años treinta. Algunos historiadores reseñaron una pelea entre la “chusma” liberal y los “godos” como una “guerra feroz”. Resulta que los liberales llegaron a las casas de la avenida primera de Montería a incendiarlas, ya que la mayoría de sus moradores eran ‘godos’, pero éstos, desde sus balcones, los recibieron a tiros, lo que ocasionó una estampida de los agresores que escogieron como vía de escape el río Sinú. Es por eso que es común escuchar a los conservadores decir que murieron más liberales ahogados que por los tiros. Claro está que los liberales tienen otra creíble versión.

Pero esos ánimos parecieron apaciguarse cuando se empezó a ambientar la posibilidad de convertir a nuestra región en un nuevo Departamento de Colombia. El impulsor y gestor de esta idea fue Remberto Burgos Puche.

Este líder nació en el corregimiento de Berástegui, hoy en comprensión del municipio de Ciénaga de Oro. Él y su hermano, Benjamín Burgos Puche, nacieron del primer matrimonio de su padre, el general Francisco Burgos Berástegui; sus otros hermanos fueron los Burgos Perdomo, resultado de la segunda unión del general.

Pero años después, entre Remberto y su hermano Benjamín hubo diferencias políticas, consideradas irreconciliables para aquella época, ya que el primero era del ala conservadora llamada ‘Ospinismo’, vertiente que lideraba el ex presidente Mariano Ospina Pérez; el segundo, era un acérrimo seguidor del otro líder conservador, Gilberto Alzate Avendaño, pero al pasar del tiempo ‘Mincho’ Burgos, como le conocían cariñosamente a Benjamín, terminó en las toldas del general Gustavo Rojas Pinilla. Todos los seguidores del ex dictador en esta región se hacían llamar ‘Rojasespinillistas’.

Para finales de 1952, el partido conservador estaba conformado por varios feudos; era “un archipiélago de egoísmos personales”. Estaba de Presidente de la República, Laureano Gómez, elegido en 1949 para el período 1950- 1954. El partido liberal no presentó candidato para ese debate electoral.

En noviembre de 1951, Laureano Gómez se retiró por problemas de salud y asumió, como designado, Roberto Urdaneta Arbeláez, quien sancionó la Ley 9 de 1951, por medio de la cual se creó el Departamento de Córdoba.

Urdaneta también fue el encargado de abrazar al golpista Rojas Pinilla y darle la bienvenida, al igual que Mariano Ospina Pérez que asistió al palacio presidencial para ser testigo y garante del único golpe de Estado en la historia donde no se forzó una puerta, no se lanzó un tiro y, ni siquiera, se alzó la voz.

Comenta el historiador Abelardo Forero Benavides, en su texto ‘Grandes fechas’ que era tal la preparación que tenía el doctor Ospina Pérez para la ocasión, que al ser solicitada su opinión por el dictador Rojas en el sentido de conformar un gabinete con la colaboración de todos los partidos, el ex presidente conservador “extrajo de su bolsillo una libretita de notas, la abrió con atento cuidado y consultó la lista que, con toda cautela y minuciosidad, había elaborado en su casa tranquilamente, previniendo el desarrollo de los acontecimientos y para evitar el ser tomado por sorpresa. Había hecho un cálculo aproximado de las fuerzas políticas victoriosas y tenía el legítimo deseo de incorporar el mayor número de amigos suyos al Ga¬binete”.

A partir de allí las fuerzas del partido conservador en Córdoba también se reorientaron y se dividieron. Pero, como en todas las “peleas” de los políticos colombianos, las diferencias ideológicas y políticas se zanjan de un tajo cuando se vislumbra que se puede perder o que va a llegar el poder. En la finca ‘La Ermita’ se hicieron las paces entre Remberto Burgos Puche, Gilbero Alzate Avendaño y ‘Mincho’ Burgos.

De allí vino un período en donde cada cual se alineó en determinado sector político: los Burgos y los García Burgos se ubicaron en el ala Ospino-pastranista; otra facción de los Burgos se ubicó en la línea ‘Rojasespinillista’; otro sector de cordobeses, liderados por Miguel Escobar Méndez, se declaró ‘Laureanista’; y otros tantos se ubicaron del lado de quien ostentaba el poder.

Amaury García Burgos se mantuvo a la sombra de su jefe político y suegro, Remberto Burgos Puche. Después de su derrota en las elecciones de 1974, García Burgos aspiró a la Cámara de Representantes y Francisco de la Ossa fue su ‘llave’ para Senado. Este último no salió, pero García sí llegó a la Cámara.

Para 1982, luego de una reunión en el desaparecido bar Cebú, del hotel Sinú, García Burgos decidió aspirar nuevamente a la misma corporación y por intermedio de Julio Manzur le ofreció a Francisco Mercado Villadiego, mejor conocido como ‘El Perro’ Mercado’, el primer renglón a Senado. Ambos salieron elegidos. Allí se consolidó la jefatura de García en el grupo ‘Burguista’.

En 1986 decidió aspirar al Senado por segunda vez, pero en esta ocasión salió elegido, y sacó dos representantes a la Cámara: Nicolás Sánchez Arteaga y Remberto Burgos Pareja. En esta época el partido conservador en Córdoba llegó a tener dos senadores –Miguel Escobar Méndez y Amaury García– y tres representantes a la Cámara –Ricardo Pretelt Torres, Nicolás Sánchez Arteaga y Remberto Burgos Pareja–. Pero en 1990 sucedió un hecho que dividió, aún más políticamente, a la familia Burgos-García.

Cuatro años después, García Burgos, trató de repetir los mismos resultados de 1986. Amaury aspiró al Senado de la República y llevó dos listas para Cámara, lideradas por su primo y cuñado Remberto Burgos Pareja y Julio Manzur Abdala. Había ya problemas familiares debido a que Amaury dejara “ahogar” a su pariente. Él se reunió con la familia en Bogotá y aclaró todo el panorama político.

Para los días siguientes, en Montería estaba programada una Convención de los conservadores. García Burgos         consideró indispensable que Burgos Pareja se hiciera presente en dicho encuentro y así se lo hizo saber a su primo, por intermedio de un gran amigo, Toño Zuluaga Cuello. Pero dos cercanos amigos y copartidarios de Burgos Pareja                    –Joselito Aruachán y Balmiro Sobrino– le aconsejaron no presentarse.

La convención, por intermedio de Pablo García Ávila, proclamó las listas a Senado y Cámara. Los convencionistas ovacionaron a García Burgos y a Julio Manzur. Esta situación obligó a Burgos Pareja a lanzarse como disidente, pero los votos no le alcanzaron y se ahogó. Muchos creyeron que a quien había que ayudar era a Manzur porque la elección de Burgos Pareja se daba como un hecho. Amaury fue elegido senador y Manzur representante. Por las toldas del ‘laureanismo’ salieron elegidos a Senado, Miguel Escobar Méndez y a Cámara, Ricardo Pretelt Torres.

Los conservadores perdieron una curul en el Congreso. De aquí nació un aforismo que ha hecho carrera en el Departamento y es que “Julio Manzur se acomoda mejor que un Burgos”.

Seis días de festejo para un asesinato

El martes 2 de marzo de 1993, la secretaria del doctor Amaury García Burgos, Merlys Ortega Pérez, salió por la mañana hasta la oficina de Guillermo Ennis, ubicada en el tercer piso del antiguo edificio de la Cámara de Comercio, a buscar el fax que le confirmaba al doctor García que dentro de dos días tenía que asistir a la reunión de la Junta Directiva de Cerromatoso, en las instalaciones de la mina, ubicada a 139 kilómetros de Montería, en el municipio de Montelíbano.

Desde junio de 1992 el ex congresista había sido desig¬nado como miembro suplente del Gobierno Nacional,               cuyo representante principal era el director del Instituto de Fomento Industrial, IFI, Gustavo Canal Mora. No era obli¬gación para García Burgos asistir, pero, por cortesía de Cerromatoso, siempre se le invitaba a las juntas que se celebraban.

A la misma hora en que Merlys Ortega reclamaba el fax, los encargados de asesinar al ex ministro García estaban ‘desenguayabando’ la resaca que les dejó la farra que tuvo lugar la noche anterior en el burdel ‘El paraíso de Eva’, sitio donde protagonizaron largas orgías desde su llegada, el 27 de febrero, a Planeta Rica.

Planeta Rica es un bello municipio de Córdoba, ubicado a 51 kilómetros de Montería. Por su gran influencia paisa se le conoce folclóricamente como el “barrio más lejos que tiene Medellín”. Sus tierras son la envidia de todo agricultor o ganadero del país. Miles de cabezas de ganado se mueven mensualmente hacia los mataderos del interior del territorio nacional, principalmente al de los ‘paisas’. Su ubicación frente a la ‘Troncal de Occidente’, la hace un paradero obligado de los transportadores y de todos los viajeros que toman esa ruta. También es ideal para esperar a cualquier carro que venga del interior del país… o de Cerromatoso, que está a 80 kilómetros.

Mientras que el ex senador se enteraba de su Junta, ya desde hacía varios días se había puesto en marcha el criminal plan para asesinarlo; hecho que aconteció la tarde del jueves 4 de marzo de 1993, en la finca ‘La Candelaria’, vereda ‘El Charco’, en comprensión del municipio de San Carlos, situada en el kilómetro 34 de la vía que de Montería conduce a Planeta Rica.

La empresa criminal que se gestó para acabar con la vida del acrisolado dirigente nacional se inició con la llegada a Planeta Rica de una joven mujer proveniente de Medellín.

Llega Yazmín…

Desde noviembre de 1992, Yazmín Agudelo Herrera –de 21 años, trigueña, de estatura mediana y con una reciente cicatriz en la cara– no iba a Planeta Rica a visitar a su mamá, Esperanza Herrera, más conocida como la ‘Nana’, propietaria de un restaurante y cafetería ubicado a pocos metros de la Troncal, diagonal a ‘Colanta’ y frente a la bomba de la Esso. Allí vendía comidas y licores.

El negocio de la ‘Nana’ fue el que ayudó a pagar los estudios de computación de Yazmín en Medellín. Todas las semanas le mandaba 10 ó 12 mil pesos. Pero, con el tiempo, la hija se hizo más independiente e imprevisible. En junio de 1992 conoció a un amigo, que más tarde pasaría a ser su amante y padre de su futuro hijo; éste le dijo que se llamaba Gonzalo Antonio Alarcón Zapata, peligroso sujeto que sus amigos apodaban ‘Pichirilo’.

Yazmín llegó en los últimos días de enero de 1993 a Planeta, con el pretexto de traer a su hermanita que se había ido para Medellín a pasar vacaciones.
***

Sábado 27 de febrero de 1993…

En la mañana de ese sábado, ‘Pichirilo’ llegó a la casa de la ‘Nana’, en un automóvil Renault-18 de color blanco, placas KB8715. El vehículo tenía un detalle que hacía imposible que pasara inadvertido ante los desprevenidos testigos que, días después, fueron llamados a declarar: el carro no tenía vidrio trasero, tan solo un viejo y polvoriento plástico. Preguntó por su amante, la que al momento salió a recibirlo y después de saludarlo lo acomodó en su casa.

El mismo día, bien entrada la mañana, arribaron, también a la casa de la ‘Nana’, tres sujetos que no se identificaron, pero que, con el pasar de los días, revelaron sus apodos: uno era ‘More’; otro, ‘Conejo’ o ‘Carlos’; y un tercero, era un joven moreno al que llamaban ‘Tyson’. Siempre vestían de tenis, pantalonetas de vivos colores y franelas tipo esqueleto.

La llegada y el encuentro los motivaron para iniciar una orgía de sexo y licor que terminó en la madrugada del día siguiente en el cabaret ‘El Paraíso de Eva’. Pero a las 5:56 de la tarde, ya enervados por el licor, hicieron la primera llamada a la familia García Burgos; marcaron al 85 07 17. Era como si quisieran probar su sangre fría llamando a la casa de su futura víctima, para tener el morboso placer de saber que aún estaba viva, para así estar seguros de que iban a realizar la ‘vuelta’.

‘More’, ‘Conejo’ y ‘Tyson’ se alojaron en la residencia Central, ubicada en la calle principal de Planeta Rica. 

No fue dejada al azar la escogencia de Planeta Rica como centro de operaciones, a sabiendas de que su víctima residía y se movía con más regularidad a 51 kilómetros de allí, en Montería. Los sicarios tenían la “certeza” de que por allí cruzaría el dirigente conservador dentro de pocos días.

Domingo 28 de febrero de 1993…

El domingo 28, mientras almorzaban y planeaban cuál sería el programa para no aburrirse el resto del día, Yazmín tomó el teléfono del negocio de su mamá y marcó, a las 12:09, nuevamente el teléfono 85 07 17, residencia del doctor Amaury García Burgos. Esta vez la mujer de acento paisa habló por más de dos minutos con un miembro de la familia del ex senador. Querían tener total control sobre los movimientos de su ‘cliente’.

‘Pichirilo’, ya más tranquilo porque su próxima víctima estaba en la ciudad, invitó a ‘Conejo’, ‘More’ y a ‘Tyson’ a beber y a pasar la tarde en el estadero ‘Chambacú’, un restaurante y bañadero situado a pocos kilómetros del municipio de La Apartada, en la margen izquierda de la vía que lleva a Caucasia, muy cerca de Montelíbano y Cerromatoso. Pero antes de partir pasaron por Hilda, Jair Cecilia, Luz Elena y Sandra, las estrellas del burdel mencionado. Todos no cabían en el R-18 por lo cual ‘More’ y ‘Tyson’ se fueron en una moto de propiedad de este último, una Yamaha RX 115, color gris, con rines de aluminio, placas GRX 47. 

Para desdicha de estos últimos, la moto se varó antes de llegar al estadero y tuvieron que regresarse a Planeta Rica. Allí buscaron un mecánico para que la reparara, con la condición de que las entregara el mismo día y no se midiera en costos. Mientras tanto se fueron a esperar a su sitio favorito: el ‘Paraíso de Eva’. Hacia las 10:00 de la noche, el técnico Isaac Martínez Rodríguez, terminó la reparación, por la que cobró 60 mil pesos. Se le había exigido que la moto quedara ‘volando’. Ellos sabían que, de pronto, había que ‘pegársele’ a un carro en la Troncal de Occidente para ‘echar al piso’ a un ‘cliente’.

En el ‘putiadero’, ‘Tyson’ fue reconocido por un viejo amigo, Francisco Luis Agudelo Gómez, más conocido como ‘Papá Noel’, quien se desempeñaba como el administrador de la finca ‘Los Almendros’, situada en el corregimiento Plaza Bonita, en jurisdicción de Planeta Rica. Agudelo le recordó que se conocieron en Valdivia –Antioquia– años atrás. Entonces empezaron a compartir recuerdos del pueblo y botellas de aguardiente.

Después de varios tragos ‘More’ y ‘Tyson’ fueron invitados a seguir bebiendo en la propiedad administrada por ‘Papá Noel’. También los acompañó Braulio López, otro administrador de una hacienda vecina, y, por supuesto, dos chicas del cabaret.

Al llegar a ‘Los Almendros’, se acomodaron en la piscina y siguieron ingiriendo licor. Las amigas se pusieron el vestido de baño y empezaron a nadar. Al rato decidieron ponerle más ambiente a la francachela y a alguien se le ocurrió practicar tiro al blanco. Se hicieron varios disparos. Los moradores cercanos, que ya eran conocedores de los deslices de su vecino, llamaron al dueño de la finca. Como a las 11 de la noche llegó a su propiedad Gabriel Restrepo Betancur y se encontró con el campo de tiro. De inmediato, recriminó a su empleado y se llevó los revólveres con los que estaban ejercitándose. Los dos sicarios, por su parte, se despidieron y se fueron rápidamente con sus amigas nuevamente para el burdel.

Al llegar al cabaret, se encontraron con ‘Pichirilo’ y ‘Conejo’ que habían regresado del estadero Chambacú. Luego de compartir las experiencias vividas siguieron la parranda hasta las 9 de la mañana del día siguiente, lunes 1 de marzo.

Lunes 1 de marzo de 1993…

Después de más de diez horas de orgías, era el momento de un buen desayuno donde la ‘Nana’… y de hacer otra llamada telefónica. A las 09:44 marcaron, por primera vez, al consultorio del doctor Amaury García Burgos, 82 34 91. La llamada fue para confirmar si era el número y para indagar por la hora de llegada del ex congresista. Después se fueron a descansar y, por la tarde, a bañarse a ‘El Pital’.

Susana, la esposa del ex ministro García Burgos, había sido la persona que días antes le suministró a Yazmín, sin prevención alguna, la dirección y el teléfono del consultorio de su marido. 

Martes 2 de marzo de 1993…

Este día perfeccionaron el plan para ir, el miércoles, al consultorio del médico García Burgos. Yazmín fue la persona que se prestó para facilitar este paso. Qué mejor oportunidad para ‘Pichirilo’ que aprovechar los siete meses de embarazo de su amante para visitar y reconocer al ‘blanco’. La gestación de Yazmín fue una coincidencia, increíble por cierto, pero que sirvió de medio para acercarse al ex senador.

También era hora de llevar a mantenimiento el carro R-18 en que se transportaban. Lo llevaron al taller ‘Dodge–Ford’, ubicado al lado de su sitio preferido: el burdel. Allí le repararon el radiador, le cambiaron una correa, le pusieron un soporte nuevo al motor y solicitaron que todo quedara “al cien”. Ya se acercaba la fecha y las máquinas debían funcionar a todo vapor… como para una persecución… o una huida.

Miércoles 3 de marzo de 1993…

El amanecer del miércoles fue largo; era el día de ir a la consulta médica. En horas de la mañana, Yazmín llamó al administrador de la finca ‘Veracruz’, José Evangelista Torres Berrocal, y le pidió permiso para ir con unos amigos a una represa que hay en esos predios. Allí –Torres Evangelista– reconoció a Gonzalo como la persona que hace un año le presentó Yazmín como novio. También recordó un detalle: que a ‘Pichirilo’ lo enloquecían los gallos finos de pelea, debilidad que lo llevaría muy lejos.

Regresaron a la casa de la ‘Nana’, y ya ésta les tenía listo un buen sancocho de gallina y costilla para que almorzaran y se recuperaran. Comieron y se acostaron a dormir, pero antes de las tres de la tarde ya se estaban alistando para viajar, junto con Yazmín, a Montería. Se dirigirían exactamente a la carrera 6 No. 27-36, consultorio y despacho del médico y político Amaury García Burgos. Era una ‘consulta de reconocimiento’.

El local en donde atendía el médico García Burgos servía para hacer consultas de caridad y para sellar pactos y alianzas políticas. Allí se dieron debates que añorarían poder dar concejales y diputados en sus corporaciones. También servía de cuartel general en días de elecciones.

Ese día, como la mayoría de las veces, el consultorio estaba lleno de personas que querían ser atendidas de caridad y otras que iban por una recomendación para un puesto. La encargada de manejar el consultorio, Merlys Ortega Pérez, ya sabía, desde hacía tres años, cómo debía ‘amansar’ a los ‘lagartos’. Como a las 4 de la tarde llegó una pareja que le causó curiosidad: era una joven embarazada que tenía una cicatriz en el maxilar inferior, lado derecho, y que iba acompañada por un tipo que lucía un pequeño bigote y que vestía de pantaloneta, camiseta de esqueleto y tenis; además, tenía muchas cadenas de oro en el cuello.

Yazmín se arrimó donde la secretaria, le informó que habló por teléfono con el doctor García y que éste la estaba esperando para autorizarle unos análisis; además, le dijo que venía de Cereté. Merlys le pidió que esperara su turno.

El hombre que acompañaba a Yazmín no dejaba de observar la entrada al despacho en donde atendía el ‘objetivo’. El mirón era ‘Pichirilo’.
Minutos después, pasó Yazmín al gabinete del doctor García. Para Yazmín fue una cita normal; el médico le pidió que subiera a la camilla; luego, la palpó para comprobar que el bebé estuviera en posición correcta; ella le preguntó que si el peso era normal y él contestó que aparentemente sí, porque la báscula del consultorio estaba en mal estado. Luego ella le comentó que tenía los pies hinchados y el especialista le recomendó que los mantuviera levantados. La paciente demoró en consulta alrededor de 20 minutos.

Era de conocimiento público que el ex senador García era un buen conversador e interlocutor. Es seguro que le haya preguntado a su paciente por su vida, filiación política y por el líder del barrio en Cereté donde, según ella, vivía. Yazmín le había mencionado de qué municipio venía. Esta región era considerada por el médico como uno de sus principales fortines políticos. A lo mejor, las respuestas de la paciente lo desilusionaron.

Nunca se sabrá el porqué, pero el doctor García Burgos salió y, disimuladamente, le dijo a su secretaria que le cobrara diez mil pesos a la mujer. Merlys no salía de su asombro, ya que él nunca le cobraba a los que atendía. Pero esta sorpresiva actitud de su jefe fue la que contribuyó para identificar, días después, ante una fila de sospechosos, a Yazmín como la persona que llegó al consultorio de su jefe.

Lo que no pudo observar Merlys fue el ansia con que el avieso ‘Pichirilo’ miraba al líder político, mientras se metía la mano al bolsillo y tiraba sobre el escritorio dos billetes nuevos de cinco mil pesos. Luego dieron media vuelta y salieron del consultorio; el objetivo había sido plenamente identificado.

A mitad de la cuadra se reunieron con el resto de los sicarios, que esperaban en una cercana cafetería.

El ex congresista siguió atendiendo a otras personas; al terminar salió y le pidió a su secretaria que le entregara algunos documentos que debía llevar al día siguiente a Cerromatoso. Merlys le informó de que la secretaria de la gerencia general de la mina, Amparo Triana Domínguez, había llamado para confirmar su presencia en la reunión y que si iba a utilizar los servicios de transporte de la empresa niquelera. Pero el miembro suplente de la Junta dijo que no, que él iría con su conductor.

Cuando se disponía a partir para su casa Merlys le entregó los diez mil pesos.

Él le dijo: “Dios te lo pague”.

–“A la señora; a mí, no”, respondió, entre risas, la secretaria.
Estas son las ironías de la vida. Amaury García Burgos se echó al bolsillo una parte del dinero que habían pagado para asesinarlo.

Sonrió y salió. Fue la última vez que su secretaria lo vio con vida.

***

Cuando todos los sicarios estaban en el carro, ‘Pichirilo’ sacó un recorte de prensa y le dijo sonriendo a Yazmín que “el doctor García es tan buen médico que hasta en los periódicos sale con frecuencia”.

Pero no es lo mismo observar en un recorte de prensa a una persona que se va a ‘pelar’, que personalmente; así de claro lo tenía ‘Pichirilo’.

Los criminales dieron una vuelta por Montería, comieron y bebieron en un restaurante de la ciudad; bien entrada la noche, partieron para Planeta Rica. Luego de dejar a Yazmín en su casa, se fueron nuevamente de farra; había mucho que planear y festejar. A ‘Pichirilo’ ya su contacto le había informado de que estuvieran listos “para cualquier cosa”. Por otra parte, el maleante también quería celebrar la osadía de haber ido hasta el consultorio de García Burgos a reconocerlo sin despertar ninguna sospecha… al menos, eso creía él.

Esas fueron una larga noche y una agitada madrugada para los sicarios. 

Jueves 4 de marzo de 1993…

Después de tomar en varios sitios, como a las 2:30 de la madrugada del 4 de marzo, los cuatro sicarios: ‘Pichirilo’, ‘Conejo’, ‘Tyson’ y ‘More’ llegaron, embriagados, al cabaret ‘El Paraíso de Eva’. El burdel ya estaba cerrado pero ellos exigían que se les atendiera. ‘Tirar’ era lo único que les faltaba para terminar lo que ellos consideraban una verdadera noche de farra.

Parecía que el estrés que les producía su ‘trabajo’ sólo lo podían calmar con noches enteras de juerga en un prostíbulo.

El administrador iba a pagar cara su negativa de abrirles. Con la ayuda de los otros compañeros uno de los sicarios se subió por la pared y entró a la fuerza al local; abrió la puerta e hizo pasar a sus cómplices. Allí agredieron al responsable del negocio y a Genis, una de las trabajadoras. Uno de los asesinos propuso incendiar el cabaret, pero otro recomendó que no.

Había una misión más importante que cumplir ese día. Tal vez después, si había tiempo, le cobrarían al administrador la osadía de negarles la entrada.

Los ebrios asaltantes decidieron partir para la casa de Yazmín; eran poco más de las tres de la madrugada del 4 de marzo. Por su parte Genis y su jefe se fueron a buscar a la policía, pero, desafortunadamente, los agentes que encontraron estaban, también, subidos de tragos.

A las 3:30 de la madrugada llegaron hasta la casa de ‘La Nana’ dos policías, acompañados del administrador del negocio y de dos prostitutas; allí señalaron a los responsables de las agresiones y de los daños de que fueron víctimas minutos antes en el cabaret.

Los dos agentes intentaron arrestar a los responsables por los hechos antes mencionados, pero los sicarios no se dejaron detener y exigieron que los policías se hicieran, junto con ellos, la prueba de alcoholemia. Ante esta eventual posibilidad, los uniformados desistieron del arresto y se marcharon.

Por su parte, los sicarios decidieron retirarse a descansar. Dentro de pocas horas “había que tumbar un cabeza político de Córdoba” (sic); así lo afirmó ‘Pichirilo’ delante de unos conocidos en una misteriosa visita que hiciera a Montelíbano días antes del asesinato del ex ministro de Salud, desplazamiento del que se tendría conocimiento mucho tiempo después.
Dicen que los hombres adultos, en su gran mayoría, madrugan. El ex gobernador de Córdoba, Amaury García Burgos, no era la excepción. Ese día, a las 6:30 de la mañana, ya estaba listo para partir a Cerromatoso. Al rato salió con su conductor, Arcesio Manuel Martínez Lambertine. Se despidió de su esposa Susana y se dirigió a cumplirle a la Junta Directiva de Cerromatoso, a los organizadores de la conspiración y a los sicarios que acabaron con su vida, crimen que privó a los cordobeses y a la Nación de uno de sus más destacados líderes.

“García Burgos era un hombre de vida reposada y sencilla que se desplazaba solitario, sólo con la compañía de su fiel conductor y sin más protección que su don de gentes”, señaló uno de los investigadores.

La Junta en Cerromatoso…

El yacimiento de níquel de Cerromatoso S.A. está ubicado en un cerro de 260 metros de altura, a 22 kilómetros de la ciudad de Montelíbano, municipio del departamento de Córdoba. Nació como concesión a un inversionista extranjero; luego pasó a operación conjunta entre el inversionista extranjero y el Estado colombiano. En la actualidad, es una sociedad anónima de la cual son también accionistas sus empleados.

La mina de Cerromatoso tiene uno de los más ricos depósitos latéricos de níquel en el mundo; tiene una capacidad de operación de, por lo menos, 30 años. Posee una producción de aproximadamente 30 mil toneladas de ferroníquel al año y se incrementó a 35 mil desde el año 2000. Cerromatoso vende el ferroníquel a productores de acero inoxidable y aceros especiales en Asia, Europa, Estados Unidos y Sur África.

El único productor de níquel en Colombia es Cerromatoso. El potencial de níquel en nuestro país está en una zona de 8 mil hectáreas de las cuales el 91.5 % está sin explotar.

Colombia ocupa la décima posición en producción de níquel en el ámbito mundial con casi 32 mil toneladas en 1998. Los países con más altos niveles de producción son Rusia, Canadá, Australia y Nueva Caledonia. En la región se destacan Cuba y República Dominicana.

***

En junio de 1992 la junta directiva de la Asamblea de Cerromatoso eligió al doctor Amaury García Burgos como miembro suplente; éste no tenía la obligación de asistir a las reuniones de la Junta Directiva, pero los miembros principales tenían la deferencia de invitarlo. Fue así como participó de las anteriores convocatorias realizadas en Bogotá y Cartagena.

Aunque normalmente la Junta se reúne en Bogotá se acordó que la reunión del 4 de marzo de 1993 fuera en la mina, para que los directivos visitaran las instalaciones de Cerromatoso. Por lo general, se programan 4 reuniones ordinarias al año; el 8 de enero se confirmó la del 4 de marzo.

***

Cinco de los miembros de la Junta Directiva llegaron en un vuelo chárter desde la ciudad de Bogotá, en horas de la mañana. 

Pasadas las 07:45 de la mañana, y mientras esperaba en el aeropuerto la llegada de los ejecutivos, el jefe de seguridad de Cerromatoso, coronel retirado del Ejército, José Olmedo Armero Torres, llamó por teléfono a la secretaría de la            Gerencia General, Amparo del Carmen Triana Domínguez, y le insinuó, que se comunicara con la residencia del doctor García Burgos para confirmar su asistencia.

A las 07:50, Triana Domínguez, realizó la llamada a la casa del ex congresista. Al preguntar por él, una voz femenina le informó que ya había salido. La secretaria preguntó si se había ido a Cerromatoso; su interlocutora consultó con otra persona y le confirmó que sí. Enseguida –Amparo– llamó al coronel Armero y le comunicó lo que le informaron: que el doctor García “ya había salido para allá”.

En el libro que registra la entrada a Cerromatoso aparece que la comisión especial –miembros de la Junta– llegó a las 9:00 de la mañana. La delegación era integrada por:  Gustavo Canal Mora, presidente del IFI; Tulio Ángel, vicepresidente del IFI, Amaury García Burgos, suplente de         Canal Mora; Douglas Eleonor, presidente de la Shell; Camilo Merindoni, Gerente de Hocol; Henarik Machiel Leendert Van Breen, gerente general de Cerromatoso y Juan Caro Nieto, ejecutivo de la empresa y quien, a su vez, oficiaba de secretario general de la Junta.

Dos semanas antes de reunirse la mencionada junta di¬rectiva, Amaury García se entrevistó con el gobernador de Córdoba de ese entonces, Jorge Manzur Jattín, y el gerente general de la empresa niquelera, Henarik Machiel Leendert Van Breen. En el encuentro se trató el tema de las regalías. El ex ministro se mostraba muy interesado por el monto y a quién se le entregaba. Aprovechó la oportunidad para pedirle al directivo que le enviara por fax el dato que ellos tenían de todo lo entregado a Córdoba por concepto de regalías. Van Breen dijo que, a esa fecha, habían entregado más de 50 millones de dólares. Al escuchar esa cifra, Manzur dijo que el departamento no recibía las regalías, ya que los beneficios no se veían.

Van Breen no demoró en dar respuesta y el 16 de febrero de 1993 por medio del oficio Nº 23460 le respondió a García Burgos. Allí le informó de que las regalías de níquel liquidadas por el ministerio de Minas y Energía a la Corporación Autónoma de los Valles del Sinú y del San Jorge, CVS, desde el 5 de agosto de 1983 hasta el 5 de noviembre de 1992 ascendió a la increíble suma de 19 mil 849 millones 362 mil 999 pesos ($19’849.362.999oo.), cantidad de dinero que muchas personas consideran suficiente para ‘silenciar’ cualquier voz fiscalizadora que sobrepase los decibeles de lo secreto.

Nadie duda que las regalías de Cerromatoso son como los encantos de una joven reina de belleza: irresistibles para aquellos que no saben apreciarlos y disfrutarlos sin tocarlos.

El 30 de marzo de 1989 el Congreso de la República expidió la Ley 36 de 1989 por medio de la cual se modificó y adicionó el artículo 13 de la Ley 13 de 1973 y estableció la nueva distribución de las regalías, ya que hasta esa fecha la CVS recibía el 100 por ciento. La modificación estableció:
CVS: 60%Montelíbano: 20%Ayapel: 5%Puerto Libertador: 4%Planeta Rica: 4%Pueblo Nuevo: 4%Buenavista: 3%

La nueva norma –Ley 36 de 1989– también precisó que los municipios administraran autónomamente los recursos, pero el 85 por ciento de los mismos debía ser destinado a inversión.

La Ley 36 de 1989 fue sancionada por el entonces Presidente de la República, Virgilio Barco Vargas; por el ministro de Minas, Óscar Mejía Vallejo; por el presidente del Senado, Ancízar López López; y por el presidente de la Cámara de Representantes, Francisco José Jattin Safar.

El procedimiento de entrega de las regalías, por parte de la empresa a la CVS se hizo –para aquella época– por medio de consignaciones trimestrales a una cuenta de la CVS en el Banco Cafetero.

La Constitución de 1991 estipula que las regalías sólo pueden ser recibidas por los departamentos y que éstos las entregan a los municipios y demás entes que diga la Ley. Hasta aquella fecha, los porcentajes eran los asignados por la Ley 36 de 1989. En una ocasión pudieron ser modificados pero todo estaba sujeto a la construcción de otro horno, tema que generó una ácida controversia en el ámbito nacional entre el columnista del diario El Tiempo, Plinio Apuleyo Mendoza y el senador ‘eléctrico y minero’, Salomón Náder Náder.

El viernes 26 de febrero de 1993, siete días antes del asesinato del ex senador García, el columnista de El Tiempo, Plinio Apuleyo Mendoza, escribió, en la página 5A, su ha¬bitual columna de los viernes que tituló “Compadrazgos    peligrosos”. El escrito inició con un sumario que decía: “Los caciques de Córdoba quieren caerle a Cerromatoso. ¿Por qué los apoya el ministro Nule Amín?”.

En su escrito, Plinio afirma que Salomón Náder “quiere caerle a Cerromatoso” y, asegura que Náder “maneja” el De¬partamento de Córdoba “como una finca suya”. Agrega,  además, que “el senador tiene un sólido apetito clientelista”.

Todo se derivó de la voluntad de Cerromatoso de construir un nuevo horno que incrementaría la producción en un 50 por ciento; la obra, que tenía un valor de 135 millones de dólares, ya estaba financiada. El ministro de Minas y Energía de ese entonces, Juan Camilo Restrepo, dejó lista la autorización, “pero inexplicablemente, el nuevo ministro Guido Nule Amín ha venido embolatándola”, señaló Apuleyo Mendoza. 

El senador Náder proponía para Córdoba, si se construía el segundo horno, un 8 por ciento de las acciones de Cerro¬matoso y un aumento considerable de las regalías (15 por ciento para el segundo horno). “En otras palabras, quiere cambiar unilateralmente las reglas del juego. Su Biblia es el libro Historia de un zarpazo, escrito por su colega, Amílkar Acosta, cuando era activista del MOIR”, anotó Plinio en su columna.

El segundo horno no se construyó y fue tema de comen¬tarios extraoficiales de los miembros de la Junta de Ce¬rromatoso.

La respuesta de Salomón no se dejó esperar. Pidió que el columnista se presentara a contestar, en la Comisión V del Senado, un cuestionario que le envió. Plinio Apuleyo contestó con otro escrito el 26 de marzo de 1993 que tituló “El emplazamiento”. La columna inicia diciendo que “si el senador Náder trata a la inversión extranjera como trata a la prensa, todo se explica”.

“Por convicción, y no por otra cosa, me ocupé de Cerro¬matoso. Creo que el senador Náder y su compadre (lo son de verdad), el ministro de Minas, Guido Nule Amín, con cierta desmesura en su afán de obtener cuantiosas regalías, han perjudicado gravemente al país y al departamento de Córdoba. Tratando de sacarle más huevos a la gallina de los huevos de oro, la estrangularon”, afirma, en esta nueva columna, Plinio Apuleyo.

Y concluyó su escrito planteando: “Además, queda otra pregunta: ¿Qué se han hecho los 48 millones de dólares que ha recibido Córdoba por concepto de regalías? Alguien se interesó en este tema. Decidió investigarlo: el doctor Amaury García Burgos. Fue asesinado, y su familia y sus amigos no dudan que fue como consecuencia de esa investigación emprendida por él. Es de esperarse que el Fiscal, el Con¬tralor y el Procurador adelanten las correspondientes investigaciones”.

“Pilas que llamaron”

Pero ese día en la Junta no se discutió el tema de las regalías; fue una reunión de trámite normal. A las 09:30 iniciaron la sesión. El orden del día contemplaba la aprobación del balance y de los estados financieros, la elección del representante legal y suplente; por último, se tratarían asuntos rutinarios y novedades presentadas desde la última reunión celebrada dos meses atrás.

A las 10:30 hicieron un receso de 15 minutos para después continuar con el Orden del Día. Pasada la una de la tarde terminó la Junta; luego de realizar un recorrido por las instalaciones de la mina, se dirigieron a almorzar al comedor de la empresa. De allí salieron hacia el aeropuerto: eran la 2:11 de la tarde, así quedó registrado en el libro de control de la portería principal de la mina. El doctor García Burgos abordó la camioneta que llevaba a los otros miembros de la Junta hasta la pista aérea; su conductor lo seguía a corta distancia. Allí, en una construcción que hace las veces de una sala de espera, se despidió de sus colegas y salió a realizar su último recorrido. Eran las 2:15 ó 2:30 de la tarde.

Minutos después, mientras García Burgos se dirigía al centro de Montelíbano a saludar a sus amigos y seguidores, una persona desde el mencionado municipio… o desde la mina… marcó al teléfono 767828 de Planeta Rica y transmitió en cortas frases… un pequeño pero macabro aviso de muerte.

***

Todos los encargados del “consorcio criminal” se encontraban en estado de máxima alerta. Al igual que los otros días, estaban acantonados en el restaurante de la mamá de Yazmín. Almorzaron casi a la una; se habían levantado tarde debido a la farra que terminó en una trifulca en la madrugada de ese 4 de marzo. A las 2:30, cuando ‘El More’ se cepillaba los dientes, llegó ‘Tyson’, muy exaltado y le dijo: “Pilas que llamaron”. Una llamada realizada desde Montelíbano… o desde Cerromatoso, informó de que el ‘blanco’ estaba en movimiento… que ya había salido.

Los sicarios de inmediato se apostaron en la Troncal de Occidente, una vía que tienen que recorrer todos los que vienen de Medellín y que quieren conocer el Caribe colombiano; también es la carretera por donde se mueve más del 20 por ciento de la carga del país. Pero los cuatro jóvenes que esperaban a un lado de la carretera, junto a un Renault 18 blanco y una moto Yamaha RX 115, no estaban allí para realizar tales reflexiones. Su único fin era identificar un campero Trooper azul con cabina blanca, placas PT 1249, así se los habían descrito, y comprobar si allí iba el ‘blanco’. ‘Pichirilo’ tenía una mortal virtud: jamás olvidaba el rostro de las víctimas que reconocía con antelación.

***

Pero allí les tocaba esperar un rato más; no sabían que al doctor Amaury le gustaba saludar a sus amigos y líderes de su movimiento político, con mayor razón, ahora que aspiraba a lanzarse nuevamente al Senado de la República para las elecciones de 1994.

***

El ex ministro de Salud había sido elegido senador por el partido conservador para el período 1990-1994. El presidente de la República de esa época, el liberal César Gaviria Trujillo, había convocado a una Asamblea Constituyente para reformar la Constitución Política de Colombia. Es así como este grupo de reformistas decidió, en 1991, revocar el mandato de los congresistas y convocar a nuevas elecciones para octubre de 1991, pero los elegidos sólo podrían legislar los dos años que faltaban para que se efectuaran los siguientes comicios, en 1994.

Los políticos colombianos enfrentaron los nuevos retos constitucionales con mucha reserva y, algunos, hasta con temor. Todavía no le encontraban el ‘quiebre’ a la nueva Constitución. Fue por ello que los partidos tradicionales e in¬dependientes prepararon listas únicas para las elecciones de 1991. Y fue así como nuevos movimientos políticos         lograron varios escaños en el parlamento y sorprendieron con una alta votación como fueron los casos de Esperanza Paz y Libertad (Epl), el M-19, La Nueva Fuerza Democrática, y Salvación Nacional, entre otros.

El Partido Conservador preparó su posible lista única; en ella estaba el líder cordobés Amaury García Burgos, pero éste declinó su aspiración por no estar conforme con el puesto en la lista que le habían ofrecido y temió no ser elegido, por lo que decidió esperar las elecciones de 1994 para aspirar nuevamente. Y tuvo razón para no aspirar para esa época: tal vez no hubiese salido. Los politiqueros del país aprendieron que eso no funcionaba con listas únicas sino con una estrategia que un añejo ex presidente liberal denominó “Operación Avispa”. Y así funciona todavía.

En la lista de la Nueva Fuerza Democrática figuró en el octavo escaño Jaime Burgos Martínez, sobrino de García Burgos. Aunque su tío lo acompañó a varias regiones a hacer proselitismo, muchos consideraron su respaldo como “lánguido”.

Último recorrido

Eran poco más de las 2:25 de la tarde cuando Amaury García, junto con sus compañeros, llegó al aeropuerto de Montelíbano, allí se despidió de ellos y de la señora Vilma Pombo.

Enseguida se dirigió al centro del municipio, exactamente a la carrera 16 No. 15-82, residencia de Raúl García, un viejo amigo y seguidor de él. Luego de saludarlo partió hacia el entonces corregimiento y hoy municipio de la Apartada, a visitar a otro de sus amigos políticos, Teodoro Galeano, propietario del negocio ‘Restaurante Nelly’. Luego de saludarlo, le expresó su deseo de aspirar al senado y le resaltó que quería contar con su apoyo para la próxima campaña.

***

Mientras García Burgos continuaba con sus rápidas y últimas visitas, a la casa de Esperanza Herrera, ‘Nana’, entró una llamada desde el teléfono 82 69 30 de Montería. Este último número corresponde a la central de radiocomu¬nicaciones ABC. Era una llamada pedida por radio teléfono; el abonado que pidió ‘puente’ para la comunicación está identificado por la central ABC con el código 1095. La comunicación se realizó a las 15:54:47 y terminó a las 15:59:04. Demoró 4 minutos 17 segundos.

La llamada no tenía nada de extraño si no fuera porque el código 1095 corresponde a la finca Santa Fe, localizada en el corregimiento de Varsovia, en jurisdicción del municipio de Tolú Viejo, Sucre, de propiedad de Javier Piedrahíta Cardona, hoy sindicado por las autoridades colombianas de narcotráfico y paramilitarismo. Esta llamada resultó de vital importancia dentro de la investigación.

Nunca se sabrá de qué se habló en esos casi 5 minutos; lo cierto es que ya los sicarios estaban esperando a su ‘cliente’… O estaban esperando esta llamada…

***

Las visitas de Amaury García fueron cortas, porque debía llegar también al municipio de Buenavista, distante 32 kilómetros de Montelíbano, en donde oficiaba como alcalde, Arturo Martínez Soto, su pupilo y amigo. Llegó aproximadamente a las 4:15 de la tarde.

Pero antes pasó por el ‘Oasis’, el negocio de Alfonso Mariño. Cuando la esposa de éste, Matilde Flórez, le informó de que su marido no estaba, el doctor Burgos le dejó saludos y le pidió a ella que le recordara el compromiso de votar por él para las próximas elecciones a Congreso –octubre de 1994–2. De allí se dirigió a la residencia de Raúl Arabia, en donde se celebraba el cumpleaños de Andrés Hernando Gómez Sánchez, Juez Promiscuo Municipal de Buenavista, amigo del dirigente político.

Se sentó en un taburete ubicado debajo de un viejo quiosco de palma que servía de escenario para el ágape; le ofrecieron aguardiente a sabiendas de que no lo aceptaría. Luego pidió que le sirvieran una cerveza “bien fría” y mandó a su conductor a recoger al alcalde Martínez Soto. Se alcanzó a tomar 5 ‘frías’, algo no muy común en él, pero allí con sus amigos se encontraba muy a gusto.

Rato después consultó el reloj y decidió que ya era hora de partir; faltaba poco para las 5:00 de la tarde y aún tenía que cumplir una última cita… esta sí que era ineludible e impostergable… con la muerte.

El médico lamentó tener que irse pero no quería que la oscuridad de la noche fuera su compañera en el trayecto a Montería; además, era imprescindible su asistencia a la tertulia que se formaba casi todas las noches en su casa.

Estaba a 22 kilómetros de Planeta Rica y a 51 de Montería, pero de estos últimos sólo pudo recorrer conscientemente 17. Los otros 34 los hizo, pero sin vida.

***

‘Pichirilo’, ‘More’, ‘Conejo’ y ‘Tyson’ ya estaban aprensivos, hacía más de dos horas que les habían dado el ‘soplo’ de la salida de su próximo ‘cliente’ y nada que aparecía. Era imposible que su aliado se hubiera equivocado, creían ciegamente en su informe; por lo tanto no se movieron de la orilla de la vía. Tarde o temprano tendría que pasar.

Desde donde se encontraban, diagonal a Colanta, en la salida hacia Medellín, se alcanzaban a divisar los carros que venían en esa dirección. A lo lejos se veía una fila de camiones que se desplazaba hacia Planeta Rica; parecía que era otra de las tantas caravanas de vehículos con carga que transitan a diario por la tan importante Troncal. De pronto, dos tractomulas desaceleraron y se estacionaron a la derecha de la vía. Y allí, delante de otros carros de carga, como a 500 metros, venía un campero que se parecía a un Trooper. Ocho ojos se comieron al instante la distancia que los separaba de su posible ‘blanco’ y esperaron. 

Primero se aseguraron de que fuese un Trooper, enseguida, de que fuese azul con blanco, luego de que su placa fuese PT 1249; toda esta verificación se hizo en cuestión de segundos. Pero faltaba el reconocimiento final del ‘Pichirilo’ al pasajero del campero. 

Esperaron a que pasara frente a ellos y ‘Pichirilo’, luego de ver al pasajero, sonrió y exclamó: “Ahí va”. Seguidamente corrió a su Renault 18, junto con ‘More’ y ‘Conejo’. ‘Tyson’ hizo lo mismo hacia su moto Yamaha 115. Ya era un poco más de las 5:20 de la tarde. Comenzaba la cacería. Y una vez más ‘Pichi’ se ufanaba de su letal virtud: jamás olvidaba el rostro de una víctima que identificaba previamente. 

De Planeta Rica a Montería hay 51 kilómetros. Nunca se sabrá el sitio exacto donde pretendían los sicarios asesinar al dirigente conservador, pero Amaury García Burgos los ayudó a determinarlo… a los 21 kilómetros de recorrido.

Cuentan que la vía de Montería a Planeta Rica fue mal           construida y que los contratistas tuvieron la osadía de de¬so¬bedecer al mandatario que autorizó su construcción: el general de cuatro soles y presidente de Colombia, Gustavo Rojas Pinilla.

El dictador había ordenado que los 51 kilómetros fueran construidos en línea recta, sin ninguna curva, pero los latifundistas, al parecer, sobornaron a los ingenieros responsables de la vía y quebraron el recorrido. Por supuesto que el general se atormentó, pero, gracias al Creador, la ‘insurrección’ de los contratistas no pasó a mayores. Al respecto, se comenta que los profesionales decidieron darse unas semanas de inesperadas vacaciones, por si de pronto el general volvía a recordar la desobediencia.

Después de pasar varias curvas, que obligaron a Arcesio Rodríguez Lambertine a reducir la velocidad, se encontraron con el kilómetro 30, sitio donde aún se apuestan vendedores ambulantes que ofrecen a los viajeros algunas delicias típicas de la región. A pocos metros de la entrada al corregimiento de Buenos Aires, Amaury García le ordenó a su conductor que parara: no podía llegar a su casa sin comprar una de sus viandas favoritas y que hacen       respetada la región: Bollo limpio. Arcesio estacionó el             campero a la derecha de la vía. El ex senador se bajó del campero, miró a la derecha y a la izquierda, luego cruzó la carretera junto con su conductor que lo seguía a corta distancia.

María Beatriz Arroyo es una de las vendedoras del lugar. Se trata de una simpática trigueña de 33 años de edad, de inmensos ojos cafés, de cabellos negros y ondulados que a veces se los recoge con una trenza; es oriunda de la olvidada vereda de Yuca Seca, en jurisdicción de Montería. Desde hace años, es una de las responsables de que el “bollo limpio”, de plátano, de coco y la panela que allí se venden sean los mejores. Su expendio es una improvisada choza que tiene como techo varias ramas de palma y en donde atiende en compañía de sus dos pequeños hijos. Su negocio está a mano izquierda de la carretera cuando se viaja en el sentido Planeta Rica-Montería, a pocos metros de la entrada a Buenos Aires.

Ya era un poco más de las 5:30 de la tarde; en otras regiones ya hubiese oscurecido. Pero esta zona del departamento de Córdoba tiene la particularidad de que aquí el sol se resiste a ser vencido por la oscuridad de la noche, para esta época, lo que ocasiona ver los más largos y hermosos crepúsculos. Este natural y bello desafío hace que los moradores de la región pierdan la noción del tiempo, ya que ellos, para conocer la hora, confían más en una mirada al cielo que en las manecillas del reloj. Y como a esa hora, un elegante señor de gafas, vestido de camisa guayabera azul claro, pantalón de lino beige y zapatos negros, se acercó y pidió un bollo de 500 pesos y otro de 200. Por estar entretenido en su compra, no vio el carro Renault 18, blanco, con tres ocupantes, que pasó despacio por el lugar y que se estacionó como a 20 metros adelante del Trooper. De él se bajaron, de inmediato, dos individuos. Uno estaba vestido de camisilla amarilla y pataloneta corta; el otro, de camiseta blanca y con pantalón de overol que le llegaba a las rodillas. Eran ‘Pichirilo’ y ‘Conejo’.

García Burgos regresó al carro junto con su conductor cuando uno de los sicarios gritó: ¡Alto ahí! García y su conductor trataron de correr pero ya la partida estaba perdida. Vino un momento de forcejeo, mientras los victimarios los embarcaban en la silla de atrás del campero.

A García Burgos lo obligaron a arrodillarse detrás de la silla del conductor con la cabeza inclinada hacia la puerta izquierda y a su acompañante a tenderse decúbito abdominal en la silla de los pasajeros. ‘Pichirilo’ tomó el control del Trooper y ‘Conejo’ se subió en la otra silla. Encendieron el vehículo, le dieron unos metros adelante y giraron en ‘U’ para regresar hacia Planeta Rica; lo mismo hizo después ‘More’ en el Renault 18. Mientras esto sucedía, María Beatriz cogió a sus dos hijos y salió corriendo por el camino que lleva a Buenos Aires; sólo pudo traerse el dinero que tenía en los bolsillos. Hace mucho había aprendido que resistirse a ver lo que no debía era una posible salvación. Esto último debido a que por aquí quedaban unas propiedades donde se descubrieron varias toneladas de cocaína a inicios de 1991.

Los asesinos obligaron a sus rehenes a mantenerse en silencio mientras recorrían a alta velocidad los cuatro kilómetros que los separaban de la vereda conocida como ‘El Charco’, ubicada en el kilómetro 34. Al llegar al sitio doblaron a la izquierda, subieron una pendiente, pasaron a un lado del colegio y llegaron a una puerta de golpe, situada al frente de una vivienda en donde había dos niñas estudiando, dos pequeñas que aún no se han olvidado del rostro del hombre que abrió la puerta y del que conducía el vehículo.

***

Entre el sitio del asalto y ‘El Charco’ hay un desvío hacia una vereda llamada ‘Guacharacal’, también ‘apta’ para un asesinato, pero los sicarios prefirieron la primera. La razón: nunca se conocerá. Lo cierto es que más adelante se supo que ‘Pichirilo’ manejó un carro de servicio público hace algunos años en Planeta Rica y, tal vez, por eso conocía cuál sería el sitio ‘apropiado’ para un asesinato.

***

Al llegar el Trooper a la puerta de golpe, ‘Conejo’ se bajó y antes de abrirla se detuvo, miró hacia la casa y vio a las jóvenes; trató de devolverse, pero desde el carro ‘Pichirilo’ le hizo señas con la mano de que continuara; regresó y abrió la puerta, pasó el carro y se montó.

Ya la época de verano estaba perdiendo, frente a la de invierno, sus dos principales armas: calor y sequedad. Para que supieran de su llegada, el invierno ya había empezado a ‘mojar’ los caminos y potreros. La ondulada y quebrada vía destapada, aún estaba transitable. Las medianas lomas por las que se debe transitar hacen que los vehículos se pierdan con facilidad en la distancia.

***

Mientras los delincuentes llevaban a sus víctimas a un paraje despoblado para ultimarlos, en otro sitio, a la entrada de El Charco, Francisco Ángel Posada Arango sacaba en su mugrienta libreta las cuentas de lo que debía vender   durante marzo para pagar la cuota del televisor que había comprado en el diciembre que acababa de pasar. Era el propietario de un humilde quiosco de venta de refrescos y dulces. Sus proyecciones se vieron interrumpidas por la llegada de un joven blanco, pelo liso, que vestía de camiseta blanca tipo esqueleto, pantaloneta, tenis y llevaba puestas, sobre la cabeza, unas gafas.

El visitante pidió una gaseosa, le dio la espalda al quiosco, caminó hacia su carro, un Renault 18 blanco, y se puso a mirar para la carretera. A los pocos minutos regresó y, mirando inquisitivamente a los ojos del tendero, preguntó cuánto debía. Se metió la mano al bolsillo. En ese instante, por la espalda de Francisco Ángel, un escalofrío de muerte comenzó a recorrer su cuerpo; era un pavor insuperable que se cortó cuando, en cambio de un arma, vio en la mano del sicario las monedas por el pago de la gaseosa.

Posada Arango no se explica por qué lo asustó tanto aquel individuo, pero horas después lo entendería.

***

Probablemente, al ir por esas vías destapadas, el ex ministro Amaury García Burgos pensó que estaría en manos de la guerrilla; tal vez era lo mejor que podía desear.

Pero no era así. Quienes lo tenían no eran guerrilleros y no estaban interesados en negociar nada con él; sólo querían “tirarlo al piso”.

Tal vez pensaba en su familia. En su esposa Susana, sus hijos, hijas, nietos, en Dios… o en la muerte. Pero cualquier pensamiento se vio interrumpido cuando ‘Pichirilo’, luego de bajar una de las lomas del camino, se detuvo en un sitio que parecía el lecho seco de una ciénaga; y comenzó a pitar… pitar… pitar… pitar… pitar… pitar… pitar… y ‘Conejo’ comenzó a disparar… disparar… disparar… disparar… disparar… disparar su pistola 7.65, cargada con munición blindada. Los blancos eran la cabeza de Amaury García Burgos y la de su leal conductor, Arcesio Martínez Lambertine. Disparó 13 veces. Ocho tiros certeros. Cuatro en cada víctima.

Ya eran las seis de la tarde, pero parecían las 4:30 ó 5:30. En estos parajes la lucha del sol contra la noche parece interminable. Pero este forcejeo entre la luz y la oscuridad fue el mejor aliado de la verdad.

Los sicarios ni siquiera verificaron el trabajo. La experiencia les había enseñado que de cuatro tiros a la cabeza a mansalva y sobre seguro no se salva “ni El Putas”. Los dos matones regresaron corriendo y tuvieron que pasar nuevamente frente a la casa en donde estaban, hacía un momento, las dos jóvenes estudiantes. Ellas, luego de escuchar “como unos disparos”, salieron despavoridas para donde las vecinas. Desde allí volvieron a ver a los dos sujetos que habían pasado primero en un carro y ahora corriendo. Eran ‘Pichirilo’ y ‘Conejo’.

En menos de cinco minutos, los sicarios cubrieron el trayecto que los separaba de la puerta de golpe a la carretera. Allí a un lado de la vía un sujeto, que minutos antes casi mata del susto a un tendero, montado al volante de un carro Renault 18, los esperaba desde hacía 15 minutos. De repente dos muchachos aparecieron por la destapada y polvorienta calle, que hace las veces de vía principal del abandonado corregimiento; ya el sol estaba dejando apagar su candente fulgor, lo que hizo confundir a los despavoridos asesinos con dos ‘pelaos’ del pueblo que huían luego de una maldad juvenil. Los asesinos llegaron hasta el vehículo y se subieron casi a empellones. ‘More’, que ya tenía el motor encendido, arrancó con la rapidez propia de una ‘vuelta’ criminal, con rumbo a Planeta Rica. ‘Pichirilo’ les dijo a sus secuaces: “Tenemos que regresar otra vez acá a ‘pelar’ a unos mirones”. ‘More’ se acordó de inmediato del tendero que le vendió la gaseosa. Nunca esperaron encontrar tantos testigos por el camino cuando ‘viajaron’ a sus víctimas al sitio del crimen.

***

A las 7:30 de la noche la mayoría de los moradores de ‘El Charco’ sabían que había dos muertos en un Trooper azul con blanco, en los predios de la finca ‘La Candelaria’, administrada por José de los Reyes Ortega Montiel. No hay nada más rápido en un pueblo que una mala noticia.

Las hermanas Liliana y Lidis Patricia, que vieron pasar el carro, le informaron a otras personas del extraño suceso y de los posibles tiros que oyeron. Entre los que escucharon la versión estaban John Jairo Vásquez Madrid y Francisco Martínez, el primero un vendedor de fritos y el segundo un campesino de la zona. Juntos se dirigieron a buscar el vehículo.

Estas fueron las primeras personas en llegar al lugar del doble crimen. El carro estaba al lado de un barranco en el lecho de una quebrada seca, con las puertas laterales abiertas y las sillas delanteras inclinadas y corridas hacia adelante. Pero los dos curiosos no sólo se limitaron a observar, sino también a robar. Vásquez Madrid le quitó a Amaury un reloj marca Bulova manilla de cuero, los zapatos y algún dinero de los bolsillos.

Mientras los dos ladronzuelos terminaban de saquear a los cadáveres, el administrador de la finca en donde dejaron el campero, José de los Reyes Ortega Montiel regresó a su casa después de las 6:30 de la tarde, luego de terminar de quemar unos potreros. Al llegar preguntó por su hija, y su mujer le contestó que no había regresado. Molesto por la tardanza de la pequeña se fue a bañar y salió a esperarla a la carretera para pedirle una explicación.

Camino a la “carretera negra”, así llaman en el campo a las vías asfaltadas, José de los Reyes se encontró con Francisco Martínez, quien le informó de que había dos muertos en un carro “un hombre y una mujer”. Luego de escucharlo se dirigió hasta el carro y comprobó lo dicho por Martínez, pero continuó su camino hacia la carretera a esperar a su hija; era lo más importante para él en esos momentos.

El administrador regresó como a las 8 de la noche junto con su hija. Pasó por un lado del carro, pero la curiosidad lo obligó a acercarse nuevamente. Alumbró con su linterna hacia el campero y en el interior aún yacían los cuerpos ensangrentados de dos personas. Pero ya se había hecho muy tarde, tenía mucho sueño y a esa hora no había carros para ir hasta Planeta Rica a informar a la policía. “Mañana temprano voy, más bien me voy a dormir”, pensó.

Además, no hay nada más quieto que un muerto.

***

‘Pichirilo’ no salía de su ira por haberse dejado ver de tantas personas en tan poco tiempo; tenía el deseo de regresar a ‘El Charco’ para ‘arreglar’ ese problema, pero desistió. En otro momento sería el ajuste de cuentas.

Llegaron a Planeta Rica y se dirigieron a la residencia Central para pagar la cuenta de la habitación N° 4. Cancelaron 55 mil pesos en billetes nuevos de cinco mil. Luego se dirigieron a la casa de Yazmín para despedirse. De allí prosiguieron a Caucasia a celebrar el éxito de la ‘vuelta’.

El único que no iría en el carro sería ‘Tyson’ que era el de la moto. ‘Pichi’ le entregó 100 mil pesos para que se fuera para Valdivia y se ‘enfriara’ mientras pasaba la ‘calentura’ de la ‘vuelta’. Además, le recomendó que después de unos días se fuera para Medellín, no sin antes dejarle claro lo que le podía pasar por dárselas de ‘comunicativo’.

Al llegar a Caucasia, ‘Tyson’, se percató de que olvidó sus documentos en la casa de la ‘Nana’ y se devolvió a Planeta Rica por ellos. De regreso a Valdivia paró nuevamente en Caucasia y departió un rato más con sus colegas de sicariato.

Días después llegaron todos a descansar a Medellín.

***

A 127 kilómetros de Caucasia, en Montería, se iniciaba una angustiosa espera que no dejó dormir a decenas de fa¬milias.

Desde las 6:30 de la tarde, los familiares de García Burgos empezaron a extrañarse de la demora del ex congresista, pero la justificaban por su trabajo político. Sin embargo, al pasar el tiempo, este argumento se fue diluyendo y dio paso al temor, la desesperación y la tragedia.

A las 9:30 de la noche, Alfredo León García Burgos, y Luis Alfredo Milanés, hijo y yerno del desaparecido político,                  de¬cidieron viajar hasta Planeta Rica para verificar si Amaury García estaba varado en la vía o reunido donde unos          amigos, hipótesis a las que se aferraban mentalmente para no dejarse llevar por la que su subconsciente les insinuaba insistentemente: tragedia.

María del Pilar Burgos, sobrina de Amaury García, que trabajaba en la mina de Cerromatoso, fue contactada en la noche del jueves 4 de marzo por su tía Susana desde Montería, quien le preguntó por la hora en que salió su marido de la mina. María del Pilar, que no sabía, decidió llamar al director de seguridad de la empresa, José Olmedo Armero Torres, quien le informó de que salieron entre las 2:30 y 3:00 de la tarde. Llamó a su tía y le informó de lo que le contó Armero. María del Pilar se comunicó por segunda vez con el director de seguridad y le informó de que ya unos familiares se desplazaban desde Montería a Planeta Rica a buscarlo, “tal vez pueden estar varados”, le comentó. Armero decidió también enviar a dos escoltas a tratar de encontrarlo y coordinó todo para que sus hombres se encontraran con los familiares del ex congresista en Planeta. La sobrina también llamó a su amiga Liney Cura de Vélez, en Motelíbano, y le contó lo de la desaparición de su tío. Liney le dio un poco de aliento y le manifiestó que iba a intentar averiguar algo y que cualquier cosa la llamaría. 

Y cumplió. Al día siguiente la llamó, para darle la mortal primicia.

***

Alfredo y Luis recorrieron el pueblo y preguntaron a todos los conocidos si habían visto a Amaury. Desprevenidamente un niño que escuchó dijo “ese señor está en el ‘Paraíso de Eva’ ”. A sabiendas de que era imposible que allí estuviera, decidieron ir al lugar. En el fondo de sus corazones deseaban que el viejo se hubiera ido de juerga y no que le hubiese pasado algo malo, pero el padre y suegro los decepcionó: no estaba ni había estado en el cabaret.
A la una de la madrugada se regresaron convencidos de que había sido secuestrado. Pasaron rápidamente por el kilómetro 34; a esa hora en la vereda de ‘El Charco’, ya todo mundo dormía, a excepción de los dos cadáveres que habían quedado tirados, en medio de una laguna de sangre, en la parte de atrás de un carro abandonado en el potrero de una finca.

En Montería la noticia ya había pasado los límites familiares: “Secuestraron a Amaury García Burgos”, era el comentario. Los que pudieron dormir se acostaron a la espera de saber qué grupo guerrillero se reivindicaría el secuestro; los que no durmieron pensaban lo mismo, pero los asaltaba la duda de que podía haberle pasado algo peor… y otros cuantos conspiradores sabían que jamás volvería con vida a la ciudad.

***

Marzo 05… “No era para tanto”

José de los Reyes Ortega Montiel había planeado levantarse muy temprano ese viernes, y tratar de que los jornaleros concluyeran las tareas asignadas para la semana. De paso, tenía pensado terminar las cuentas de la nómina de la finca a su cargo. Pero hizo un esfuerzo adicional y madrugó aún más para poderse ir en el primer bus que pasara para Planeta Rica a avisar a la policía del carro que dejaron en la propiedad con dos cadáveres en su interior.

Pasó como a las 6:00 de la mañana junto al Trooper y allí seguían los dos cadáveres; cada vez más se convencía de que no hay nada más quieto que un muerto.

Ya la policía de todo el Departamento estaba alerta con la desaparición del ex gobernador de Córdoba, Amaury García Burgos. Los agentes de Planeta Rica eran los más asediados porque a ellos les correspondía velar por gran parte del trayecto que recorrió el político.

Ortega Montiel se presentó a la estación a informar del carro que dejaron en la finca a su cargo. Los policías, que estaban muy alertas, se sorprendieron con la descripción que dio del vehículo y concluyeron que debía de ser el campero del ex senador. Se comunicaron con el comando central en Montería y salieron para el lugar.

A los policías no dejaba de inquietarles el porqué de la tardanza del administrador para informarles del hecho, por lo cual lo interrogaron sobre el tema. Ortega contestó sin          ninguna prevención y de la manera más natural que caracteriza a un campesino: “Porque ya era muy de noche y no había transporte”.

El comandante de la Décima Primera Brigada, coronel Carlos Leongómez Mateus, al ser notificado, informó de in¬mediato al comandante de la policía, luego al gobernador Jorge Manzur Jattin. De un momento a otro ya decenas             de personas sabían la nefasta noticia. No hay nada más rápido que una noticia fúnebre, pero nadie quería ser el portador de tan luctuosa información a la familia García Burgos.

Fue el coronel (r) Armero Torres quien le confirmó a Alfredo Burgos García que el cadáver de su padre había sido encontrado en un potrero de una finca ubicada en la vereda ‘El Charco’. El reloj marcaba un poco más de las 7:30 de la mañana.

Ya había aparecido la prueba que derrumbó toda esperanza de vida… el cadáver.

Con la noticia un coro de llanto y lamentación llenó la casa de García Burgos. Mientras, en la puerta un ex convicto y controvertido personaje de la política en Córdoba, ante la exclamación dolida de un allegado: “lo mataron, lo mataron”, lanzó una expresión que aún sigue envuelta en un manto de incertidumbre y sospecha: “No era para tanto”. Y enseguida desapareció.

Si hay un carro conocido en Córdoba ese es el del Instituto de Medicina Legal. La camioneta beige, verde o café, es una sola, pero el color cambia de acuerdo con las condiciones de luz y con la pena que se lleve en el corazón y el alma. Con su carrocería en forma de ‘cajón’, siempre es el primero en llegar. No existe nada más puntual y rápido al primer llamado que la desgraciada camioneta ‘levanta muertos’ del CTI. 

El mecánico procedimiento del levantamiento de los cadáveres se llevó frente a la mirada de decenas de curiosos, familiares y allegados. Amaury García quedó de rodillas en el piso del carro, detrás de la silla del conductor, con la cabeza inclinada sobre el tapete y recostada hacia la puerta izquierda. Arcesio Martínez Lambertine murió reclinado hacia la izquierda a lo largo del asiento trasero.

La causa de la muerte quedó establecida en una arrugada forma utilizada por Medicina Legal para agilizar las diligencias de levantamiento de cadáveres: “choque neurogénico, laceración cerebral-bala”.

La otra cacería

Con el descubrimiento del carro y los cadáveres se inició la investigación y la cacería de los autores materiales del crimen, pero, inexplicablemente, esa misma diligencia no la tuvieron las autoridades para dar con los móviles y los autores intelectuales del horrendo crimen.

Para los detectives los dos bollos encontrados en el carro del ex senador no pasaron desapercibidos; a las pocas horas ya estaban hablando con todos los vendedores de la zona y levantando retratos hablados. Antes de las 24 horas estaban indagando en Planeta Rica por tres sujetos que se movilizaban en un Renault 18 blanco, que tenía un detalle muy significativo: no tenía vidrio trasero, sino un mugroso plástico.

Ya los investigadores han establecido ciertos protocolos de investigación con respecto a este tipo de delitos. Por ejemplo, sabían que un crimen como el que investigaban debió de ser planeado con varios días de anticipación, tiempo suficiente para que cualquier ciudadano desprevenido viera “algo”. Además de saber que los griles, cafeterías y burdeles son los sitios preferidos de este tipo de maleantes. Por eso no fue muy difícil conseguir la descripción de todos los implicados en el asesinato. La promiscuidad de los sicarios fue su mayor debilidad.

Setenta y dos horas después del descubrimiento de los cuerpos, a las 8 de la noche del lunes 8 de marzo, las autoridades detuvieron a Yazmín Agudelo Herrera, en un quiosco ubicado frente a la gasolinera Esso, en Planeta Rica.

Al momento de ser capturada, Yazmín le dio a un conductor un número de teléfono en Medellín y le pidió que le informara a su abogado de que había sido detenida. Para uno de los investigadores el detalle no pasó inadvertido; más adelante le pidió al chofer que le entregara el papel que le pasó la retenida. El teléfono, 4 41 32 02, no resultó ser de ningún abogado, sino de la residencia de un señor al parecer llamado Wilmore Garcés, en Medellín.

Yazmín, que para esa época tenía siete meses de embarazo, negó en todo momento conocer a los integrantes de la banda y haber llamado o visitado el consultorio de Amaury García Burgos. Pero el 9 de marzo los investigadores pusieron a Yazmín, junto a otras cuatro mujeres con características similares a las de ella, en lo que se conoce en el argot judicial como reconocimiento en fila de personas. Al frente de una ventana, que sólo permite la vista en una dirección, estaba Merlys de Jesús Ortega Pérez, secretaria del consultorio de la víctima.

Ella dijo que la mujer que estaba en el quinto lugar, de derecha a izquierda, fue la que visitó el consultorio. Se le ordenó a la seleccionada dar un paso al frente para que dijera su nombre en voz alta. La aludida contestó: Yazmín Agudelo Herrera.

Para ese mismo día los detectives ya tenían copia del registro de entrada de la Residencia Central, ubicada en Planeta Rica; allí figuraban alojados los señores: More Garcés, Germán Zapata Moreno y José Luis Santiago.

El 11 de marzo de 1993 la fiscal Delegada ante las unidades investigativas de Policía Judicial, Olga Stella Arias de Domínguez, solicitó al director Regional de fiscalías de Medellín librar órdenes de captura contra Gonzalo Antonio Alarcón Zapata, alias ‘Pichirilo’ o ‘Pichi’; More Garcés, alias ‘More’; Germán Zapata Moreno, alias ‘Tyson’; y José Luis Santiago, alias ‘Conejo’. También solicitó copias de las tarjetas decadactilares de los anteriores sujetos.

Pero cuando a Yazmín le pusieron la foto, que reposaba en la registraduría, de Gonzalo Antonio Alarcón Zapata, alias ‘Pichirilo’, no la reconoció. Era lo único cierto que había declarado hasta el momento.

***

‘More’ y ‘Pichirilo’ llegaron días después a Medellín. Había que descansar y cobrar el resto del ‘billete’ por la ‘vuelta’. Además, iban a pedir una bonificación porque el ‘cliente’ que ‘tumbaron’ era un ‘duro’ y no un simple doctor como les habían dicho inicialmente. ‘More’ le dijo a su compañera, Esperanza Alcaraz Ruiz, “le hicimos el paseo a un señor’.

A los pocos días, y debido al despliegue noticioso por la muerte de García, ‘More’ y su amiga se mudaron a otra residencia; lo mismo hicieron los demás. Arrendaron una casa ubicada en el tercer piso del barrio Castilla. ‘Tyson’ estaba en Valdivia, Antioquia, pero llegó días después y ‘Conejo’, por su parte, se unió a otra banda de delincuentes.

El brutal asesinato de García Burgos y su conductor comprometieron al Gobierno con la sociedad a esclarecer de manera rápida los hechos, y a capturar a los autores materiales e intelectuales del horrendo crimen. Lo primero se cumplió al pie de la letra; lo segundo, nunca se llegó a esclarecer.

El ‘More’ tenía el presentimiento de que lo habían tumbado, ya que antes de los hechos le habían hablado de que el trabajo era contra un doctor sin mucho ‘perfil’, pero las informaciones de los medios de comunicación indicaban otra cosa. Sus presagios eran compartidos, en parte, por ‘Pichirilo’ que veía en la demora del resto del pago por la ‘vuelta’ una sospechosa jugada por parte de su ‘contra¬tista’. Por ello afirmaba a cada momento “que había que salirles adelante”.

Pero eso no sucedió porque el 13 de abril de 1993 la Fis¬calía Regional ordenó un allanamiento a un inmueble en Medellín. Al día siguiente, antes de las seis de la mañana, miembros de la Fiscalía y de Policía Judicial irrumpieron reciamente en el apartamento 301 de la carrera 68 No.96-48 del barrio Castilla.

La reacción de uno de los moradores fue lanzarse por una ventana y alcanzar la terraza de la vivienda; pasó a otros techos vecinos, pero una bala en su pierna derecha cortó su fuga. El herido cayó a un patio vecino y allí fue capturado, se identificó como Wilmore Garcés Arroyave, de 21 años.

Los otros fueron sorprendidos en el interior de la casa y se identificaron como: Gonzalo Antonio Alarcón Zapata, Germán Alberto Espinosa Zapata y una mujer como Esperanza Alcaraz Ruiz; esta última reconoció que Alarcón Zapata era conocido como ‘Pichirilo’ y que fue quien recogió a su marido, ‘More’, para llevarlo a Montería a una ‘vuelta’ de la que hablaba desde hacía un mes antes de los hechos.

La Fiscalía comenzó a indagar por los antecedentes de todos los capturados y por falta de pruebas fue dejado en libertad Zapata Espinosa. Pero llamadas anónimas lo identificaron como la persona que utilizaba el alias de ‘Tyson’. El informante precisó el municipio para donde podría haberse ido… Valdivia.

El 29 de abril un grupo de hombres de la Policía Judicial se desplazó hasta su residencia del barrio Palmarito, del         mencionado municipio. ‘Tyson’, que estaba sentado en la puerta de su casa, se percató de la presencia de las autoridades y trató de huir, pero ya era demasiado tarde: varios agentes le cerraron el paso y fue capturado. Era menor de edad, sólo tenía 16 años.

‘Tyson’ reconoció haber estado en Planeta Rica para la fecha de los asesinatos y suministró algunos datos: reveló que Gonzalo Antonio Alarcón Zapata, alias ‘Pichirilo’, se llamaba verdaderamente Héctor Hernán Gómez Zapata; es por esta razón que Yazmín no lo reconoció en la cédula que se le mostró. Refiriéndose a cómo detuvieron a García Burgos, recordó que “‘Conejo’ y ‘Pichi’ lo cogieron de quieto”. Aseguró que ‘Pichi’ tenía una pistola 7.65 que escondía en una caleta a un lado del ventilador del motor del Renault 18 en que se transportaban. ‘Tyson’ fue trasladado a una prisión para menores.

Entonces sólo faltaba capturar a ‘Conejo’… eso creían las autoridades.

***

A las siete de la mañana del 11 de marzo de 1993, tres hombres fueron sorprendidos por la policía cuando asaltaban las bodegas de Gaseosas Lux, ubicadas en la estación vieja del ferrocarril del municipio de La Pintada, en Antioquia. Tenían en su poder $749.200oo, producto del asalto, y dos revólveres calibre 38, sin licencia. Uno de los policías fue herido con una bala calibre 7.65 proveniente de una pistola, así lo demuestra la vainilla que fue encontrada en el sitio del asalto. Pero la pistola 7.65 jamás fue hallada.

Uno de los capturados se identificó como José Luis San¬tiago Moreno, 20 años, con cédula de Pitalito, Huila, y era conocido en el mundo del hampa como alias ‘Conejo’. Sin proponérselo, agentes de la policía capturaron al sujeto             que descerrajó 8 tiros, cuatro a cada uno, sobre la cabeza de Amaury García Burgos y Arcesio Manuel Rodríguez Lambertine. Treinta y dos días después fueron detenidos los otros implicados.

Todas las versiones de los detenidos en las indagatorias fueron consideradas por las autoridades como “frívolas    argumentaciones, que en nada enervan las serias acusaciones que comprometen su responsabilidad en el doble homicidio”, lo cual motivó a los fiscales a dictarles, el 23 de abril de 1993, medidas de aseguramiento por el delito de homicidio con fines terroristas.

El 27 de abril se ordenó el reconocimiento, a través de fo¬tografías, de todos los implicados, identificación que es         plenamente establecida por los desprevenidos testigos de los hechos en Planeta Rica.

***

Mucho nerviosismo existía para esa época entre los autores intelectuales del doble crimen por la diligencia con que las autoridades adelantaban la investigación. Luego se pasó al pánico con la posterior captura de los autores materiales.

Había un eslabón que se debía romper para que nadie diera con los autores del asesinato. Para eso, se echó a andar un plan que se inició el 26 de junio de 1993.

La noche del 25 de junio el jefe de guardia del patio Siete de la cárcel Bellavista de Medellín contó a todos los reclusos: no faltaba ninguno. Pero el conteo de la mañana siguiente dejó al descubierto que un interno faltaba: Gonzalo Antonio Alarcón Zapata había desaparecido misteriosamente. Una salida de Bellavista tan “elegante”, como lo fue la del ‘Pichirilo’ –recuerda un compañero de patio– vale millones de pesos o de ‘verdes’.

El eslabón que podía conectar el asesinato del líder conservador con los autores intelectuales había sido sacado de la cárcel. Ya los verdaderos responsables del crimen iniciaban su segunda y determinante jugada.

Lo primero que hizo ‘Pichi’ luego de que se le abrieran las puertas de Bellavista, como por arte de ‘billete’, fue esconderse por varias semanas mientras se ‘enfriaba’ la ‘vuelta’. Para esos tiempos el criminal no le salía a nadie, pero tenía una afición a la cual le era imposible resistirse: los gallos finos de pelea. Esta debilidad lo llevó muy lejos.

A principios de agosto de 1993, el invidente Luis Tabares Sánchez estaba junto a unos amigos peleando sus gallos en la gallera de Itagüí. Sus ejemplares eran muy buenos pero no tenía la suficiente cantidad de dinero para cazar los enfrentamientos. Un avezado conocedor de gallos llamado Mario se le acercó y le dijo que él ponía el resto del dinero. Fue una noche de muchos triunfos y de tragos para Tabares, sus acompañantes y su altruista donante.

El 9 de septiembre de 1993 Tabares Sánchez estaba en su casa del barrio Nuevo Bello esperando a que le sirvieran el almuerzo cuando recibió una llamada. Su interlocutor se identificó como Mario. Este, al percatarse de que el invidente no lo recordaba por el nombre, le hizo alusión a la ayuda económica que le había hecho hacía un mes en la gallera de Itagüí. El gallero recordó la cooperación y le preguntó en qué podía ayudarlo. Mario le pidió que lo recibiera; el gallero aceptó y le suministró la dirección.

Minutos después Mario llegó. Luego de un efusivo saludo, sacó de un bolsillo de su pantalón media de aguardiente. El motivo de la visita era brindar nuevamente por el pasado triunfo en Itagüí y por el futuro negocio que harían. Después de varios tragos vino la oferta. El visitante deseaba con urgencia tres gallos, pero quería que fueran de la ‘cuerda’ del invidente gallero.

A Luis Tabares no le dio tiempo de contestar que para esos días no tenía gallos para la venta porque un estruendo en la puerta de su casa lo dejó mudo. De inmediato comenzó una mortal balacera en el interior de la residencia. Luego de largos segundos de ‘plomo’ el cuerpo sin vida de un hombre quedó decúbito abdominal en medio de la sala. Uno de los miembros del grupo que incursionó en la casa sacó de su bolsillo una arrugada fotografía; con la otra mano cogió por el pelo la cabeza del hombre caído y la giró, la comparó con la foto y manifestó: Este es el sujeto. Se trataba de Gonzalo Antonio Alarcón Zapata o Héctor Hernán Gómez Zapata más conocido como ‘Pichirilo’.

Un testigo judicial recuerda que la incursión de los agentes del DAS parecía más una operación de aniquilamiento que de captura. Era como si a ‘Pichirilo’ lo hubieran sacado de Bellavista para matarlo. “Así era como trabajaba la mafia muchas veces para quitar del medio a eslabones perdidos”.

Pero mientras este testigo hacía estas reflexiones, en otro lugar un grupo de sujetos confirmaba una vez más ese viejo adagio que reza: “muerto el perro desaparece la rabia”. Además, con este resultado se envió un vedado mensaje a los investigadores judiciales y a los familiares de García Burgos que pretendían llegar “hasta las últimas consecuencias”, en lo que se refería a dar con los autores intelectuales del doble crimen.

***

Con la muerte de ‘Pichirilo’, Yazmín le dio un giro a su versión inicial de los hechos. Clamó por su inocencia y dio a conocer que el día de los acontecimientos llamó a la casa de Amaury García para notificarle que no viajara, pero el juez consideró este gesto como un arrepentimiento tardío. Además, sentenció que “no es admisible que la sindicada fuera un instrumento ciego de tan preciso plan, pues habría que admitir la existencia de demasiadas casualidades y coincidencias que no ocurren en la vida real”.

El 29 de junio de 1994 la Fiscalía dictó Resolución de Acusación contra los autores materiales y, a renglón seguido, pidió “continuar con la investigación en relación con los autores intelectuales”, pero esto fue exactamente lo que no se hizo.

Las hipótesis de Ícaro

La muerte de García Burgos dejó asombrados a miles de cordobeses. Muchas fueron las historias que se tejieron con relación con la muerte del ex ministro. Pero lo que sí quedó claro, para muchas personas, fue que su asesinato nació de los dos negocios que, en Córdoba, mueven millones de pesos y que son más que suficientes para silenciar cualquier voz fiscalizadora: los licores y las regalías.

Los licores

Las primeras elecciones populares para gobernadores en Córdoba estuvieron muy ligadas a los licores. Para ese entonces estaba en plena ejecución el famoso contrato entre el departamento de Córdoba e Inversiones Córdoba Ltda., sociedad que por intermedio de un contrato autorizado por una Ordenanza se había convertido en la única empresa con licencia para producir, introducir, distribuir o comercializar los licores en el Departamento.

Pero este contrato estuvo plagado de varios vicios que, hasta hoy, aún está dirimiendo el Consejo de Estado.

Para aquella época aspiraron a la Gobernación de Córdoba, Jorge Elías Manzur Jattin, que era respaldado por los congresistas Francisco José Jattin, Julio Manzur, Jorge Ramón Elías Náder y Amaury García Burgos. Otro candidato fue Rodrigo García Caicedo, apoyado por Salomón Náder, Alfonso de la Espriella, Remberto Burgos Pareja, Ricardo Pretelt y por el Movimiento M-19 y una facción del EPL. El otro en contienda fue Jaime Torralvo Suárez, apoyado por el ya fallecido líder liberal en Córdoba Libardo López Gómez (q.e.p.d.).

Sobre el contrato de los licores pesaba una denuncia ante la Procuraduría Departamental hecha por los parlamentarios Salomón Náder Náder, Alfonso de la Espriella y Amaury García Burgos; que originó que dicho organismo de vigilancia y control demandara la nulidad del contrato. Lo cual, hizo comprometer al aspirante Manzur Jattin a que de llegar a ser gobernador, y si la ley lo permitía, debía acabar con el contrato de Inversiones Córdoba Ltda.

Ya para esa fecha se estaba negociando el contrato de los licores de Antioquia; había una guerra por quién se quedaba con la distribución. Y al Gobernador que saliera elegido le correspondería intervenir en dicho contrato.

Después de unas controvertidas elecciones, en donde los cordobeses se acostaron con un gobernador, Rodrigo García Caicedo, pero amanecieron con otro, Jorge Man¬zur Jattin, comenzó, para el Departamento, una larga y penosa controversia jurídica por la distribución de los licores de Antioquia, que ha dejado destituciones y, al parecer, según respetadas voces de Montería, hasta muertos.

Un viejo político de la región, remembrando el tema de aquellas elecciones, recuerda que “a Rodrigo García se le olvidó que faltaban los votos del municipio más ‘chocorero’ de Córdoba, Ayapel”.

Asumió como gobernador Manzur Jattin, y en su administración se debía abrir la licitación de los licores. En Antioquia fue elegido gobernador un señor que fue determinante en la elección del nuevo distribuidor para Córdoba: Juan Gómez Martínez.

Licitaron para esa época las siguientes empresas: Distri¬buidora del Sinú Ltda., John Restrepo A. y Compañía Ltda., Oscar Villegas S. Y Compañía S. en C., Casamora Ltda. y Luis Ernesto Garcés Soto.

Las dos últimas no aparecen registradas en la Cámara de Comercio de Montería.

El recién elegido gobernador de Córdoba, Jorge Manzur Jattin, abogaba para que la licitación se la dieran a dos empresas. La idea era sectorizar a Córdoba. Esta distribución no la compartían ni la Fábrica de Licores de Antioquia, FLA, ni la gobernación de Antioquia.

En ese momento apareció una carta de Juan Gómez Martínez a Manzur Jattin en donde le esbozaba los planteamientos de por qué no era conveniente para Antioquia ni para la FLA hacer una distribución con dos empresas. Una de estas ‘canibalizaría’ a la otra y sería una lucha de dos comerciantes distribuyendo un mismo producto, lo cual perjudicaría económicamente a la FLA, puesto que los gastos de promoción y publicidad del producto que hacen los distribuidores los asume la Fábrica.

Lo anterior quedó ratificado en una charla informal que Amaury García tuvo con un cercano amigo el 2 de marzo, dos días antes de su asesinato. Eran como las 5:30 de la tarde y Amaury iba con su conductor Arcesio Manuel, a buscar a su esposa Susana que estaba en sesiones de fisio¬terapia a causa de un accidente.

Allí, casualmente, estaba también un entrañable amigo suyo. Luego de un efusivo saludo se ofreció a llevarlo hasta su casa, que era también en el barrio El Recreo. Para ese día el Diario El Universal había publicado un artículo donde reseñaba apartes de la carta que el gobernador Jorge Manzur le enviaba a su homólogo de Antioquia, Juan Gómez Martínez, en donde le manifestaba que daba por terminado el convenio que permitía a los antioqueños vender su licor en Córdoba, ante lo cual Amaury le comentó: “Tú sabes que a mí me gusta la política, pero cuando en ella hay plata de por medio me aparto. En esto (señalando con la mano los documentos) no tiene razón Jorge Manzur”.

El amigo del ex senador comentó que a lo mejor la carta era “una de las acostumbradas rabietas” del gobernador Manzur, debido a que Antioquia no le adjudicó el contrato de distribución a dos firmas como quería. “Que creo una es ‘Distribuidora del Sinú’ y la otra es una donde tiene interés bajo cuerda el Gobernador, que creo es la de un señor…” El interlocutor del ex congresista divaga un poco y García Burgos le dice: “¿Londoño?”. Su amigo contesta: “Exacto, ese es el apellido, creo que es el que tiene unas propiedades en Cispata y es socio de Jorge Manzur”.

Entonces, Amaury cogió un sobre que iba entre las dos sillas de adelante y le dijo “léase estos dos documentos, ya les he sacado fotocopias”. Uno es el oficio que Manzur le envió a Gómez Martínez en donde le manifestó que le ratificaba el acuerdo verbal a que se llegó determinado día para dar por terminado el convenio que permitía la venta de licores de Antioquia en Córdoba. Porque, con anterioridad, se había acordado que la distribución se haría a varias firmas y que al haberse adjudicado a una sola empresa, eso constituía inconvenientes económicos para Córdoba.

La otra carta era la respuesta de Juan Gómez Martínez, en donde éste rebatía los argumentos de Manzur. Le dice “que no es cierto que exista un acuerdo verbal para dar por terminado el acuerdo interdepartamental. Ni que ha existido acuerdo previo para la adjudicación a varias firmas”. Más adelante, explicaba Gómez, que era más rentable un solo distribuidor, porque la competencia traería desperdicio de los Fondos de Publicidad; recordó que con un solo distribuidor Córdoba recibió en 1992 más de 3 mil 500 millones de pesos por concepto de impuestos. Terminaba el oficio reconviniendo al gobernador Manzur de que las relaciones entre los dos departamentos habían sido cordiales, por cuanto lo invitaba a seguir con esas relaciones.

Al terminar de leer las dos cartas García Burgos le preguntó a su interlocutor: “¿Cómo le parece?”. Su amigo respondió que Manzur quedó como un “mentiroso”, pero se preguntó dónde se encontraban los dineros por los impuestos recibidos en 1992, a lo que el ex congresista afirmó: “Ese es un problema”.

Al llegar a la calle 65 con carrera 3ª el carro se detuvo y se bajó el amigo del ex gobernador; luego de despedirse le recomendó: “Absténgase de decir cómo conoció de estos documentos”. 48 horas después ya no importaba.

Para los cordobeses no es un secreto que una de las prácticas más utilizadas en el manejo de la distribución de li¬cores es poner a personas distintas a representar a las         firmas que participarán en la licitación pues a los verdaderos propietarios no les gusta aparecer.

Para esa época era común escuchar que existía una compañía licitadora, cuyo verdadero propietario era un cuestionado hotelero del norte de Córdoba.

Fue aquí donde mentes más acuciosas afirmaron, sotto voce, que Amaury García Burgos habría recibido una donación anticipada de 300 millones de pesos de dicho comerciante hotelero, para financiar su próxima campaña electoral, a cambio de que el ex ministro abogara para que el contrato de los licores fuera a parar a manos de los amigos del ‘donante’.

Pero el anterior comentario contrasta con la decisión que tomó el gobernador de Antioquia Juan Gómez Martínez. Escogió para distribuir los productos de la FLA en Córdoba a la reconocida firma comercial antioqueña John Restrepo & Cía. García Burgos nunca había ocultado la gran y vieja amistad que lo unía al dueño de la firma, el señor John Restrepo Álvarez. Además, eran de conocimiento público las generosas contribuciones del patriarca antioqueño a las campañas de Amaury García.

Además, Gómez Martínez llamó por teléfono a García Burgos y le consultó si era cierto que habría problemas si a John Restrepo se le daba la adjudicación; a lo que García contestó que no, ya que la mencionada firma tenía más de 25 años de estar en Córdoba.

Pero la elección de Gómez Martínez dejó a más de un ‘donante’ en posición de ‘cobro’.

Tampoco sería desatinado pensar –afirman cercanos amigos de la víctima- que tal vez pudo ocurrir que personas que sí estaban detrás del contrato de los licores hayan comprometido a Amaury García Burgos como la persona indicada para ‘gestionar’ que el contrato se diera a la persona “indicada”; todo esto a espaldas y sin conocimiento del ex congresista.

Los intermediaros pudieron haberle hecho saber a los verdaderos dueños de la empresa licitante que García Burgos había dicho que sí, y que quería 300 millones de pesos para su campaña, pero que él no quería ir personalmente a hablar con ellos por obvias razones. Los comerciantes se habrían comido el cuento y entregado los 300 millones, supuestamente para Amaury García Burgos, confiados en que ya tenían el contrato en el bolsillo.

Los gestores de esta artimaña que constituye una estafa confiaban, por su parte, en que el contrato podía ser adjudicado a varias firmas y, si así ocurría, ganaban por ambos lados, y mostraban que García había cumplido su parte y que ellos también.

Pero el contrato se lo entregaron a Jonh Restrepo, viejo amigo y donante del ex gobernador García. Éste último se mostró complacido con la decisión, sin saber que acaba de desencadenar, al parecer, un criminal plan para asesinarlo. Como dirían en el mundo del hampa, a Amaury García lo llevaron de “gancho ciego”. Más adelante los gestores del negocio se lavaron las manos diciendo que García Burgos les hizo ‘conejo’.

Como colorario de la hipótesis anterior, algunos comentarios explican que la expresión “no era para tanto” es la referencia a una posible reunión, que al parecer, se realizó en una zona de Córdoba, donde se discutió la situación de esa conjetura. Muchos de los asistentes se sintieron burlados, pero otros abogaron por hablar y buscarle una salida civilizada a la situación. Pero como que esta última opción no contó con lo que más le gustaba a García Burgos cuando defendía un proyecto en el Congreso: mayoría.

Regalías

Paralela a esta situación, a muchos kilómetros de Montería, en Cerromatoso, Amaury García Burgos había objetado unos pagos que se venían haciendo a una empresa de seguridad que prestaba sus servicios a Cerromatoso y sus alrededores.

Esta empresa, según García Burgos, no cumplía con todas las normas para desempeñar el trabajo. Según fuentes que rogaron mantenerlas en reserva, el contrato con esta empresa era por más de 500 millones de pesos.

Para nadie era un secreto la zozobra con la que vivían las personas que moraban, para 1993, en la región de Puerto Libertador y Montelíbano. Esa era una zona aún azotada con rigor por la guerrilla de las FARC y la disidencia del EPL. Algunos finqueros, ante el abandono del Estado y de la fuerza pública para que los defendiera, decidieron conformar grupos de personas armadas. Era lo que comúnmente se denominaba, “paramilitares”.

También era conocido que allí empezaron a operar, mucho tiempo después, las llamadas Cooperativas de Vigilancia, conocidas con el temible nombre de CONVIVIR, legalizadas por el Gobierno.

“Era habitual ver que una empresa de seguridad podría ser o terminar siendo un problema. De pronto era ésta la situación que más preocupaba a García Burgos”, recuerda con nerviosismo un viejo amigo del ex congresista.

La Fiscalía trató de encontrar ese hilo conductor que conectaba el asesinato de García Burgos o con los licores y o con las regalías pero, abruptamente, abandonó la búsqueda.

Todo lo investigado con respecto a los movimientos de los sicarios indicó que estos tenían la certeza de que su víctima cruzaría por Planeta Rica. Luego, la llamada que dio el ‘soplo’ de que el ex congresista había salido de Cerromatoso ¿se hizo desde Montelíbano? o ¿desde la misma mina? ¿O la llamada vino por radio teléfono desde el abonado identificado con el código 1095, que corresponde a la finca Santa Fe, localizada en el corregimiento de Varsovia, en jurisdicción del municipio de Tolú Viejo, Sucre, y de propiedad de Javier Piedrahíta Cardona? ¿De dónde se hizo?

Este personaje –Piedrahíta Cardona– llegó hace muchos años a Córdoba. Era oriundo de Campamento, Antioquia, iletrado, lo cual nunca fue obstáculo para ser un ventajoso comerciante. Los que lo conocían aseguraban que era una “fiera para las cuentas”; muchos lo llamaban cariñosamente ‘el rey del cemento’. Llegó a ser el propietario de muchas de las mejores tierras en el San Jorge, Buenavista, Planeta Rica y el Bajo Sinú, en Córdoba. Un reconocido comandante de las Autodefensas lo recuerda como la persona que le vendió a Henry Loaiza, más conocido como ‘El Alacrán’, una finca en el municipio de Buenavista, Córdoba. Por eso, hoy se entienden los muchos allanamientos del Bloque de Búsqueda en esta zona del país, cuando la persecución a los miembros del Cartel de Cali y del Norte del Valle.

Los nexos de Piedrahíta Cardona con el narcotráfico estaban siendo investigados por la justicia colombiana. Pero en diciembre de 1999 fue ‘robado’ de una clínica de Barranquilla, luego de haber sido trasladado, desde prisión hasta el centro médico, por quebrantos de salud.

La Fiscalía quiso establecer también sus conexiones con Cerromatoso, pero la Policía Judicial de Montería, encargada de hacer la investigación, contestó que no podían ir a la mina “para establecer el parentesco de Francisco Javier Piedrahita Cardona con Cerromatoso por no tener medios”.

La finca Santa Fe, propiedad de Piedrahíta y desde donde se hizo la llamada el 4 de marzo de 1993, fue allanada el 28 de abril de 1993 por miembros del CTI. Allí se pudo establecer que Gladys del Socorro Espinal Campiña trabajaba de doméstica en esa propiedad. Ella reconoció que fue la que hizo la llamada ese día para saludar a su amiga Esperanza Herrera, la mamá de Yazmín.

La Fiscalía ordenó un nuevo allanamiento a la mencionada propiedad pero fue imposible realizarlo porque, según un informe de inteligencia de la policía, fechado el 23 de diciembre de 1995, “no se puede acceder a la finca de Francisco Javier Piedrahíta por ser una zona de alta peligrosidad ya que allí operan las FARC y el ELN”.

Así como se trataba de establecer la relación de Piedrahíta Cardona con Cerromatoso, también la Fiscalía buscaba el hilo conductor de varios ciudadanos y comerciantes de Montelíbano y Caucasia con la mina. Los investigadores querían comprobar, además, si tenía alguna conexión con el caso, una empresa de seguridad contratada por Cerro-matoso, y que, según testigos, fue duramente criticada por García Burgos.

Por tal razón llamaron a declarar a Bernardo Arias Botero, jefe de compras e importaciones de Cerromatoso; a Cristóbal Mejía Toro, suegro de Bernardo y propietario de varias haciendas en el San Jorge; a sus hijos, Juan Carlos Gustavo Mejía Uribe y Fabio Mejía Uribe; este último tiene, en compañía de su cuñado, Luis Alberto Piedrahíta, un almacén veterinario llamado El Rodeo en Caucasia y con una sucursal en Montelíbano. Cabe destacar que los hijos de Mejía Toro son propietarios y administradores de vastas extensiones de tierras en esta región, zona, que como se precisó en otros apartes era aún azotada por la extorsión, el boleteo y el secuestro por parte de la guerrilla.

La Fiscalía indagó por todos los movimientos de dinero, entre el primero y el seis de marzo de 1993, en las cuentas bancarias de algunas de estas personas, transacciones que ellos justificaron con la venta de varias cabezas de ganado.

El coronel (r) José Olmedo Armero Torres había llegado a la región hacía unos dos años como comandante del Ba¬tallón Nariño; luego se retiró del Ejército y asumió el cargo de Jefe de Seguridad de Cerromatoso, su leal amistad con todas las personas antes mencionadas era de público conocimiento en todo el San Jorge.

Casual o coincidencialmente todas las personas antes mencionadas dejaron entrever en sus declaraciones que el doctor Amaury García había sido asesinado por problemas con el narcotráfico.

***

Para aquella época –1993– el país libraba la más encarnizada batalla contra el temible jefe del narcotráfico, Pablo Emilio Escobar Gaviria. El terror que embargaba a los colombianos era enorme, muchas personas se abstuvieron de reclamar sus derechos a todas aquellas que tuvieran algo que ver con narcotráfico.

Por eso muchas muertes fueron endosadas a la guerra de las drogas y, otras, centenares más, a Pablo Escobar. Parecía que todo aquel que no quería pagar una deuda o que deseaba deshacerse de un enemigo, y hasta de un amigo, se amparaba en el manto de la guerra contra el narcotráfico para pescar en ese río de sangre e impunidad.

Tal vez por eso es fácil de entender la intención de todas las personas que llamaron a declarar de Montelíbano, Caucasia y tres más de Cerromatoso, quienes insistieron en sus exposiciones que la muerte del ex ministro se debía a problemas de narcotráfico, ya que era un reconocido lavador de dólares y que tenía en una sus fincas una pista.

Así lo interpretaron los fiscales cuando en uno de sus escritos afirmaron: “la Fiscalía descarta que haya sido por vínculos con el narcotráfico o lío de mujeres como sutilmente quieren hacerlo aparecer algunos de los declarantes, que no es del caso traer a colación”.

Si bien para muchos miembros de la sociedad monteriana la sucesión de los bienes de García Burgos dejó anonadados a algunos por la gran extensión de propiedades rurales y por ser uno de los principales criadores de ganado de doble propósito (carne y leche), nadie sospecha, siquiera, que sean producto del narcotráfico.

Amaury García Burgos debía conocer los laberintos de la política y también tuvo que aprender –igual que todos los políticos– cómo se hacen los “amarres” en el Congreso para mantener su movimiento y su cuota burocrática. Pero nadie hasta la fecha ha esgrimido una prueba contundente e inequívoca que contradiga su presumible recta conducta.

Destellos finales

Como se creía inicialmente ‘Pichirilo’, tampoco arribó a Planeta Rica procedente desde Medellín el 27 de febrero del 93. Llegó el martes 23, pero su arribo inicial fue a Montelíbano. El propietario de la droguería ’24 Horas’, Jorge Arango Trujillo, recuerda que como a las 8 de la noche de ese martes llegó a su negocio un joven acompañado de otro morenito y de dos mujeres. El mayor se identificó como Gonzalo Zapata, pero el dependiente lo conocía como Hernán Gómez, ya que había trabajado con él, para 1984, en Planeta Rica como chofer de un carro público.

‘Pichirilo’, que estaba un poco entonado de tragos, le dijo que era “paramilitar y que trabajaba para un mafioso de Medellín”. También le informó del motivo de su llegada a Córdoba: “Venía a acabar con un cabeza político (sic) y que le daban 15 millones”.

Al rato le pidió a Arango Trujillo que le consiguiera un hospedaje y este lo llevó a las Residencias San Luis. Antes de apearse del automóvil vio cómo ‘Pichirilo’ ‘encaletaba’ las balas de su arma en el hueco del pito del carro. Al día siguiente, Arango los volvió a ver desayunando en el Restaurante La Fuente, frente al parque principal de Montelíbano, que está a 22 kilómetros de la mina.

***

“Lo cierto es que, a diferencia de lo que muchas personas creen, aquí hay que admitir que se presentaron demasiadas casualidades y coincidencias mortales. Parece ser que las personas implicadas en la licitación de los licores eran, a la vez, muy allegadas a las que se iban ver afectadas por una posible investigación con respecto a la empresa de vigilancia”, afirmó un investigador judicial que pidió mantener en reserva su nombre.

No se conoce un acta de la Junta de Cerromatoso en donde García Burgos haya sentado sus reparos con referencia a la mencionada empresa de vigilancia, pero ello no es óbice para que hubiese hecho algunas indagaciones y reparos, conceptúa una fuente cercana a la mina.

La Fiscalía Regional de Medellín, como consta en el oficio No. 973, de septiembre 23 de 1993 ofició a la Contraloría y a la Procuraduría a “una revisión completa de los manejos contables de Cerromatoso y de las regalías, y en cada municipio favorecido con las mismas”. En el expediente nunca aparecieron los resultados de dicha “revisión”.

Entonces, ¿Cuáles regalías mataron a García Burgos? ¿Las que llegan a la CVS y los municipios beneficiados o las que se usaron, presumiblemente, según las fuentes, para cancelar al grupo de vigilancia que prestaba la seguridad externa?

Aunque Cerromatoso envió una vehemente carta al diario El Tiempo para rechazar de manera categórica una posible vinculación de su compañía con el hecho, no se puede negar que las hipótesis que manejaron algunos investigadores, familiares y amigos en el sentido de que a Amaury García Burgos lo pudieron matar las regalías, los licores o los supuestos reparos que le hizo a un contrato de vigilancia sean válidas y no tengan asidero; menos se podrían considerar como descabelladas, así arrojen más interro¬gantes que respuestas.

***

El 24 de mayo de 1996 el Tribunal Regional falló y condenó a Wilmore Garcés Arroyave, a 50 años de cárcel por homicidio múltiple y porte ilegal de armas; a Yazmín Agudelo Herrera, a 40 años por coautoría. José Luis Santiago Moreno, o Juan Carlos Ledesma Santander, (la justicia no ha podido establecer cuál es el verdadero nombre de ‘Conejo’) fue también condenado a 50 años de prisión.

Todos los condenados apelaron el fallo. El 19 de febrero de 1997 el Tribunal Nacional revocó la pena de Yazmín y no la condenó como coautora, sino como cómplice, lo que le dio una pena de 25 años. Además, confirmó la sentencia en todos los demás apartes contra los otros dos responsables.

El último fallo que se conoce sobre esta sentencia lo dio la Corte Suprema de Justicia por intermedio del magistrado ponente, Jorge Aníbal Gómez Gallego, el 3 de agosto de 1999, por medio del cual declaró desiertos los recursos extraordinarios interpuestos contra la sentencia del Tribunal Nacional. Este fallo de la Corte no admite recurso alguno.

Pero los autores intelectuales siguen libres, porque la justicia colombiana así lo decidió y la familia también. Fueron muchas las amenazas telefónicas y las visitas personales que hicieron los verdaderos autores del crimen a la familia García Burgos para que dejara a la justicia mantenerse liderando el área por la cual más se le conoce en Colombia: La Impunidad.

Pero no se pueden pasar por alto las palabras que escribió en su sentencia el Fiscal Delegado ante el Tribunal Nacional: “Una de las tácticas básicas del terrorismo que ha conmovido al país, consiste precisamente en golpear duramente a personas destacadas e insospechables sin expresar públicamente el motivo para ello, sin reivindicar la acción y dejando correr toda suerte rumores y de con¬sejas que de por sí son parte también de la estrategia  desmoralizadora; pues pretende hacer surgir en los asociados la sospecha contra la propia víctima en la búsqueda de los motivos que hayan tenido sus asesinos. Así se logra que la comunidad sospeche hasta de sus más destacados dirigentes”.

shares